Gloria Gaitán tenía 10 años cuando mataron a su papá. De ese mediodía, lo recuerda todo. La fueron a buscar al colegio, la llevaron a su casa, su mamá salió corriendo a la calle, esperando que Plinio Neira o alguno de los amigos más cercanos de su esposo le diera alguna razón. Los peores temores se habían hecho realidad. Gloria le contó a Arturo Alape que su madre, el 8 de abril, un día antes del peor día que recuerde Colombia, soñó que a Jorge Eliécer lo mataban. Y eso que todo pintaba bien para Gaitán. Acababa de ganar un juicio histórico que le garantizaba echarse a los militares en un bolsillo, la defensa del teniente Cortés, acusado de haber asesinado a un periodista. El abogado, discípulo de Enrico Ferri, vio formarse el fascismo en Italia y entendió el poder de la propaganda, de los medios de comunicación. Cuando los militares le preguntaron cuánto les cobraba por defender a Cortés, les respondió que ni un solo peso, que hicieran una colecta y le pagaran a la radio para transmitir en directo el juicio.
Y toda Colombia lo escuchó. Toda. Los discursos de Gaitán se escuchaban con la euforia que se puede vivir un partido de fútbol. Su mamá, Amparo Jaramillo, la dejó quedarse hasta tarde escuchando las incidencias del juicio, la oratoria clara, a veces aplastante, que logró convencer al jurado. Así que el 9 de abril solo tuvo tiempo para sentarse a desayunar con él, verlo por última vez, quedarse callada sin poder encontrar las palabras para contarle su premonición. Y entonces llegó la 1:05 de la tarde y Roa, o quien fuera, disparó sobre Gaitán, quien llegó prácticamente muerto al hospital. Las personas se quitaban la camisa y la embadurnaban con la sangre del caudillo. Al supuesto asesino, uno de sus cómplices lo señaló, se encerró en la Droguería Granada, dos policías intentaron contener la masa, pero solo resistieron 90 segundos. Una vez en la calle, a Roa lo mataron echándole en la cabeza una zorra. Luego lo remataron los emboladores con sus cajas. A las dos de la tarde era arrastrado por la Séptima, en la plaza de Bolívar era echado por los aires, como el pelele de Goya. Solo le quedaron puestos los calzoncillos. Estalló Bogotá y Colombia no fue la misma.
Gloria intentó continuar y es una figura relevante, imprescindible en los últimos setenta años del país. Crítica con casi todos los gobiernos. Tenía la esperanza con Petro de que el nombre de su padre fuera otra vez recordado con la importancia que se merece. Ella está convencida de que se ha venido dando un memoricidio en Colombia. El nombre de Gaitán no es materia obligada en los colegios y el caudillo, su padre, no puede convertirse en una estatua ensuciada por las palomas. Alguna vez la acompañé a la casa de Santa Isabel, fue en septiembre de 2023, unos días antes de que se cumplieran los cincuenta años de la muerte de su amigo, Salvador Allende. Se quejó y me mostró el descuido al que los encargados de la casa museo, donde durmió por última vez “El Jefe” en una cama estrecha, incómoda, como la de un monje budista, y la Universidad Nacional, la estaban sometiendo. Allí está enterrado Gaitán y Rogelio Salmona empezó a construir una de las obras arquitectónicas más sublimes y desconocidas del país, el Panóptico Nacional. Ese día, Gloria estaba contenta. Creía que Petro, quien ya llevaba un año de presidente, se centraría en terminar esa obra y de paso restaurar el pensamiento de Gaitán, sistemáticamente relegado por lo que, en términos gaitanistas llamarían “La Oligarquía”. También ya era un tema de conversación eso de que al Clan del Golfo le diera por llamarse dizque “Los gaitanistas”.
Pasaron dos años y las ilusiones, para Gloria Gaitán, están completamente rotas. Petro cerró la semana pasada, en su empeño por negociar con los grupos armados del país, el primer ciclo de negociaciones con el Clan del Golfo en Catar. A uno de los acuerdos que llegó, fue el de reconocerlos como el “Ejército Gaitanista de Colombia”. En un video, Gloria Gaitán se despachó y atacó al presidente. Le escuché, además, en una entrevista en La W Radio “Él (Petro) es un soberbio que le gusta ganar a cualquier precio y no ha querido cambiar la situación. De manera que, después de tantos meses de lucha, no hemos tenido resultado. La única forma era plantearle al consejo de ministros que resuelva el tema porque si se lo planteo a Petro, me deja morir de inanición”.
La verdad es que es muy difícil asociar a Gaitán con unos depredadores como son los miembros del Clan del Golfo. La historia es voluble y suele confundirse, ¿Qué tal que de acá a unos cien años se llegue a creer que Gaitán tuvo algo que ver con “Los gaitanistas”? Por eso, con su usual determinación, anunció que entraría en huelga de hambre hasta que Petro se retracte. Una de sus conclusiones fue terrible “Petro me va a dejar morir”. Ella hará todo lo posible para que el legado de su padre no se llegue a contaminar. Es lo único que queda de “El Jefe”.



