En estos días, Buenaventura ha sido noticia nacional porque llegó a uno de los puertos que operan en la ciudad la grúa pórtico más grande de Colombia. Con fotos rimbombantes y discursos sobre competitividad global se expone todo lo que es ajeno a la vida cotidiana de quienes habitamos Buenaventura, donde toca sobrevivir en la precariedad, pues el desarrollo que se sigue consolidando en la ciudad es para unos pocos.
Las nuevas grúas instaladas en Puerto Industrial Aguadulce, pueden operar con tecnología de punta pensada para el comercio global. Pero el problema es que mientras se celebra esta noticia, Buenaventura sigue hundida en problemas públicos básicos. En los barrios seguimos con horarios restringidos de agua, con las calles inundadas de basura, alcantarillas rebosadas tras cada lluvia, calles oscuras por la falta de iluminación pública y una alcaldía que no da la cara con explicaciones claras sobre cómo se van a resolver estas situaciones.
La alcaldesa, Ligia del Carmen Córdoba, asumió el cargo hace dos años y se la ha pasado culpando al gobierno nacional o diciendo que todos los males venían del gobierno local anterior, argumento que está agotado hace rato porque gobernar es gestionar, no insistir en excusas que naturalizan el deterioro como si no tuviera responsabilidad política. Impulsando una campaña cosmética como la llamada “Buenaventura Bonita” que con orgullo publican que embellecieron unas bancas en el centro de la ciudad. Y claro que es importante la belleza del espacio público, pero pintar es lo menos urgente en una ciudad que vive entre basuras y miedo.
Además, frente a la seguridad, las cifras oficiales reportan reducción en homicidios y extorsión, pero la realidad cuenta otra cosa. En 2025, la extorsión fue el principal detonante del cierre de negocios, pues según informó a medios el director del Comité Intergremial de Buenaventura “el 46% de los comerciantes que cancelaron su matrícula mercantil lo hicieron por robos, amenazas y presiones criminales”. Por otro lado, frente a la empleabilidad, el sociólogo y líder sindical Mario Castrillón resalta que “en la ciudad el desempleo triplica la media nacional y lo verdaderamente grave es que frente a este desastre social la Alcaldía no tiene una política de empleo clara”.
Los datos respaldan esto, pues según la última encuesta del Programa Buenaventura Cómo Vamos, el 62% de las personas encuestadas considera que, en el primer año de gestión de la alcaldía, las cosas en la ciudad van por mal camino y el 40% manifestó estar insatisfecho con la forma en que la alcaldía invierte los recursos públicos. Y si revisamos para el mismo año el Índice de Desempeño Institucional de Buenaventura (45) es muy inferior al del promedio nacional (59). Sin embargo, si existiera un índice de alcaldías que más se encomiendan a Dios para que las cosas mejoren solas, probablemente estaríamos en los primeros lugares. Porque en eventos públicos, rezan más de lo que trabajan.
La grúa pórtico más grande de Colombia va a operar en una ciudad abandonada, sucia y agotada. Cansada de que todo el desarrollo sea para los privados y nada se traduzca en bienestar colectivo. Cansada de que la alcaldía haga más sesiones de fotos en eventos protocolarios que planes de gestión visibles. Alegrarse por una grúa que beneficia a pocos, mientras estamos ahogados en problemas básicos, es risible, pues la grúa termina siendo el símbolo que demuestra que en nuestra ciudad el desarrollo pasa de largo.
En Buenaventura necesitamos seriedad en la gestión pública local, prioridades claras y una alcaldesa que gobierne bien.



