Las guerras geo económicas y el inicio de la desglobalización

El 20 de enero de 2026 se cumplió el primer año del gobierno de Donald Trump. Durante este tiempo, las decisiones que ha tomado han sido múltiples e importantes, y están impactando de manera considerable a su país y el mundo. Entre las más significativas están la deportación de más de medio millón de inmigrantes, su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la captura y judicialización del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Pero tal vez, una de las decisiones que mayor revuelo ha provocado es la imposición unilateral de aranceles. Está decisión está cambiando la relaciones internacionales y señalando el inicio de un nuevo rumbo, bastante desafortunado, en la política económica mundial. En 2025 el gobierno norteamericano se caracterizó por establecer una serie de aranceles significativos a sus socios comerciales —entre ellos a México, Canadá, China y la Unión Europea—, con la consecuente reacción recíproca.

En menos de un mes, el presidente Trump impuso aranceles del 25% a las importaciones de México y Canadá, aduciendo fallas en el control migratorio. A China le puso un arancel del 20%, pero luego lo subió al 32%. A los países europeos — como Alemania, Francia y Países Bajos— igualmente les estableció un arancel del 25%. Y, finalmente, a casi todo el mundo le cobra un 50% por el ingreso de metales, como el acero y el aluminio, a suelo norteamericano.

El objetivo de esta política económica, como sabemos, ha sido variado y difuso. En ocasiones le han servido para presionar a los países vecinos para que contengan el flujo migratorio en las fronteras; en otros momento para ejercer presión para que, economías como la china, reduzcan la producción y exportación de fentanilo; o en otras, para que países como Canadá desistan de ampliar los lazos comerciales con China.

También, las consecuencias de la política comercial arancelaria de Estados Unidos han sido variadas. A nivel interno los efectos del empleo, el consumo y la inflación comienzan a verse. Pero el mayor efecto ha sido sobre el relacionamiento económico internacional. El manejo arancelario está generando un resquebrajamiento definitivo del Consenso de Washington y está poniendo al mundo en riesgo del inicio de un período de desglobalización.

Trump convirtió a los aranceles en un arma poderosa que están usando los diversos gobiernos para intimidar a un país adversario o para presionar a los amigos para que actúen de cierta manera. Un arma, en las guerras económicas, cuyo uso es simple: basta un decreto o documento oficial para que un gobierno le diga a otro país que le cobrará un impuesto a un bien o servicio por venderlo en su territorio. Atacando la libertad económica e imponiendo barreras comerciales.

Un arma que, como las que se usan en las guerras convencionales, tiene efectos en la economía. Al país al que se le impone el arancel le genera una caída en la demanda del bien o servicio y el consecuente efecto en la producción, el empleo y los ingresos. Pero al país impositor, le aumentan los recursos al Gobierno, los cuales pueden ser aprovechados para apoyar sectores estratégicos y aumentar la competitividad de las mercancías nacionales frente a las internacionales.

En este sentido, dado el poder que tiene la política arancelaria y, además, la legitimación que está teniendo su uso debido a que lo está utilizando una de las potencias económicas del mundo, cada vez se mira con mayor importancia por los gobiernos de todo el mundo. Siendo un ejemplo ilustrativo lo que pasó en la segunda quincena de enero de 2026 entre Ecuador y Colombia.

El 21 de enero, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, informó que su nación impondría a partir del primero de febrero un arancel del 30% a todas las importaciones de bienes y servicios de Colombia. Con ello, lanzó el primer misil económico a su país vecino. Según su justificación, el objetivo es recoger dinero para la seguridad en las fronteras —de allí que llamó al arancel tasa de seguridad—, acusando al Gobierno colombiano de descuidar la frontera y aumentar la inseguridad en Ecuador.

La reacción del gobierno colombiano fue inmediata. Ante el ataque comercial ecuatoriano, en menos de dos días, el presidente Gustavo Petro reaccionó imponiendo aranceles del 30% a más de veinte productos agrícolas y pecuarios ecuatorianos —como arroz, aceite y productos pesqueros—. Además, le suspendió la venta de energía eléctrica, tomando como excusa la necesidad de aumentar la seguridad energética colombiana.

El segundo misil lo lanzó el Gobierno ecuatoriano el lunes 26 de enero, cuando de nuevo, el presidente Noboa, anunció que le aumentará la tarifa de transporte de petróleo de Colombia por su oleoducto: pasó el cobro de tres a treinta dólares. Y ahora justificó el arancel, además de la seguridad en la frontera, por la seguridad energética ecuatoriana.

Está guerra comercial entre Colombia y Ecuador, que sigue la misma secuencia que enseñó Estados Unidos al mundo, causó de inmediato una reacción tanto de la Comunidad Andina (CAN) como del Foro Económico Mundial. Para la primera organización —compuesta por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú— ve como inconveniente que dos de sus miembros estén sumidos en una guerra comercial, sabiendo que el acuerdo busca la cooperación económica y social; de allí que haga un llamado a postergar la aplicación de los aranceles y se reúnan para poner fin a este conflicto comercial.

Lo mismo hicieron los miembros del Foro Económico Mundial, en su 56ª Reunión Anual en Davos, el 21 de enero de 2026, prenden las alarmas con la pelea comercial entre Ecuador y Colombia. En el Informe de Riesgos Globales 2026 advierte que este año ha aumentado el riesgo internacional de guerras geo económicas. Guerras donde los aranceles se han convertido en armas políticas para aumentar la seguridad nacional y el control de fronteras, pero también en el germen de la destrucción de los mercados regionales.

En esta lógica, es claro que la decisión que ha tomado Donald Trump en su primer año, de imponer aranceles a diversos países y diversos bienes y servicios, representa un giro en la política económica mundial. Se está cambiando una trayectoria de casi cuatro décadas,

caracterizada por la apertura económica y comercial. La toma de decisión unilateral de imponer impuestos a los socios comerciales se ha convertido en un arma poderosa para atacar las economías externas.

La utilización de está arma económica en 2025 y 2026 por parte de Estados Unidos está sirviendo para autorizar a otros países a que también la usen a discreción. En el caso Ecuador-Colombia se observa una tendencia que puede convertirse en conducta global. De generalizarse estaríamos pasando de una época de cooperación económica regional y mundial a un período de desglobalización; es decir, estaremos ante el fin del Consenso de Washington y el inicio del disenso de Trump.

Noticias al Minuto

Picture of Germán Valencia

Germán Valencia