No hay tiempo para tibiezas

En otras ocasiones he insistido en el llamado urgente a la radicalización de las izquierdas ante el avance de las fuerzas reaccionarias, excluyentes y fascistas. Hoy, con las decisiones del Consejo Nacional Electoral, reafirmo el llamado, pues este hostigamiento institucional nos exige una respuesta política más decidida, organizada y consciente de lo que está en juego.

Con la revocatoria de listas del Pacto Histórico y la exclusión de la candidatura de Iván Cepeda de la consulta del Frente Amplio, quieren llevar a los sectores alternativos a un escenario de asfixia, fragmentación y desgaste de una fuerza que, con todas sus tensiones, logró romper la concentración histórica del poder en manos de unos pocos. Y quienes celebran estas medidas olvidan que la democracia no puede depender de interpretaciones jurídicas selectivas y regresivas. Eso es precisamente lo que hoy está en disputa.

Por esto, la respuesta no puede ser la resignación, por el contrario, es momento de redoblar esfuerzos, cerrar filas estratégicamente y radicalizar la apuesta democrática. Pero hay que tener cuidado, porque el llamado a radicalizar no es un llamado a la violencia, como quieren hacerlo ver desde la derecha mentirosa y manipuladora, este es un llamado a profundizar la democracia, fortalecer la organización popular y disputar cada narrativa que, sustentada en falsedades, hace ver a la izquierda como inviable.

El presidente Gustavo Petro ha señalado que estas decisiones constituyen un golpe a la democracia. Con esto, el punto de fondo es que aun cuando la izquierda gobierna, hay otro poder real que responde con bloqueos, tecnicismos y sabotajes. Así entonces, la radicalización democrática implica asumir que la campaña es desde la pedagogía política, en la calle, en los territorios y en la defensa incansable de los derechos. También implica dejar de actuar como si el poder fuera prestado por solo cuatro años pues no podemos olvidar que ya se logró el primer gobierno de izquierda en la historia del país y la necesidad de continuar con este proyecto político.

Si bien es claro que no se trata de negar los debates internos ni los errores propios de los sectores alternativos, radicalizar la apuesta de izquierdas exige elevar el nivel del debate. Como lo he señalado antes, no necesariamente el llamado es a unirnos, porque entiendo las diferencias que existen entre las diversas organizaciones de izquierdas. Sin embargo, el llamado sí es a que, desde cada uno de sus sectores y agendas, fortalezcamos los espacios de diálogo y acción colectiva, que en este momento requiere con urgencia a los movimientos sociales, feministas, juveniles y territoriales que han sido la base del cambio.

Apostar por las izquierdas, sigue siendo apostar por la vida y la dignidad. Somos los sectores progresistas y alternativos quienes tenemos la responsabilidad de resistir y no abandonar este proceso, reconociendo las fallas y corrigiendo lo que sea necesario.

Hoy, más que nunca, es tiempo de movilizar la digna rabia y recordar que, como dijo Petro “Nos protege la cadena de los afectos y la certeza del amor”

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Ghina Castrillón Torres