Ya sabíamos que, si Abelardo llegaba al poder, se venía una ofensiva contra los derechos que las mujeres hemos conquistado y una disputa abierta por imponer nuevamente visiones profundamente conservadoras y retardatarias sobre nuestras vidas, nuestras libertades y especialmente nuestros cuerpos. Por eso, tenemos que hacerle frente y este momento nos tiene que encontrar preparadas para organizarnos todavía más y fortalecer lo que las mujeres y los movimientos feministas hemos venido defendiendo durante décadas.
Bien lo decía bell hooks en el libro El feminismo es para todo el mundo, con su llamado a readaptar las formas en los mensajes feministas insistiendo en que “Volvamos a empezar. Hagamos camisetas y pegatinas, postales y música hip-hop, anuncios para la televisión y la radio, carteles y publicidad en todas partes, y cualquier tipo de material impreso que hable al mundo sobre feminismo”. Literalmente, prediquemos como lo hacen las gentes religiosas, pero hagámoslo sobre nuestros derechos, conquistas y los riesgos que enfrentamos con los avances de estos discursos ultraconservadores.
Pues, continuando con hooks, “las feministas no nacen, se hacen. Una no se vuelve una defensora de la política feminista simplemente por tener el privilegio de haber nacido mujer. Como en todos los posicionamientos políticos, una se vuelve partidaria de la política feminista por elección y por acción”. Mujeres, si nos organizamos, aún más, podemos resistir a esa idea de la batalla cultural de la derecha reaccionaria y fascista y a no dejar pasar el proyecto educativo que pretende imponer este Gobierno. Mas aun cuando el perfil de la nueva ministra de Educación es igual o peor que la anterior, en veinte días pasamos de una ministra retrógrada cristiana a una retrógrada católica.
Reconozco que es demasiado agotador sentir que, justo cuando creíamos que algunos derechos estaban conquistados y que podíamos concentrar fuerzas en avanzar hacia nuevas libertades, nos toca volver para defender lo que ya habíamos ganado. Agota y es frustrante tener que proteger cada conquista y seguir peleando por todo lo que todavía nos falta. Es injusto, pero precisamente por eso no podemos bajar la guardia: tenemos que seguir dándolo todo, por nosotras y por las niñas y diversidades sexuales que quieren borrar.
Que lo sepan también esos líderes e influencers que, ante cada hecho, preguntan con tono de burla que “dónde están las feministas”, convencidos de que nos van a ridiculizar, cuando los ridículos son ellos, porque las feministas siempre hemos estado. Hemos estado resistiendo desde cada uno de nuestros lugares, organizándonos, acompañando, denunciando y, sobre todo, cuidando y sosteniendo la vida.
Y como la ofensiva es cultural, nuestra respuesta también tiene que estar en las calles, en las universidades, en los barrios, en las redes sociales, en las familias y en cada conversación que podamos disputar. Que ninguna se quede pensando que esta pelea les corresponde a otras, pues necesitamos hablar, incomodar, enseñar, aprender, acompañarnos y movilizarnos. Que nos encuentren juntas, haciendo ruido y defendiendo lo nuestro; que tengan muy claro que, para cuestionar nuestros derechos, no contarán con la comodidad de nuestro silencio.



