PETER ALBEIRO Y EL VERBO DESTRIPAR

Es difícil comprender por qué alguien, incluso teniendo el nivel de cultura que ha de tener el humorista Peter Albeiro, pueda ser capaz de escribir en su cuenta de X esta frase violenta: “¿Y qué tiene de malo destripar a la izquierda y que no existan más?”. Lo cierto es que cuando alguien se expresa oralmente bajo un estado emocional alterado, puede decir lo que no pretendía, o decirlo con exagerada ofensa.

Por ejemplo, cuando se está bajo los efectos de la llamada “ira e intenso dolor” -que siempre se manifiesta repentina e irracionalmente- alguien benévolo podría proferir palabras maldicientes. Y eso se entiende y hasta se perdona. No obstante, cuando alguien se expresa de manera escrita, la situación es distinta; porque trasladar lo que se piensa a un papel o a una pantalla implica un proceso mental donde es imposible hacer a un lado la capacidad de razonar, y al actuar ya no se procede de manera repentina ni irracional, sino deliberadamente.

Aun tratándose de una lista de mercado, al escribir se piensa cada palabra. Antes de compartir un mensaje, quien lo ha escrito al menos lo ha leído dos veces. Este proceso, al no ser posible realizarlo “repentinamente” y con “grave alteración emocional”, carece del efecto psíquico de “la ira y el intenso dolor”; y de constituir una conducta antijurídica -como lo es amenazar de muerte a millones de ciudadanos por pensar diferente- quedaría por fuera de la reducción de la pena que otorga el código penal colombiano, e indefectiblemente se consideraría como un acto premeditado; es decir, condenable sin atenuaciones.

Por ello no es comprensible que el autor de un escrito asegure que su texto no dice lo que sus lectores entienden al leerlo. Si el idioma no alcanzara para expresarnos sin enredos ni equívocos comunicativos, no existiría en el Derecho el método de interpretación gramatical. De pedirle a diez o más letrados que traduzcan en su esencia la mentada frase del humorista, con seguridad todos coincidirían en una sola interpretación. No por otra cosa, en toda ley escrita es discernible lo que quiso decir el legislador. Vale recordar que el llamado “espíritu de las leyes”, advertido por Cicerón, está fundado en el significado inequívoco de las palabras.

En la desafortunada frase del humorista Peter Albeiro, salta a la vista como núcleo verbal la palabra “destripar”, cuya primera acepción, según la Rae, precisa que es “quitar, sacar o desgarrar las tripas”. Y es un sobreentendido que se trata de las tripas de un ser vivo, pues su proveniencia histórica es la caza mayor y la caza menor. De tal suerte, la palabra destripar, sin lugar a inexactitudes, significa “matar”, que en nuestro derecho penal es el verbo rector en el delito de homicidio.

Y si el autor de la frase en cuestión, quisiera escudarse argumentando que hizo uso de la segunda acepción de la palabra destripar; es decir, “sacar lo interior de algo”, entonces tampoco podría excusársele; porque, si bien la primera acepción es inequívoca por sí sola, la segunda es ambigua y sólo es posible precisarla en un contexto predefinido. En el mensaje del señor nombrado, no hay contexto explicativo, y por ello el lector interpreta lo que las palabras indican en su primera acepción.

En su defensa ha dicho Peter Albeiro que lo interpretado de la frase no es su pensamiento, pues la frase está en forma de pregunta (¿Y qué tiene de malo destripar a la izquierda y que no existan más?). Le explico: no hay que ser escritor ni abogado para saber que cuando alguien hace una pregunta descontando una valoración moral entre el bien y el mal y además en defensa de una postura ideológica, es quien interroga el responsable de esta misma. En mi calidad de abogado y de escritor, interpreto que al autor de la frase le parece bueno destripar a la izquierda y, a todas luces, es obvio que la frase complementaria -“… y que no existan más”- tiene un mensaje inequívoco: quitarles la vida a los izquierdistas.

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Guillermo Linero Montes