¿Quién iba a pensar que Bad Bunny se convertiría en el principal opositor de Donald Trump?

En enero de 2025 no solo se posesionó Donald Trump. Bad Bunny lanzó Debí Tirar Más Fotos. Y ese gesto, aparentemente musical, fue también político. Un punto de quiebre en su carrera, en la música latina y en el clima cultural de Estados Unidos.

Desde el video de Nueva Yol, donde irrumpe un fragmento de un discurso de Trump brutalmente ofensivo contra los migrantes, hasta su canción-himno Lo que le pasó a Hawaii, Benito dejó claro que no estaba dispuesto a jugar a la neutralidad. Ya no era solo el rey global del perreo: era un artista en resistencia.

Un año después, su lugar quedó sellado con el Grammy al Mejor Álbum de 2025, el reconocimiento más alto de la industria musical. En vez de un discurso cómodo, agradecido y digerible, el boricua habló sin papel, con los dientes apretados y el corazón en la garganta. Dijo “ICE out”, señalando directamente a la policía de inmigración y aduanas, convertida hoy en una maquinaria de persecución que recuerda los peores fantasmas del siglo XX.

Durante 2025, las acciones represivas de esta agencia dejaron decenas de muertos y cientos de miles de personas deportadas. En la comunidad latina, el miedo volvió a instalarse en lo cotidiano: salir a la calle, tomar un bus, existir con un cuerpo marcado por el color de la piel. El riesgo de ser detenido y expulsado, incluso con papeles en regla, se volvió real.

La sencillez del discurso de Bad Bunny fue el punto más alto de una noche donde otros artistas, como Billie Eilish, también dejaron claro su rechazo al fascismo trumpista. Benito fue directo, casi quebrado por la emoción:

“No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. También somos americanos”.

Lady Gaga, una de las artistas que perdió frente a él, lo resumió sin rodeos: Bad Bunny no es solo un gran músico, es un líder.

La confrontación con Trump venía gestándose desde antes. Desde que el reguetonero lanzó una gira por Estados Unidos con un mensaje explícito de respeto a los migrantes y de afirmación soberana de Puerto Rico. La gota final fue su elección como artista del show de medio tiempo del próximo Super Bowl. Ahí, al presidente se le salió el niño malcriado que lo habita:

“Estoy en contra de ellos. Es una elección terrible. Todo lo que hace es sembrar odio”.
Trump anunció que no asistiría al evento deportivo más importante del país.

El 2 de febrero, el presidente volvió a reaccionar. No solo contra el discurso de Bad Bunny, sino también contra las bromas del anfitrión de la noche, Trevor Noah, quien se permitió incluso mencionar la “isla de Epstein”. Trump calificó a los Grammy como “lo peor” y amenazó con tomar medidas.

Benito le prendió fuego a la casa del presidente anaranjado. Y de paso dejó al descubierto algo más grave: las grietas cada vez más profundas de la libertad de expresión bajo su mandato.

¿Quién iba a pensar que un reguetonero terminaría siendo su opositor más contundente?

 

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Catalina Valencia

Coordinadora de la Línea de Interculturalidad