Alguna vez dije que María Jimena Duzán no servía para la radio. Fue cuando, en 2019, decidió salir de la revista Semana, en una prueba más de su coherencia. Felipe López le vendió a los Gilinski su creación más preciada, un lugar en donde el periodismo pudiera tener la independencia necesaria para investigar, para denunciar, incluso para permitirse brillantes momentos de opinión a cargo de escritores como Antonio Caballero. María Jimena creyó que la llegada del nuevo grupo económico a manejar la revista podría tener una injerencia en el contenido editorial y, antes de entrar en un choque, decidió irse. Su primera opción fue La W Radio, pero rápidamente entendió que ya era hora de tener un medio. Y, como siempre ha hecho en su vida, no le dio miedo y se metió de cabeza en su propia creación, A fondo, uno de los tres pódcasts más escuchados del país.
Siempre con la coyuntura, manejando algo que es fundamental en el nuevo periodismo, el timing, salir con la nota caliente y de una manera directa, confrontativa, sin caer, eso sí, en ninguna militancia. Porque María Jimena es repelida por sectores radicales del uribismo y también del petrismo. Eso muestra su independencia. En uno de sus últimos pódcasts invitó a Ana Bejarano, la abogada que tiene el brazo caliente en Los Danieles y viene siendo tendencia con sus denuncias, contra figuras como Abelardo de la Espriella y el propio Andrés Pastrana. Justamente, sobre el expresidente fue la última columna de la abogada y allí hace graves preguntas como, por ejemplo, ¿por qué Pastrana no se siente obligado a dar explicaciones? Los señalamientos que lo vinculan a Epstein son muy graves. Esto sobrepasa la esfera de lo privado.
Así es María Jimena, su pasión por saber la verdad no la mide. Pensar que a los 20 años logró una hazaña periodística que le pudo haber costado la vida y es que le contó al país que el entonces suplente del representante a la Cámara Jairo Ortega, Pablo Escobar Gaviria, había sido detenido en Ecuador por llevar cocaína en unas llantas. Ella recordó que había visto la cara de ese aspirante a político liberal en alguna parte. Le contó a su jefe, Guillermo Cano y juntos buscaron en los archivos del periódico donde trabajaba, El Espectador, duraron días hasta que la encontraron. Cuando salió la noticia, Pablo Escobar, en su desmesura, mandó quemar todos los ejemplares que se vendían del periódico en Antioquia. Obviamente eso no bastó. Fue echado del Congreso al otro día.
Pablo Escobar nunca le perdonó esto a María Jimena ni a su jefe. Las amenazas fueron tan fuertes y concretas que María Jimena salió del país. Le tocó el camino del exilio. A su jefe, don Guillermo Cano, el capo le soltó el ángel de la muerte y lo encontró en diciembre de 1986, cuando, en un semáforo frente al periódico, dos sicarios le dispararon cuando conducía su carro. En la parte de atrás del vehículo, encontraron dos regalos que iban destinados a sus nietos.
A María Jimena la noticia la sorprendió en Cuba, mientras estaba visitando a García Márquez. Ella le contó al premio nobel del asesinato de su amigo y quedó con las lágrimas cruzándole la garganta. Pocos meses después, de un bombazo, el cartel de Medellín destruyó el edifico de El Espectador.
El 2 de diciembre de 1993, Pablo Escobar fue asesinado por los PEPES en Medellín. María Jimena no se sintió feliz o liberada, sabía que otros males caerían sobre Colombia. Que el remedio podría ser tan nocivo como la realidad. Por eso se ha enfrentado a todo el poder, sin importar el color político o la ideología, con la intensidad que lo hizo contra Pablo Escobar Gaviria.



