Los discursos de Iván Cepeda

Las presentaciones públicas realizadas hasta ahora por el candidato a la presidencia, Iván Cepeda, no dejan la menor duda acerca de su carisma entre las personas de todos los estratos sociales y de los distintos sectores económicos de la población colombiana; exceptuando, desde luego, a los gigantes económicos que por haber recibido especiales beneficios de los gobiernos anteriores al de Gustavo Petro, están comprometidos -política y financieramente- con la derecha y la extrema derecha.

Ese carisma de Iván Cepeda -único candidato del Pacto Histórico- les ha permitido a quienes asisten su campaña, hacer el montaje de sus actos presenciales, sin tanta exigencia logística como las requirieron cuando el presidente Gustavo Petro fue candidato-. De hecho, los ciudadanos y las ciudadanas, al enterarse de sus visitas de campaña, se acercan con espontaneidad manifiesta, para verlo y escucharles sus discursos, que por ser pre escritos me resultan muy singulares; de corriente los discursos leídos tienden a enfriar a sus receptores -aunque ello todavía no le haya pasado al candidato Cepeda-, mientras que los discursos orales, suelen subirles la temperatura.

En efecto, los discursos políticos orales, por ser inmediatos e intuitivos, contienen bastante retórica, lo que no ocurre de rigor en los discursos leídos, que son lógicos y razonadores. La retórica, querámoslo o no, en su acepción seria -es decir, sin charlatanerías- fluye sola y es un recurso en favor de la efectividad comunicativa. De ahí que los discursos políticos no sean para hablarle al oído a alguien en una estancia cerrada, sino para trasmitir con vehemencia y tono fuerte, una información esperada por numerosos interesados, reunidos en una plaza pública.

Empero, con el surgimiento de los micrófonos y los amplificadores, hace ya muchos años que los oradores no tienen por qué maltratarse la garganta, y ello tampoco implica -como suele ocurrir en los discursos leídos- opacidad de los énfasis expresivos, ni enfriamiento de la intencionalidad de sus discursos, ni la tendencia a ser recitados o leídos con uniforme tono lineal. Sin embargo, lo primero que debo subrayar en estas observaciones, es que los discursos de Iván Cepeda, hasta el día de hoy, son aceptados sin miramientos por sus seguidores; y no en vano el piso de sus propuestas es, en esencia, lo realizado y puesto en marcha por el presidente Petro, como lo espera y quiere la mayoría de sus potenciales electores.

No obstante, el programa de gobierno de Iván Cepeda, contiene sus propias ideas -pienso en su “revolución ética”- que, insalvablemente, por izquierdistas y por progresistas, hacen resonancia de la estructura programática del presidente Petro: apuntan a beneficiar a la gente más necesitada y apuntan también a la creación de mecanismos sanos para el desarrollo económico de nuestro país y de todos los sectores de la producción.

Tal fidelidad a los cambios impulsados por la izquierda progresista, y su promesa de continuarlos y potencializarlos, sin duda le ahorran a Iván Cepeda explicaciones didácticas acerca de sus propuestas; pues -al menos hasta el momento- la gente solo espera de él, verlo y escucharlo decir que dará continuación a lo ya comenzado por el presidente Petro.

En tal contexto, sus discursos leídos parecieran estar dándoles frutos; pero, insisto, tal vez después de las elecciones del 8 de marzo, cuando suba la temperatura, tendrá que cambiar la forma de realizarlos, y apostarle a los discursos espontáneos -propios de quienes dominan las coordenadas de sus mensajes- que, en el caso del candidato del Pacto Histórico, siempre son claros y coherentes.

Los discursos políticos, en tiempos de campaña exigen efervescencia emocional; por eso, tratar de leerlos resulta difícil hasta para un actor profesional. Con todo, es posible que la razón de leer sus discursos -habiendo demostrado en su trayectoria de político su capacidad para realizarlos oralmente- tal vez resida en el lógico temor de caer en imprecisiones, en afirmaciones y señalamientos a terceros opuestos y, en consecuencia, correr el riesgo de ser cuestionado y perseguido judicialmente.

De cualquier modo, antes de la primera vuelta, el ambiente subirá la temperatura y exigirá mucha adrenalina y pocas contenciones; en fin, en un contexto de efervescencias, el discurso oral le permitiría trasmitir emociones que vayan más allá de las palabras escritas, o mejor, que las refuercen con entonaciones, con gestos y con el lenguaje corporal. Pese a ello, debo decir que el camino que le conducirá al triunfo, Iván Cepeda hoy lo tiene expedito, y para no perder su norte, desde su sabiduría tendrá que decidir cómo realizar sus discursos y cómo ambientarlos en el contexto de una faena electoral.

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Guillermo Linero