A las diez de la noche, dicen los que han ido, se apaga todo. Es como si el gran padre protector Kim Jong Hung se pusiera unas pantuflas de felpa, un gorro de dormir, diera dos palmadas a la nada y dijera bueno, a tomar cobijas, no se gasta un gramo de energía más. En Pyongyang, dicen, no se pasa hambre, los niños pueden ir a estudiar, no existen rangos de clase, hay un estadio para doscientas mil personas pero existe un peligroso culto a la personalidad. Las estatuas, babilónicas, hablan sobre todo de dos seres, del padre fundador de la Corea del Norte que conocemos, Kim Il-Sung, y de Kim Jong-Un quien está en el poder desde la muerte del primero ocurrida en el 2011.
Hay que recordar que Corea del Norte se crea en 1948 y fue producto de una delimitación que se hizo después del fin de la Segunda Guerra Mundial. En el comienzo de la guerra fría y se estableció el paralelo 48. Los soviéticos controlarían el norte, los estadounidenses el sur. Esto generó una guerra que se llamó precisamente la guerra de Corea hasta el 27 de julio de 1953 cuando se firma la paz. El primer presidente se llamó Kim Il-Sung quien estuvo desde 1948 hasta 1994, a su muerte fue reemplazado por Kim Jong Il hombre que fue responsable de una pésima administración y el país vivió momentos de hambruna esto provocó que cientos de miles de coreanos decidieran migrar a China. Esto, por supuesto, está prohibido por el actual régimen.
En Corea del Norte no existe libertad de prensa. El fútbol es uno de los deportes que más recursos ha designado el actual presidente, Kim Jong-Un, quien, a pesar de mantener su país cerrado hacia occidente, presenta una particularidad, su gusto hacia figuras emblemáticas de la cultura norteamericana. Hace una década fue invitado de honor el escandaloso basquetbolista norteamericano Dennis Rodman. El canal de periodismo Vice logró entrar a la capital norcoreana y constató que la mayoría de sus almacenes, supuestamente abiertos al público, no era más que una fachada.
En informes de la ONU se ha constatado que su población convive con un ambiente sofocante, claustrofóbico. Además está el temor constante de una confrontación con potencias occidentales que podrían intervenir en un conflicto nuclear. Los pocos gobiernos con los que mantienen algún tipo de contacto es con Rusia y con China pero la política de norcorea ha sido la del aislamiento y la de no depender económica ni culturalmente de nadie. Por eso también la educación en Corea del Norte es un problema mayúsculo. En las bibliotecas públicas sólo se encuentran libros como las obras completas de los llamados “Padres de la patria” algunas de estas han sido traducidas al español. También se pueden ver videos retransmitidos, uno o dos años después de haberse jugado, de partidos claves de la champions. Las cervecerías son contadas y no existe el concepto de ocio o diversión para los que viven allí.
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha sido enfático en pedirle a Corea del Norte lo siguiente: “dar la vuelta a las ortodoxias y superar su mentalidad aislacionista, que sólo engendra una desconfianza cada vez más profunda, desencadenando una espiral interminable de pensamiento de grupo a expensas de un futuro más próspero y seguro para su pueblo”, y añadió que “los derechos humanos, en todas sus dimensiones, ofrecen una solución y un camino a seguir”.
Las visitas de ciudadanos occidentales alcanzan, anualmente, apenas a 5.000. Han sido tristemente célebres los casos de ciudadanos como el australiano Alex Sygley quien fue detenido por publicar contenido sobre la ciudad para las redes sociales. Los turistas que son mejor recibido son los chinos después de que Corea del Norte decidiera reanudar relaciones en el año 2018.
Viviendo en Pyongyang apenas hay unos 300 occidentales, la mayoría de ellos pertenecen a Organizaciones no Gubernamentales o a miembros de misiones diplomáticas. Para conseguir un permiso debe ser invitado por un alto miembro del gobierno local.
Vivir, en cualquier circunstancia en Corea del Norte, es una experiencia claustrofóbica. A pesar de la inauguración este año de complejos de diversión en su capital, este país está realmente lejos de poder disfrutar de una libertad como la que gozan en Corea del Sur. Es una pesadilla comunista llevada al extremo.



