La caída del hombre que produjo Pulp Fiction y El señor de los anillos por ser uno de los violadores de Hollywood

A comienzos de los noventa, los muchachos que íbamos al cine nos sorprendíamos al ver que las películas más extrañas, las rompedoras, empezaban con una M gigante. Luego se completaba el nombre: Miramax. Detrás de esta productora que había empezado como independiente, estaban los hermanos Harvey y Bob Weinstein. Primero compraban películas de porno blando y las distribuían en cines cutres de Nueva York. Luego empezaron a escalar hasta que crearon el cine independiente norteamericano de los noventa. Cineastas como Steven Sodenbergh pudieron estrenar proyectos que estaban encajonados por ser inviables comercialmente como Sexo mentiras y video. También un muchacho de quijada prognática, un freak que trabajaba en una videotienda y que parecía saberlo todo sobre cine, pudo rodar un guion sobre asesinos poderoso, único. La película se convirtió en Perros de la reserva y el cineasta era Quentin Tarantino.

Mientras en los ochenta, Hollywood le apostaba a superproducciones de más de cien millones de dólares para obtener tres veces esa ganancia, los Weinstein le apuntaban a hacer muchas películas de, máximo dos millones de dólares, y quintuplicar esta ganancia. Hay éxitos de Miramax que todos hemos visto: El paciente inglés, Kill Bill, Pulp Fiction, Shakespeare in love, El señor de los anillos, que Weinstein quería convertir en una sola película y que gracias a la tenacidad de Peter Jackson se mantuvo en la gloriosa idea de ser una trilogía. A pesar de haberse hecho en otro estudio, Miramax tiene créditos como productores ejecutivos.

Harvey Weinstein era intimidante, medía casi dos metros y pesaba ciento treinta kilos. Desayunaba Big Mac y helados y había contratado a un entrenador para que lo obligara a hacer ejercicio. Cuando lo buscaba en su oficina Harvey lo rechazaba con un insulto. Arrepentido, le pagaba el doble. El trato con grandes directores como Martin Scorsese fue brutal. La única película en la que trabajó con él, Pandillas de Nueva York, fue mutilada por el productor quien estaba obsesionado porque durara menos de dos horas. Es que, entre más corta sea una película, más opciones tiene de pasarse varias veces en un cine. A Harvey le decían Manos de tijeras y acostumbraba a cortar los filmes a su antojo. Cuando Scorsese vio lo que le hicieron a su viejo proyecto, entró a la oficina de Weinstein y le tiró su escritorio por la ventana.

“Hubiera sido tan exitoso vendiendo metralletas como distribuyendo películas” dijo sobre él el crítico Peter Biskind. Así terminó poniéndole el dedo en el pecho a glorias como Bernardo Bertolucci. Pero su naufragio ocurrió por las denuncias de más de ochenta mujeres de la industria, entre las que se contaban directoras eminentes y actrices como Salma Hayek, Angeline Jolie, quien lo acusó de tener una mala experiencia con él mientras era adolescente, Cara Delevine, quien lo acusó de intentar besarla a la fuerza en una habitación, la actriz Asia Argento afirmó que la había violado. Weinstein venía ejerciendo este poder durante años. Si alguien lo rechazaba, como le sucedió con Mira Sorvino y con Rossana Arquette, simplemente bloqueaba sus carreras. Las denuncias sirvieron para que se conformara el movimiento Me Too y se convirtiera en un tema de interés nacional. En 2022 fue condenado a 16 años de cárcel.

Nunca más en la historia de la industria del cine será igual. Los violadores ya no están  a salvo, ahora huyen de las esquinas.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.