La complicada relación de Iván Cepeda y su papá

Durante esta campaña el candidato Iván Cepeda ha tenido que soportar señalamientos directos de personalidades de la política como Enrique Gómez, quienes lo reconocen como “heredero de las FARC”. Estoico, Cepeda no suele contestar estos ataques más que con este argumento: “Siempre han dicho lo mismo”. Los señalamientos surgen porque un frente de las FARC lleva el nombre de su padre, Manuel Cepeda Vargas. Para que queden claros cualquier tipo de equívocos, este frente fue bautizado así posterior al asesinato de este destacado periodista y senador de la UP. La Unión Patriótica surgió como una posibilidad democrática a la lucha armada que planteaban las FARC y el resultado fue el exterminio de casi cinco mil de sus dirigentes. Manuel Cepeda fue visto como un mártir.

En el momento de su muerte, Manuel Cepeda era el presidente y secretario general del Partido Comunista colombiano. Su devoción a ese partido produjo hondas grietas con su hijo, el filósofo Iván Cepeda Castro, quien, después de estudiar en Bulgaria en 1981, en pleno Telón de Acero, vio los abusos del comunismo. En ese momento, ese país era un satélite de la Unión Soviética. Al regresar a Colombia, entró en contradicción con la línea de comunismo duro de su padre y, por eso, se alinea con Bernardo Jaramillo Ossa, alguien más abierto a los cambios, a la reestructuración del socialismo, a la apertura. Jaramillo Ossa, asesinado en 1990 mientras era candidato presidencial, fue una bocanada de aire fresco para el anquilosamiento de la UP.

Hay que recordar que Manuel Cepeda, en uno de sus tantos exilios, se refugió en Praga en 1966 cuando su hijo apenas tenía tres años. Estaba casado con la periodista Yira Castro, quien tenía una posición social privilegiada en Bogotá, gracias a su familia. Otro de los mitos que se han tejido con Iván Cepeda es el de un origen rural, alejado de cualquier tipo de privilegio y no era así. Dentro del progresismo siempre ha existido eso que se llama La izquierda exquisita.

No sabemos hasta qué punto las grietas estaban abiertas, en lo ideológico, entre Iván Cepeda y su papá. En el momento en el que lo mataron, el hoy candidato iba en bus directo a la Universidad Javeriana, donde era profesor. Tenía 31 años. Desde esa época Iván Cepeda siempre se alejó de las líneas duras del comunismo y propugnó una izquierda más abierta. Si tuviera que recibir un nombre, sería el de progresista.

Aunque medios como La Silla Vacía han criticado la falta de contundencia con la que debería criticar regímenes como el venezolano, antes de la caída de Nicolás Maduro, está claro que, en los últimos quince años, jamás ha elogiado este modelo. Como hombre comprometido con la paz, ha tenido que mantener una relación al menos cordial con las autoridades de ese país, que han sido garantes en las conversaciones que se han realizado entre el gobierno colombiano y algunas de esas guerrillas.

Había un afecto muy grande entre Iván y su padre, pero las diferencias ideológicas eran profundas. Además, Manuel Cepeda Vargas no pertenecía a las FARC. Lo que dicen algunos de sus contradictores, como Enrique Gómez, no está basado en factos reales y comprobados.

 

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