Pasos para la paz: danza y cultura como refugio en Tibú 

En medio de las montañas del Catatumbo, donde por décadas resuena el eco de la guerra y la ausencia del Estado… un grupo de jóvenes decidió cambiar el compás. En lugar de huir o callar, eligieron moverse. Bailar. Crear. Transformar.  

Así nació “Pasos para la paz y la convivencia”, una iniciativa que convierte la danza en un acto de resistencia y en un refugio frente al reclutamiento forzado que aún amenaza a niños, niñas y adolescentes en el municipio de Tibú y su corregimiento Campo Dos. 

El proyecto, liderado por la Corporación Pride Catatumbo Diverso, se gestó como una respuesta urgente y creativa frente a una de las problemáticas más crudas que enfrenta el Catatumbo: la instrumentalización de la juventud por parte de actores armados. A través de la danza y otras expresiones artísticas, esta propuesta busca construir espacios seguros donde los jóvenes puedan desarrollarse, fortalecer su identidad y construir alternativas de vida alejadas de la violencia. 

En una región donde el conflicto armado no es pasado sino presente, los escenarios culturales suelen ser escasos y precarios. Sin embargo, para 36 jóvenes –20 de ellos en Campo Dos y 16 en Tibú–, el arte del baile se ha convertido en una vía concreta para la protección, el arraigo y la transformación social. 

El proyecto organizó talleres de formación artística, sesiones de baile y encuentros culturales comunitarios, donde los jóvenes no solo aprenden técnicas de danza folclórica y moderna, sino que también dialogan sobre su identidad, sus sueños y sus derechos. Estos espacios son liderados por jóvenes formadores, fortalecidos en valores como la convivencia, el respeto por la diferencia y la cultura de paz. 

“La danza nos ha salvado. Aquí encontramos un lugar donde no tenemos que tener miedo, donde podemos ser nosotros mismos, donde se sueña en vez de sobrevivir”, dice uno Jennifer Rosales, una de los participantes, una adolescente del Catatumbo que antes había considerado abandonar la escuela para trabajar en el campo. 

Uno de los logros más visibles de la iniciativa han sido los dos grandes encuentros culturales realizados en Tibú y Campo Dos. Allí, los y las jóvenes presentaron coreografías, narrativas escénicas y vestuarios tradicionales, en presencia de familiares y líderes sociales. Estos eventos no solo visibilizaron el talento juvenil, sino que también reclamaron el espacio público como territorio para la vida y no para la guerra. 

Cada presentación artística fue también un mensaje claro: los jóvenes del Catatumbo no quieren armas ni silencios impuestos; quieren escenarios, música, libertad y comunidad. 

Gracias al apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y a alianzas estratégicas con la Casa de la Cultura de Tibú, la Alcaldía Municipal y organizaciones como la Fundación Diaconpaz. 

Esta infraestructura cultural es clave para la sostenibilidad del proceso, que ya proyecta nuevas cohortes, giras culturales, campañas digitales y acciones comunitarias en otros corregimientos del Catatumbo. 

Los efectos de esta iniciativa van mucho más allá de la técnica dancística. “Pasos para la paz y la convivencia” está formando nuevos liderazgos juveniles que entienden la cultura no solo como expresión estética, sino como herramienta de incidencia, protección y empoderamiento. En contextos de riesgo extremo como el de Tibú, donde el reclutamiento forzado sigue siendo una amenaza real y sistemática, ofrecer opciones culturales significa salvar vidas, abrir horizontes y reescribir narrativas. 

“Nosotros no queremos que nos vean como víctimas eternas, sino como gestores de cambio. Desde la danza podemos contar nuestra historia sin miedo, con fuerza, con belleza”, expresa Gregorio Oliveros, un joven formador, orgulloso de ver cómo sus estudiantes hoy bailan con libertad lo que antes era solo silencio. 

En un territorio donde durante años se ha sembrado miedo, hoy se siembra esperanza en forma de pasos de baile. “Pasos para la paz y la convivencia” representa una nueva forma de construir paz territorial, liderada por quienes históricamente han sido marginados: los y las jóvenes del Catatumbo. A través de esta apuesta cultural, se fortalece el tejido social, se resignifican los espacios comunes y se reafirma una convicción profunda: que el arte, cuando nace desde el corazón del pueblo, puede ser más poderoso que cualquier fusil. 

El proyecto “Pasos para la paz y la convivencia” fue auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco de las Escuelas de Liderazgo Juvenil en Norte de Santander que adelantó la Línea de Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES). 

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Anderson Salinas