Juan Carlos Ortiz, el niño bien de Bogotá que le robó 170 millones de dólares a más de 1.000 colombianos con InterBolsa

Yo estuve ahí cuando Juan Carlos Ortíz dejó de sonreír. Fue en febrero de 2015. Asistí al primer día del juicio que se le hacía a él y a su socio, Tomás Jaramillo por el desfalco de InterBolsa. Fue en el juzgado 68, en el cuarto piso de la Fiscalía. Recuerdo que los periodistas que nos apostamos allí, comentamos lo deliberadamente “poco elegante” que se veía. A diferencia de la suntuosidad que proyectaba cada vez que salía en televisión -le encantaba salir en televisión- Juan Carlos Ortiz, por consejo de los dos abogados que lo acompañaban, Francisco Bernate Ochoa y José Ignacio Lombana, intentaba parecer lo menos rico posible. La condena por haber estafado a más de cuatrocientos colombianos se daría cuatro años después. Apenas fue de siete años. A los ricos, al final, todo les termina funcionando.

¿Pero quién era Ortiz y por qué fue tan sonado su caso? En 2010, en el momento de su esplendor total y absoluto, se casó con la modelo y presentadora paisa Viena Ruiz. La boda fue por todo lo alto y, según información de la revista Cambio, la luna de miel duró 90 días y costó un millón y medio de dólares. En ese momento, Ortiz y su socio, Tomás Jaramillo, dos niños bien de Bogotá, crearon el Fondo Premium de InterBolsa, en donde administraban 174 millones de dólares que 1260 inversionistas les habían confiado. Ortiz no tenía un pasado brillante. En 1997 había sido expulsado de la Bolsa de Bogotá por conductas irregulares. Igual, se limpió el polvo de sus rodillas y siguió adelante.

Juan Carlos Ortiz era economista de la Universidad Javeriana, siempre fue arriesgado, sobre todo cuando se trataba de plata ajena, por eso puso a InterBolsa, en unos cuantos años, como uno de los holdings más importantes del país. Y esto bajo el aplauso de buena parte de la sociedad bogotana. En el año 2007, por ejemplo, la Revista Semana le hizo un perfil más que elogioso. En él decía lo siguiente sobre Ortíz: “Rodrigo Jaramillo, directivo de Interbolsa, reconoce que la firma comisionista le debe mucho a Ortiz en su proceso de consolidación, y los resultados son evidentes: hoy esa comisionista de Bolsa tiene un patrimonio superior a los 150.000 millones de pesos y es la más grande del sector”. El sentido del artículo era volver a presentar en sociedad al gran inversionista, al nuevo lobo de Wall Street.

Y así cayeron 1.260 de personas que dieron, oigan bien, 174 millones de dólares, muchos de ellos eran jubilados que depositaron sus ahorros ahí para que se multiplicaran. Ortíz, como sus socio, Tomás Jaramillo, decidieron destinar 110 millones de dólares en la especulación de la acción de Fabricato. Esto terminaría derribando a Interbolsa. En el año 2012 la empresa tenía 238 millones de dólares en activos. Y perdieron toda esa plata o, simplemente, la destinaron a gastos personales. Tomás Jaramillo, mientras se desarrollaba el escándalo de Interbolsa, se la pasaba dando fiestas en su yate. Así lo vieron varias veces en el muelle de Santa Marta.

En ese momento, Juan Carlos Ortíz y su esposa Viena Ruiz se daban la gran vida. A la pareja les gustaba viajar. Por eso, estaban lejos del país cuando estalló el escándalo. Una de las virtudes que la modelo Viena Ruiz siempre admiró de su esposo, fue el optimismo. Incluso después del extravagante viaje que los llevó a Qatar, Indonesia y la India en donde cumplió el sueño de conocer el Taj Mahal y que costó 585.000 dólares, pagados con una tarjeta American Express respaldada con recursos del fondo Premium, Ortiz ni se inmutó con el escándalo que lo recibió en Colombia: el castillo de naipes de InterBolsa en donde él había hecho su última fortuna se había desplomado.

Mientras los inversionistas se preguntaban a dónde habían ido sus ahorros, Ortiz seguía campante con su novillada en su finca de Tenjo. Juan Carlos Ortiz era un taurino de racamandaca. De pedigree puro. Viena, su esposa, era la directora de una revista que no duró mucho, se llamaba Nueva. Incluso en 2013, cuando estaba claro que el fondo Premium se había comido los ahorros de las personas que confiaron en él, lucía sonriente en una infinidad de fiestas y cocteles, como si fuera Jaqueline Kennedy en Camelot.

Y al final estos señores salieron ganando. En 2026 podemos saber que no fueron reparados las víctimas y que el caso está completamente cerrado. Tanto Juan Carlos Ortiz como su socio Tomás Jaramillo pagaron sus condenas en la comodidad de sus casas. Fue considerado el mayor escándalo bursátil del país. La justicia determinó, escuchen bien, que las demandas de reparación de las víctimas se presentaron de manera tardía.

Lo que es más indignante en este caso que el hombre que reveló los malos manejos de InterBolsa, el testigo estrella, Ricardo Emilio Martínez Gómez, uno de los socios de la firma, fue el que recibió la condena más severa, diez años de cárcel. Desanimado ante la falta de beneficios por parte de la Fiscalía, Martínez Gómez dejó de colaborar.

Igual las condenas, tanto a Ortiz como a Jaramillo, se elevaron a 12 años para cada uno y sus respectivas multas, pero las víctimas nunca fueron reparadas.

Hoy Juan Carlos Ortiz ya habrá recuperado su sonrisa inacabable y pensará en volver a tener un edificio entero frente al parque de la 93, donde alguna vez estuvo la sede principal de InterBolsa. Esperará que el tiempo pase rápido, y confía en la frágil memoria de los colombianos. Seguro regresará, más rápido de lo que todos imaginaron.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.