Las masacres de las trochas, una barbarie sin control

Por: Hugo Eduardo Ramírez Arcos. Semillero de Migraciones y Fronteras.Universidad del Rosario. Especial para Pares.

Foto principal: Diario La Opinión.


“Qué tal papi lo que le pasó a los muñequitos esos por estar tirándoselas de vivos y tal, por estar cobrando cincuenta mil pesos por las trochas para pasar la gente y ya les habían advertido que no siguieran con esa mamaguevada, y mire los agarraron y mire lo que les pasó. Por ganarse cincuenta mil pesos por persona que estaban pasando por las trochas. Échemele bolas papi, ¿si pilla? Esto va en serio papi por que ya militarizaron esa mierda y mire lo que pasó a esos muñecos por no hacer caso”.

Ocurrió este fin de semana y así quedó registrada en material audiovisual el testimonio de la última masacre de las trochas en la frontera colombo-venezolana. Es común que el hospital Erasmo Meoz de Cúcuta reciba casi a diario muertos no identificados, con señales de tortura y violencia extrema, provenientes de las trochas


La situación se ha vuelto tan recurrente que incluso el diario regional –La Opinión, ya tiene una sección dedicada a Muertos en trochas. Otros cadáveres no corren con la misma ‘suerte’ y en medio de la ruptura de relaciones entre los países se descomponen en las zonas más borrosas de la frontera o pasan a ser parte de las estadísticas del gobierno venezolano.


Las trochas entre Colombia y Venezuela no nacen con las crisis fronteriza ni desaparecieron en los periodos de mayor integración. Estos corredores humanos hacen parte del paisaje fronterizo en el que miles de familias ganan su sustento en medio de las reglas y condiciones que les imponen los grupos armados, quienes a la manera de Estados paralelos fungen control sobre estos espacios, administran los flujos, controlan el paso de productos e incluso “tributan” sobre los transeúntes con una precisión y control cotidiano que cualquier gobierno envidiaría.


Nota: Por contener imágenes de extremada crueldad, Pares se abstiene de publicar el material audiovisual que se presenta narrado en este reportaje.


Ser ‘trochero’


Hace solo un par de meses en un lavadero de ropa ‘Carolina’ hablaba del orgullo de ser trochera. Su novio, sus hermanos y su papá lo son. Su abuelo sacó adelante a la familia cruzando todo tipo de mercancías de un lado al otro, incluso tenia su propio paso, en ese tiempo cuando era posible, sin pedirle permisos a “esa gente”.


Mientras lavaba una camisa percudida hablaba de la obediencia, de las “patas duras”, del aguante como unas de las características más valoradas del oficio. Para ella la llegada de los venezolanos, o más bien el paso de ser clientes a competencia después del 2015 hizo todo más complejo.


No sólo aumentó la oferta, sino a su vez, frente a mayores flujos e intereses legales e ilegales las normas de la trocha se volvieron más difusas e incluso contradictorias. Para hacerse una idea de las dimensiones, las cifras oficiales registran por las vías formales un promedio de 40 mil a 50 mil movimientos pendulares diarios en este paso fronterizo, sin documentar esas movilidades humanas que escapan por completo a la mirada del Estado.


Contraria a la idea general de que hoy todos los productos salen de Colombia hacia Venezuela, en la mayoría de sus viajes “Carolina” trae botellas de ron desde Venezuela que luego son reenvasadas y vendidas en las discotecas de Cúcuta.

Intervención humanitaria en la Parada. Foto: Cortesía Fundación Horizontes de Juventud.

Desde el 24 de marzo la frontera entre Colombia y Venezuela en el sector de La Parada en el municipio de Villa del Rosario permanece militarizada en función del cierre decretado como medida sanitaria frente al Covid-19. En pleno cierre, los condominios residenciales de “Los Mangos” y “Santa María”, entre muchos otros vecinos de la zona, denunciaron en varias ocasiones por las redes sociales la actividad de las trochas (que se pueden ver desde las ventanas de sus casas) así como intentos de algunos migrantes por entrar en sus conjuntos residenciales.


El miedo a la enfermedad se sumaba al miedo que les despiertan los migrantes, y entre los habitantes de Villa del Rosario se aplauden las medidas represivas frente a los migrantes y las potenciales (e imaginarias) amenazas que representan. Ver a los “carrucheros” fuera de su lugar original al lado del puente, caminando de un lado al otro en medio de una búsqueda desesperada de clientes, generaba indignación entre quienes estaban acostumbrados a los demarcados límites que en apariencia todos respetaban.


La situación en La Parada no es nada fácil. Miles de personas no sólo se encuentran en un limbo territorial, sino que a su vez no tienen ninguna forma de generar un ingreso, aumentando cada día más su desespero. Este domingo 29 de marzo, en coordinación con el Ejército y la Gobernación de Norte de Santander, el Grupo Interagencial sobre Flujos Migratorios Mixtos (GIFMM) envió algunas ayudas humanitarias para calmar el hambre entre las familias que piden ayuda desesperadas.

El terror como forma de orden


Solo los más osados se arriesgan en este contexto, pero frente al cierre del comercio y otros oficios, el miedo al hambre termina por ganar. La frontera está militarizada y los grupos al margen de la ley dan la orden de que todo permanezca quieto para evitar la intervención de las autoridades sobre sus rutas estratégicas.


Si bien está funcionando un corredor humanitario para lograr la movilidad de embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas, lo cierto es que el cierre y sus efectos era algo que nadie esperaba. Sumado a los flujos transfronterizos habituales, cientos de migrantes que regresaban a su país como podían, llegaban a la frontera y desesperados por continuar su camino recurren a los “trocheros” como única forma de paso en medio de este cierre.


Las represalias frente a quienes no cumplen las normas decretadas por quienes controlan las trochas son ampliamente conocidas. No sólo circulan en las historias que se cuentan entre los “trocheros”, reforzadas por pedazos de cuerpos humanos y cadáveres que anuncian las consecuencias de quienes violen estas normas. “Carolina” cuenta como prefiere pasar siempre de día, por que en sus últimos cruces en la noche encontró a un vecino suyo con la cabeza destruida por una piedra, días después dos compañeras suyas fueron violadas. Por años de conflicto el terror ha sido el principal recurso estratégico de los actores armados en ese sector.


Pocos de estos muertos llegan a los registros de las autoridades y menos a los grandes medios de comunicación, lo que hace aún mucho más difícil corroborar las historias de los trabajadores de la trocha. En medio de la crisis del Covid-19, Blu Radio reportó este 29 de marzo la aparición de “10 cadáveres con signos de tortura”.


Según la Policía Metropolitana de Cúcuta, estos cadáveres son fruto de la disputa territorial entre el ELN y los Rastrojos. Organizaciones como Fundaredes (con base en audios y videos que están circulando) corroboraron esta hipótesis.

Migrantes de la Parada. Trocheros y carrucheros principales oficios de supervivencia. Fotografía: Cortesía de Fundación Horizontes de Juventud.

Testimonios macabros