Las muertes de soldados norteamericanos en Irán serán devastadoras para Trump en Estados Unidos

El pasado sábado, en la madrugada, Trump desplegó toda la fuerza del ejército norteamericano en una operación de largo aliento sobre Irán. No necesitó, como en el caso de Venezuela, y como se ha venido acostumbrando, con sus ínfulas de rey, la aprobación del Congreso para hacerla, ni los consejos de sus más inmediatos asesores, quienes le recordaban que Irán tenía otro tipo de complejidades que no tenía el régimen de Maduro. Desde 1979, cuando derrocaron al Sha, instauraron una teocracia a través de su revolución islámica. Si bien, las condiciones de las mujeres fueron degradadas hasta el punto de ser rechazado ese régimen de manera universal, dentro de ese país sí tenía una fuerte base social. Desde 2022 se sucedían protestas lideradas por mujeres y, desde ese momento, el país entró en una crisis económica que se ha reflejado en apagones energéticos, algo completamente paradójico en un país que basa su economía en el petróleo.

El año pasado Israel alcanzó a enviar misiles a Teherán, lo que demostró que el escudo protector aéreo de ese país no era tan infranqueable como parecía y alentó al gobierno norteamericano a hacer esta operación. Sin embargo, ya han pasado más de cinco días y la operación no será relámpago como se planeaba. Es más, ya se reportan los primeros soldados norteamericanos muertos en combate, algo que le puede costar caro al presidente Trump.

El Pentágono ya reconoció a los cuatro soldados que murieron durante la operación. Se trata del capitán de la reserva norteamericana Cody A. Khork, el sargento de primera clase Noah Tiejthens, otro sargento, Nicole Amor y un tercer sargento Declan Cody.

La incursión norteamericana ha dejado más de quinientos civiles asesinados, además de un número incontable de desplazados y heridos. Trump ya sacó el paraguas al preparar a la población para combates que se extenderán durante largas semanas. Se estima que Irán ha lanzado más de doscientos misiles balísticos y ha desplegado cerca de dos mil drones para desatar el caos en los países amigos de Trump en Oriente Medio.

Desde ya hay críticas por parte de los sectores de la oposición a Trump y de la ciudadanía en general, que no quiere prestar a sus hijos a una guerra en territorio extranjero. La experiencia que ha vivido Estados Unidos desde finales de los años sesenta, cuando deciden intervenir en Vietnam, se repitió en Irak y en Afganistán, con resultados devastadores desde lo social y también desde lo económico.

Lo primero que se vio después de la incursión militar norteamericana fue una subida en los precios del petróleo, algo que le favorece a las compañías petroleras afines al gobierno Trump quien insiste, desde su presidencia, en tomarse la diplomacia internacional como si fuera un negocio. Otra cosa que se teme dentro de Estados Unidos son las represalias que podría traer esta incursión y la muerte del ayatola Jamenei.

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