Hace unos meses, el presidente Gustavo Petro habló de la posibilidad de democratizar la explotación de esmeralda. Minas como Coscuez, Muzo, Chivor o La Pita no solo han dejado millones de dólares para sus dueños, sino que dejaron también una estela de sangre y miedo. Las guerras verdes han sido poco documentadas por investigadores, debido a lo complejo que es este mundo. El presidente, en agosto de 2025, habló de abrir una mesa de diálogo con los mineros esmeralderos y recomendó: “Deben tener oportunidad sobre una riqueza que es de la Nación, no es de nadie más. Hay que lograr un pacto de tal manera que no sean los extranjeros los que se llevan las esmeraldas gratis, sino que sea de la colombianidad que habita allí en el occidente de Boyacá”.
En su libro, Las guerras esmeralderas en Colombia, el periodista Petrit Baquero deja claro que el caso de Gonzalo Rodríguez Gacha no es el único en donde un esmeraldero se transforma súbitamente en capo de la mafia. Esto es una constante. Feroces esmeralderos como Pedro Rincón se ganaron apodos tan raros como el de “Orejas” por su ferocidad. Rincón hacía collares de orejas con los enemigos que iba matando. En el libro se relata cómo, en medio de una plaza pública de un municipio de Boyacá, el esmeraldero decidió matar a una persona con su propia pistola sin importarle los testigos. Tenía tanta plata que le alcanzó para comprar a la jueza que lo condenó.
No era el único. Yesid Nieto también era un ostentoso y sanguinario esmeraldero y capo. Fue uno de los pocos que quiso ponerle una zancadilla a Víctor Carranza, el señor de los esmeralderos, alguien que vivió siempre en las sombras a pesar de su fortuna y quien intentó apaciguar los conatos de guerras entre sus socios, quienes siempre quisieron poner en disputa su poder y fortuna inconmensurables. Resistió tres atentados y la persecución judicial que le montó el Estado, debido a que todas las pruebas apuntaban a que financiaba grupos paramilitares. Fue tanto su poder que solo un cáncer lo pudo vencer. En el libro de Baquero se cuentan los problemas que tuvieron sus hijos -algunos de ellos nacieron con enfermedades congénitas- para poder mantener algo de la fortuna que les heredó.
Es un medio ríspido, difícil, casi oculto. Las esmeraldas de Muzo son únicas en el mundo. Cuando el pirata Francis Drake dio su vuelta al mundo, a finales del siglo XVI, le llevó de regalo a la reina Elizabeth un collar lleno de esmeraldas de Muzo. Solo hasta 1827, el recién creado Ministerio de Hacienda otorgó la explotación de las minas de Muzo al general José París y a los particulares Carlos Stuard y Mariano Rivera.
Las esmeraldas son un imán para aventureros y buscavidas. Y es inevitable que terminen, sofocados por la fiebre verde, armando ejércitos. Por eso se han identificado las siguientes guerras verdes, la primera fue entre 1965 y 1975. Allí ya aparecía el señor Víctor Carranza quien -según se cuenta en el libro referenciado- logró establecer muy buenas relaciones con el poder. Siendo un muchacho, llamó la atención del presidente conservador Mariano Ospina Pérez. En esa primera guerra aparece el bandolero Efraín González, quien intentó ejercer control de la mina de Muzo. Esa primera guerra verde dejó 1.200 muertos, repartidos en los municipios de Chiquinquirá, Coscuez, Muzo y Samondoco.
La segunda guerra verde fue entre 1975 y 1978, allí ya aparece Gonzalo Rodríguez Gacha, la tercera fue entre 1984 y 1990, se cerró con un acuerdo entre Carranza y Luis Murcia Chaparro, alias el Pequinés, y luego, tras la muerte de Carranza, en 2013, el vacío de poder desató una nueva guerra que duró hasta 2017. En esa guerra fue asesinado el temible Pedro Orejas.
En los últimos años, el interés del Clan del Golfo en controlar las esmeraldas y los asesinatos de los esmeralderos Pedro Pechuga y Hernando Sánchez a través de francotiradores, dejan claro que existe una nueva guerra. El presidente Petro se la ha jugado hablando de una Nueva Junta Directiva del Narcotráfico, en cabeza de otro viejo esmeraldero, Julio Lozano Pirateque, pero esto último no se ha podido comprobar. Lo único cierto es que, si existe un gremio donde es difícil meterse e indagar, es el esmeraldero.



