No cesa la violencia, los actores criminales siguen cometiendo sus delitos, varios muleros han denunciado que los siguen extorsionando. Los muleros están llevando sus descargues a lugares seguros porque en Buenaventura nada, ni siquiera un cataclismo de estas dimensiones, hace que cese la guerra de más de cuarenta años que fragmenta sus calles, que se roba a sus hijos.
Mientras tanto basta caminar unas cuantas cuadras para darse cuenta de lo que sucedió en Buenaventura. Y en la ciudad-puerto es inevitable que no se hagan preguntas. ¿Por qué la respuesta en el eje-cafetero fue tan diferente a la del Pacífico? ¿Por qué costó tanto que el presidente y las rutas de ayuda voltearan a mirar hacia Buenaventura? “Desde el primer día no se pudo saber cómo era la situación en San José del Palmar, en Quibdo. Esto tiene que ver con temas estructurales y esto hay que manifestarlo. Muy a pesar de lo que la gente piensa el dolor no cesa. Es que un abastecimiento puede durar cuatro días ¿Y después? No sabemos qué va a pasar con la gente que se quedó sin casa. Ya hay brigadas humanitarias lideradas por ACNUR para ver si la respuesta que se le ha dado de manera transitoria a la emergencia de los que no tienen techo, se está cumpliendo”. Esta es la voz de la líder y enlace de la fundación Pares en Buenaventura, Linda Posso.
Este es el panorama al caminar por las calles del puerto. Viviendas a punto del colapso. Por eso se esperaba con ansiedad la visita del presidente de la República Abelardo de la Espriella. Su promesa de descentralizar tenía una oportunidad de oro en esta emergencia y era justamente la de demostrarlo en el terremoto. Llegó con algunas propuestas que no han sido tangibles aún entre la población. Si, es cierto que el buque hospital Benkos Biojó se pudo activar. No se sabe aún cómo está la situación de entrega de medicamentos. Este 16 de agosto, domingo, el presidente llegó y habló sobre las afectación general que ha enlutado a catorce departamentos en el país. “La instrucción es atender las 26 mil viviendas destruidas, 66 edificios colapsados. Centros educativos más de 2 mil. 2.700 centros comunitarios están afectados. Buenaventura no está sola. El gobierno no va a dejar sola. Queremos transformar este territorio, reconstrucción es lo que vamos a hacer. Se coordinó con médicos de Bogotá para enviarlos hasta acá y se van a trasladar a los pacientes de alta complejidad a otros departamentos del país”.
Pero hay acciones que no concuerdan demasiado con las palabras. La entrega de ayuda vino acompañada de balones de fútbol que el presidente regaló a los niños de familias afectadas por la tragedia. Los balones decían “Firmes por la patria”. Esto generó indignación en buena parte de la ciudad-puerto ya que se necesitan otro tipo de ayudas, más concretas, más tangibles, que dar felicidad a través de balones por eso para muchos esto fue una falta de respeto inadmisible.
Pasan las horas y las respuestas que busca Buenaventura no se están recibiendo.



