La trágica muerte de Fernando Garavito el primer periodista que empezó a cuestionar a la familia Uribe

Foto tomada de Semana

Hay un libro que se convirtió en leyenda. Se llama El señor de las sombras. Fue escrito por Fernando Garavito un periodista nacido en Bogotá en 1944 y que a finales del siglo pasado se convirtió en uno de los columnistas más leídos del país bajo el seudónimo de Juan Mosca. Creo que Fernando más que ser periodista o abogado -se graduó en 1966 de la Universidad Javierana- era un poeta, no porque escribiera versos sino por su impulso vital, sus aventuras preciosas, como eso de irse a los 26 años en lo que se llamó El Tren de la Cultura, que tal como lo recuerda el Magazín Cultural del Espectador en un artículo publicado en el 2024 era “un museo montado sobre seis vagones de ferrocarril que recorrió Colombia, llevando exposiciones culturales a diferentes regiones del país”.

Pero además de eso también escribió poesía junto a María Mercedes Carranza, su gran amor y crearon una revista en 1975 en Cali, ciudad que explotaba culturalmente en ese momento, a la que le pusieron el nombre de Estravagario. La figura de Fernando tiene muchas aristas y fue más que lo que algunos de sus amigos quieren encasillarlo en el papel de “energúmeno-antiuribista”. Escribió catorce libros de periodismo y una investigación suya sobre el Palacio de Justicia le hizo merecedor del Premio Simón Bolívar en el año 2001. Por esa época publicó un libro que es difícil encontrar en la actualidad. Es una biografía no autorizada de quien se convertiría en el hombre más poderoso del país, Álvaro Uribe Vélez. Llegué a leerlo en su momento y me impactó uno de sus datos. En el momento en el que están enterrando a Alberto Uribe Sierra, la fundación Medellín sin tugurios dispone de cuatro aviones para hacer caer sobre Medellín una lluvia de flores. Era el homenaje que le hacía Pablo Emilio Escobar Gaviria al papá de Uribe.

Algunos viejos periodistas afirman que la clave para ser bueno en este oficio era la imparcialidad y Fernando, decían algunos de los jefes que he tenido, no lo era. “Era un enfermo antiuribista”. Garavito escribió en El Espectador hasta diciembre del 2002. Unos meses antes Álvaro Uribe Vélez había recibido la banda presidencial. En esa fecha el entonces director de El Espectador, Ricardo Santamaría lo llamó para anunciarle que su columna ya no iba más. Su investigación llamada ¿Por qué los autores del desfalco a la Nación a través del Banco del Pacífico ocupan los más altos cargos administrativos del nuevo gobierno del Presidente Uribe Vélez?, había causado profundo rechazo en Palacio.

Las columnas contra Uribe habían empezado en plena campaña presidencial. Hay que recordar que a ocho meses de las elecciones del 2002 Uribe ocupaba la segunda posición en las encuestas con poco más de veinte por ciento de favorabilidad. Todo apuntaba a que Horacio Serpa, el candidato liberal, pudiera ganar en primera vuelta. Pero de un momento a otro los medios se volcaron a apoyar a Uribe. Una de las columnas más demoledoras que se han escrito jamás contra un candidato presidencial fue de Garavito y la tituló Ciertas yerbas del pantano en donde hacía un perfil descarnado de quien hasta ese momento era sólo conocido por haber sido gobernador de Antioquia: “Su hoja de vida es más bien una hoja de muerte. Fue estudiante pobre del colegio Jorge Robledo, hijo de don Alberto Uribe Sierra, uno de esos personajes de los que está llena la historia de Antioquia, que le ponen la trampa al centavo y viven un poco de echar el cuento, de comprar al fiado, de captar dineros, de deber un poco aquí y un poco en la otra esquina. Pese a que don Alberto se convirtió en el corredor oficioso de finca raíz de ciertas yerbas del pantano y que era ostentoso como una catedral, con helicóptero y rejoneo incluidos, murió más pobre que el padre Casafús, quien fue tal vez el autor del milagro. Porque si no es un milagro, ¿cómo se explica que haya dejado esa inmensa y oportuna riqueza que sacó de problemas a sus tres vástagos, el candidato, el Carepapa y el Pecoso, que hasta el momento habían pasado las duras y las maduras para explicar la procedencia de algunos dinerillos?”.

Así era Fernando, un columnista puntillozo, mordaz, el primer periodista antiuribista que tuvo este país. Alguna vez escribí sobre la censura a su libro El señor de las sombras y encontré que Felipe Ossa, director de la librería Nacional, se había negado a distribuirlo por las siguientes razones: “el libro es oportunista, producto del resentimiento y del odio. Está hecho a la ligera. Ningún biógrafo o periodista serio hace un libro en dos semanas”.

Cansado de Colombia este poeta, envuelto en la vorágine de la cotidianidad, se fue a vivir a Estados Unidos. Allí, mientras hacía un viaje a Texas, se quedó dormido en su carro y no pudo sobrevivir al accidente. Tenía 66 años. Viendo que los Rolling Stones siguen de gira y que Estados Unidos tiene un presidente de ochenta años que quiere hacer la guerra a todo el mundo, es fácil pensar que Garavito estaría ahora con nosotros, en alguna revista como Vorágine, apuntando sus dardos contra los hermanos Uribe, recordándonos el horror de los 12 apóstoles y buscando pruebas que certifiquen los supuestos coqueteos que habrían tenido Santiago y Álvaro con grupos paramilitares en Antioquia. Sería un muchacho de 81 años, disciplinado, explosivo y maravilloso, esa fuerza de la naturaleza que siempre fue. Lástima que el destino nos tenía otra cosa reservada.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.