Me siento muy orgulloso de haber amado profundamente a Robert de Niro. Lo vi por primera vez, como el joven Vito Corleone, en El Padrino. En 1974, fecha de estreno de El Padrino II, yo no había nacido, pero en 1987 mi papá me llevó a un autocine a ver un reestreno de esa belleza. Desde entonces lo he seguido. Gracias a una columna de El Colombiano, del sacerdote Luis Alberto Álvarez, uno de los mejores críticos que ha tenido este país, supe de la odisea que constituyó para él interpretar a Jake La Motta, el boxeador que es el protagonista de Toro Salvaje. Se preparó durante seis meses con un entrenador de boxeadores profesionales y llegó a estar entre los diez mejores pesos Walter del mundo. Luego se fue al sur de Italia y se atiborró de pastas. Engordó veinte kilos en seis semanas. Así vemos la transformación real de un campeón en decadencia. Hoy en día usarían IA o látex, De Niro se sumergió en el personaje y se convirtió en él. Así aprendió siciliano antiguo para ser un Corleone, o a tocar el saxofón en New York New York.
De Niro fue quien salvó de los demonios a Scorsese. Ambos hicieron una de las colaboraciones director-actor más gloriosas que recordemos. Desde Malas Calles en 1971 están juntos. Casino, Taxi Driver, El irlandés, Buenos Muchachos, Los asesinos de la media luna, todas obras maestras indiscutidas. Además, cuando ha querido, De Niro se relaja y se convierte en un gran comediante. Desde Analizame hasta Los Fuckers, nadie puede ser tan serio y a la vez tan gracioso.
Bueno, a este hombre le debe dar mucha indignación la tibieza del Nuevo Hollywood. Con muy pocas excepciones, entre los que se cuenta Mark Ruffalo, ninguna estrella se atreve a decir nada sobre la barbarie que está desatando Trump. De Niro, a sus 84 años, ha tomado las banderas de los demócratas de verdad – no los del partido- y advierten sobre los peligros que corren las libertades en Estados Unidos. Trump es una aberración, una monstruosidad, alguien que, según él, no corresponde a los valores de los Estados Unidos. Yo creo lo contrario, Trump es Estados Unidos, no se puede eludir la responsabilidad, ellos lo eligieron para expulsar y perseguir latinoamericanos, para negar el calentamiento global, para invadir países y declarar guerras.
El movimiento No Kings se extiende por todo Estados Unidos. Después del estancamiento que viven las tropas gringas en Irán, son cada vez más los jóvenes norteamericanos que caen en ese país y esto despierta indignación. A De Niro se le acaban las palabras y, al borde del llanto, por la rabia que le da, no le da miedo decir que detesta a Trump. Ahí está, encarnando lo que alguna vez fue lo que llamaron el Nuevo Hollywood, un movimiento cultural que, en los setenta, se opuso a Nixon, al Vietnam. Hoy los actores son silenciosos, no tienen ningún tipo de opinión, como Leonardo di Caprio, o son directamente estúpidos como Timothee Chalamet. Ninguno tiene la altura moral de nuestro Toro Salvaje.



