Hace veinte años era imposible pensar que la izquierda pudiera ganar una elección presidencial. En el 2006 líderes de derecha como Uribe tenían más del 70% de favorabilidad. Gracias a su poderosa personalidad y su confiabilidad se pudo ganar un espacio el magistrado Carlos Gaviria quien logró en el año 2006 históricos dos millones de votos. Nunca antes un dirigente de izquierda había logrado tal cantidad de aceptación popular. Gracias a los debates de la parapolítica, a una alcaldía donde emprendió un pulso con el entonces procurador Ordoñez, que representaba lo más retardatario de la política colombiana. El estallido social encontró en Petro el líder que estaba buscando.

Y no sólo fue Bogotá, en lugares como Cali, Santa Marta y hasta la cuna del conservadurismo en Medellín fueron epicentros de un cambio. El fracaso y la desesperanza contra la derecha quedó evidenciado  en el estallido social y la posterior derrota del Centro Democrático en el 2022.

La llegada de Petro a la presidencia significó la oportunidad de demostrar que en Colombia si existía la posibilidad de la alternancia política, algo que alimentó el fuego de la lucha armada y el surgimiento de las guerrillas.

En este informe se condensan los cuatro años del gobierno Petro. Algunas de nuestras conclusiones fueron en que se triunfó en donde hubo un bajo nivel de ambición reformista, y el resultado fue adverso cuando este nivel subió. Al gobierno le costó superar las barreras. Se concentró en la agenda legislativa que es donde peor le va. En el comportamiento económico hubo buenos números sin olvidar que existe un hueco fiscal. En seguridad y salud hay problemas y la paz total fue la más polémica. Le generó problemas. En este informe encontrarán una evaluación de las 121 promesas de gobierno.

La llegada de Petro y su primer año se caracterizó por un alto capital político que el presidente gasta en “bloque”. Arranca la legislatura con la aprobación de una ambiciosa reforma tributaria y la aprobación de la ley de Paz Total que inicia con decisiones impetuosas y una amplia coalición que lo sostiene los primeros meses. Sin embargo, hacia finales del primer año de mandato el gobierno empezó a mostrar las primeras fracturas con la salida de los llamados ministros liberales (Cecilia López, Alejandro Gaviria y José Antonio Ocampo) y escándalos de corrupción como el de Nicolás Petro. La baja ejecución presupuestal y once cambios ministeriales en 19 carteras acompañaron un gobierno de una alta energía reformista, pero sin la arquitectura para su ejecución. El 31 de diciembre del 2022 Petro decreta ceses al fuego con todos los grupos armados, causando también una fractura importante en la política de paz total y pocos meses después tuvo que reversar dicha decisión. La aprobación de Petro cayó de 32% en octubre a 26% en diciembre de 2023, el registro más bajo de todo su mandato según la medición de Invamer. En paralelo, la desaprobación pasó del 60% al 66% en el mismo período.

Hubo momentos de suma tensión como el 2025. En junio atentan contra el precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, uno de los hombres más cercanos al expresidente Uribe. La imagen de Petro cae pero logra sostenerse gracias a la capacidad que tuvo para vender ilusiones. Un año después su sombrilla le sirvió a Iván Cepeda para obtener una votación histórica pero que al final resultó insuficiente, 12.700.000 votos. Su imagen se vio empañada por una seguidilla de escándalos a los que la prensa tradicional hizo eco y con razón y énfasis. Eso sí, a pesar de lo que auguraban los economistas que no son afectos a su pensamiento, la economía no se derrumbó a pesar de la histórica subida del 23% al salario mínimo.

Con distancia y sin apasionamientos presentamos el gran balance de los cuatro años del primer gobierno de izquierda en la historia de este país.

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