Entro a las redes sociales. En todas aparecen pequeños reels donde Enrique Carriazo es el protagonista. Ya sea en series como Los Reyes, o con La gloria de Lucho, Carriazo es uno de los íconos colombianos. Es lamentable que en este país le tengamos tanta fobia a los ídolos. Pero Enrique es uno de ellos. Arrancó haciendo comedia en una serie muy famosa que se llamó Vuelo secreto, pero ya sabemos que Carriazo puede hacer lo que quiera, hasta un drama histórico de las dimensiones de La Siempreviva.
A mí me encanta Carriazo, me hace reír, me hace llorar, a veces lo he temido. Los que hemos hablado con él, vemos su fragilidad, su tranquilidad. Es un tipo de verdad. En los años setenta creció en el barrio La Esmeralda de Bogotá. Dice que su consuelo era el cine, le gustaban los western de Sam Peckinpah. Era un niño silencioso que no podía tener afiches de sus actores favoritos, sino una cruz gigante que se la impuso su papá. Le daba miedo decir algo porque su papá lo encendía ante cualquier movimiento.
Enrique, a los ocho años, estaba deprimido e incluso pensó en el suicidio, pero apareció un perrito pastor alemán en su casa, al que le puso el nombre de Labrador. Era como un regalo venido de un mundo en donde los jóvenes eran felices. Al papá de Enrique ese perro no le gustaba. Lo acompañó un año hasta que misteriosamente desapareció. Lo encontró en un potrero, ya descompuesto. Tenía nueve años y toda la amargura del mundo encima, pero ya no lloró más. Labrador le dio la fuerza suficiente para seguir adelante. Es que ya sabía lo que era el amor.
La actuación la aprendió de los dos maestros del teatro en Colombia, Patricia Ariza y Santiago García. En el teatro de La Candelaria y sus primeros papeles, y en televisión, su amigo Germán Escallón lo contrató para que apareciera en la comedia que reinaba el raiting en ese momento, N.N.
La gloria le vendría haciendo de Paco en La guerra de las rosas, tal vez el personaje más cómico que hemos visto en la tv colombiana en los últimos treinta años, con perdón de todo el elenco de Betty la fea. Luego, con la película La Pena Máxima y con Los Reyes, se convirtió en leyenda. Es tan buena su actuación que, veinte años después del final de esta novela, aún nos divertimos con los reels que meten de sus dichos en redes sociales. Esto pasó también con la Gloria de Lucho.
Cada vez que aparece Carriazo en un proyecto vuelvo a encender la televisión colombiana. Por ahí tiene un guion que se llama Lejos de Harry, en donde aborda la infancia tan terrible que le significó haber soportado a un papá sin alma. Ver a Carriazo en persona, a ese ángel sin edad, es la constatación de que ya no existe amargura alguna, que ha podido perdonar, que ya hizo la paz consigo mismo.



