El grupo de medios noticiosos del canal Caracol contrató un estudio a la empresa Invamer, para que investigara con datos, cuantitativos y cualitativos, cuál es la intencionalidad de voto para las elecciones presidenciales (tanto para la primera vuelta, como para la segunda, si la hubiera); y dicho sondeo dio como resultado que, al día de hoy, el elegido presidente de Colombia sería Iván Cepeda.
En respuesta, la tendencia de los progresistas e izquierdistas, ha sido naturalmente validar con entusiasmo los resultados de dicho estudio, aun sabiendo ellos, más que los ciudadanos corrientes, cómo estas evaluadoras conciben y diseñan las encuestas con inteligencia inescrupulosa y con el propósito de favorecer, sí o sí, a quienes las contratan.
Lo cierto es que, la mayoría de las personas que conozco, sin sopesar siquiera si hay o no una estrategia política dirigida a confundir a los encuestados, manifiestan no creer en las encuestas. Por mi parte, aunque reconozco en ellas su efectividad en eso de estudiar el comportamiento de los consumidores y del márquetin, nunca he creído en sus investigaciones cuando tratan asuntos de sondeo político.
Sin embargo, me llama la atención que, a esta agencia de análisis y evaluación de tendencias de opinión, la citada Invamer, los simpatizantes del presidente Petro y del candidato Iván Cepeda -izquierdistas y progresistas- le hallan validado el reciente estudio de sondeo, aun siendo sospechosa de parcializada; pues, es bien conocida la protección intrínseca que estas empresas otorgan a los intereses de quienes las contratan. En este caso, y por ello los resultados de la encuesta resultan insólitos, la contratante ha sido Caracol, cuyo periodismo delincuencial lo ha puesto en contra del gobierno del presidente Petro, por medio de sus autómatas periodistas, que quisieran aniquilar cuanto signifique el proyecto del cambio progresista.
No obstante, porque desconfío de las consultoras de la opinión pública -ya dije que no creo en la honestidad de sus investigaciones-, veo cómo en esta ocasión, pese a mostrar resultados desfavorables al interés de sus contratantes, hay hechos reales por los cuales es posible argumentar, sin equívocos, que tampoco esta vez nos han dicho la verdad.
Me explico: pese a ser la incredulidad una suerte de inercia, o temor a la acción, y pensando como lo haría el apóstol Tomás, considero preferible “ver para creer”. Se trata de una alternativa coherente, pues los hechos políticos -contrarios a las resurrecciones- ocurren en el mundo objetivo de los cinco sentidos de la percepción humana, y de los denominados sentido común y sentido lógico.
Bajo tales presupuestos, puedo asegurar con absoluta certeza que los resultados de Invamer, si fueron hechos con honestidad, fallaron, y si no fue así, entonces están vendiéndose una mentira a sí mismos. Digo esto, porque al comparar las movilizaciones de electores, de simpatizantes, de partidarios y de gente independiente que respalda a uno u otro candidato, nos toparemos con este contraste: mientras Iván Cepeda llena todas las plazas públicas, a los candidatos oponentes al Pacto Histórico no les pasa lo mismo. Y la diferencia es tanta como para decir sin temor a equivocarnos que, de cada cien personas presentes en las rondas de Iván Cepeda, apenas diez o quince asisten a las de sus oponentes.
De tal suerte, distinto a lo publicado por la evaluadora Invamer, Cepeda no tiene un favoritismo del 43 %, sino del 60 o 70 %, como lo demuestran las manifestaciones públicas de los electores. Eso es lo que se ve; y por ser una realidad tangible no puede negarse ni hay cómo desvirtuarla. Por el contrario, cada vez será mayor el número de personas tras sus rondas de campaña y es muy seguro que, de no haber trampas electorales terminará ganando en la primera vuelta y con un amplísimo margen.
Un poco antes de que se inscribiera y proclamara como candidato a la presidencia, me atreví a escribir -en texto publicado por el Semanario Voz- que de lanzarse a la presidencia Cepeda no tendría rivales. Ahora, siendo testigo de tanta simpatía y respaldo a sus propuestas y a su decisión de continuar con los programas del presidente Petro, puedo visualizar su victoria arrasante, pero esta vez con certeza fundada, igual a muchos izquierdistas y progresistas que la están intuyendo.
Esta coyuntura política y resonancia de un triunfo por suceder, debe alertarnos sobre la urgente necesidad de seguir trabajando en las lides políticas -haciendo a un lado las expectativas alegres de la encuesta de Invamer y las suscitadas por las multitudes que siguen a Iván Cepeda- y continuar animando nuestra capacidad de acción política, despertando el “zoon politikon” al cual se referían los griegos para describir la fuerza e impulso político que todos llevamos dentro, seamos o no militantes de partidos, librepensantes o alineados a tal o cual ideología.



