La importancia de llamarse Daniel Coronell

El mejor elogio que puede recibir un periodista como Daniel Coronell es que los petristas barras brava lo llamen de izquierda y los uribistas pura sangre crean que es un mamerto. Coronell no ha sido nunca ni una cosa ni la otra, ha sido un defensor de la verdad. Es triste que en Colombia sean los periodistas, y no los organismos de control, los que tengan que velar por la seguridad de los ciudadanos. A muchos les ha costado la vida. Hay que recordar que Guillermo Cano dio su vida por atreverse a exponer públicamente a Pablo Escobar como lo que era: un bandido, mientras oficiaba como suplente de Jairo Ortega a la Cámara de Representantes. Inmediatamente se le hizo un debate jurídico y Escobar tuvo que huir, matando primero al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, y después asesinando al director de El Espectador.

Coronell ha sido muy firme para denunciar. Así lo vimos en 2022 cuando su investigación sobre la manipulación y soborno a testigos por el que fue llevado a juicio el expresidente Álvaro Uribe se convirtió en un suceso mediático que constituyó una base para que los fiscales pudieran evidenciar el presunto crimen en el que habría incurrido Uribe. En ese momento, las hordas de uribistas lo llamaron izquierdoso. Pero, en este gobierno, Coronell ha sabido también desmarcarse de cualquier postura ideológica o sesgo. Sus investigaciones contra la UNGRD, una corrupción latente que ha empañado lo que alguna vez se llamó el gobierno del cambio, evidenciaron escándalos como el de Olmedo López y Esneyder Pinilla, aunque en este último fueron otras las periodistas que descubrieron la olla podrida.

En 2019, cuando el grupo Gilinski le compró la revista Semana a Felipe López y aterrizó en las directivas Vicky Dávila, Coronell sabía que el periodismo se vería resentido con este cambio. Primarían otros intereses, los de un grupo económico. Así que se fue de la que era su casa durante más de una década y donde denunció todos los torcidos de liberales y conservadores, de izquierda y derecha. Se quedó con la independencia que le daba Univision y se inventó un espacio que se ha convertido en uno de los cinco más influyentes del país, Los Danieles, junto a sus tocayos, los Samper. A ellos se les ha unido la abogada y periodista Ana Bejarano quien, con sus columnas contra Abelardo de la Espriella, han puesto a temblar de rabia al abogado.

Coronell en los últimos cinco meses ha sido protagonista con un género que languidece en Colombia: la entrevista. Primero, a finales de octubre, habló con el presidente. Muchos petristas se sintieron ofendidos por el supuesto maltrato al máximo mandatario. Las preguntas no eran nada complacientes. Algunos días después, Coronell fue entrevistado por un medio argentino que, directamente, le preguntó si había notado algún comportamiento extraño por parte del presidente, a lo que respondió el periodista: “solo vi que, como estaba tan exaltado, se la hacían espumarajos blancos en las comisuras de los labios”. Lo dicho, Coronell no se le arrodilla a nadie.

Este 12 de febrero volvió a ser tendencia por una entrevista que le hizo a David Murcia Guzmán, el cerebro de la captadora de dinero más grande que se ha visto en el país, en donde deja muy mal parado tanto a Álvaro Uribe, como a Abelardo de la Espriella, a quien denunció porque, supuestamente, se quedó con cinco mil millones de pesos que estaban destinados a defenderlo. Aunque después de recibir el dinero, renunció.

Coronell, con su estilo particularmente parsimonioso, a veces difícil, es el hombre capaz de quitarle la máscara a los más poderosos del país. Se viene una investigación durísima contra Néstor Humberto Martínez. Habrá que escucharla.

Noticias al Minuto

Picture of Iván Gallo

Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.