En la encrucijada entre el manglar y el mar, donde las raíces negras del Pacífico laten con fuerza en cada tradición que se niega a desaparecer, un grupo de jóvenes ha decidido caminar junto a las mujeres concheras para construir una propuesta de desarrollo anclada en el territorio, en la cultura y en el saber ancestral. Esta es la esencia del proyecto “La Concha como herramienta de desarrollo económico”, liderado por la Fundación Generación V+ en articulación con la Fundación Resistencia Pazcífica y financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
La iniciativa nace desde la realidad de las comunidades afrodescendientes del litoral, reconociendo a las mujeres concheras no solo como recolectoras de moluscos, sino como guardianas del conocimiento ecológico, cultural y económico del manglar. Estas mujeres, a través de generaciones, han sostenido a sus familias con lo que extraen de las zonas de mangle, empleando técnicas que respetan los ciclos naturales y permiten una relación armoniosa con el entorno.
Pero más allá de la subsistencia, la recolección de conchas encarna una tradición de étnica cultura propias de las comunidades negras del pacifico. En ese acto cotidiano habita una comprensión profunda del territorio, una sabiduría que ha sido históricamente marginada y desvalorizada. Justamente, uno de los principales aportes del proyecto ha sido visibilizar ese conocimiento y potenciarlo como base para una economía propia, digna y sostenible.
Para el desarrollo de esta iniciativa, los jovenes le apostaron por un enfoque integral. En primer lugar, se implementaron espacios de formación técnica y social con las mujeres concheras, donde se abordaron temas relacionados con el manejo sostenible de los recursos naturales, la planificación económica comunitaria y el fortalecimiento de capacidades personales y organizativas. En total, 25 mujeres participaron activamente de estos procesos.
Las sesiones fueron diseñadas desde una pedagogía participativa, que reconocía el saber previo de las mujeres y buscaba ampliarlo con nuevas herramientas. Fue así como las participantes no solo adquirieron conocimientos prácticos, sino que también reflexionaron sobre el valor de su oficio, su identidad y su papel como actoras clave en la sostenibilidad de la región.
Además de estos espacios de formación, los jóvenes buscaron fortalecer su labor a través de la entrega de dotaciones a las mujeres participantes: botas, guantes, machetes, canecas, delantales impermeables, entre otros insumos. Esta acción, lejos de ser una simple entrega de herramientas, se convirtió en un acto de reconocimiento y dignificación.
Muchas de las concheras habían trabajado durante años en condiciones precarias, expuestas a cortes, infecciones y otros riesgos sin ninguna protección. Con estos implementos, ahora cuentan con mejores condiciones para realizar su labor, lo que se traduce no solo en un trabajo más seguro, sino también en un mensaje claro: su oficio importa, su bienestar importa.
Además del componente técnico, el proyecto integró un proceso de sensibilización en violencias basadas en género (VBG), reconociendo que muchas de las desigualdades que viven las mujeres del Pacífico tienen raíces estructurales y culturales profundas. A través de talleres y círculos de diálogo, se generaron espacios seguros donde las mujeres pudieron compartir experiencias, identificar violencias naturalizadas y construir estrategias de cuidado y protección colectiva.
Este enfoque permitió visibilizar a las concheras no solo como trabajadoras, sino como lideresas, sujetas de derechos, constructoras de paz y defensoras del territorio. Su rol, por tanto, se amplía y se fortalece, aportando no solo a la economía, sino también a la transformación social y cultural de sus comunidades.
Uno de los aspectos más esperanzadores del proyecto ha sido el papel protagónico de las y los jóvenes en la formulación, ejecución y acompañamiento de la iniciativa. Su participación ha sido una muestra del compromiso generacional con las raíces, el territorio y el respeto a la historia de sus mayores.
Estos jóvenes han comprendido que el desarrollo no puede imponerse desde afuera, sino construirse desde adentro, con la gente, con su cultura, con sus tiempos. Por ello, su trabajo no se limita a la ejecución puntual de un proyecto, sino que busca consolidar procesos sostenibles, continuos y transformadores.
El deseo expresado por las y los jóvenes impulsores de esta iniciativa es claro: continuar trabajando junto a las asociaciones de mujeres concheras, no solo en el marco de esta propuesta, sino a través de procesos sostenidos que sigan aportando a la dignificación de su labor, al fortalecimiento de sus organizaciones y a la defensa del territorio. En este sentido, la fundación ha manifestado su compromiso de mantener la articulación con las mujeres y seguir promoviendo acciones que reconozcan, protejan y potencien su rol en la construcción de un Pacífico más justo, autónomo y resiliente.
En un contexto marcado por el abandono estatal y la precarización de los oficios tradicionales, esta iniciativa representa una luz de esperanza y una respuesta concreta a las múltiples formas de exclusión que han vivido las comunidades negras, particularmente las mujeres. Además, pone sobre la mesa la importancia de pensar el desarrollo desde una perspectiva étnico-territorial, que no imponga modelos externos, sino que parta del reconocimiento profundo de las prácticas locales.
Al poner en el centro a la concha y a las mujeres que la recolectan, la Fundación Generación V+ y la Fundación Resistencia Pazcífica nos recuerdan que el futuro del Pacífico no está solo en proyectos que busquen la industrialización, sino también en el rescate, protección y dignificación de las prácticas que han sostenido la vida durante siglos, en armonía con la naturaleza y con una visión de desarrollo más humana, justa y sostenible.
El proyecto “La Concha como herramienta de desarrollo económico” fue auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco de las Escuelas de Liderazgo Juvenil en San Andrés de Tumaco, Nariño, que adelantó la Línea de Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES).



