Humillado por Bogotá, con todas las ilusiones quebradas: el triste final de Bolívar

Hay grandes biografías de Bolívar. Todas muy bien contadas. Una de ellas, la de Indalecio Liévano puede ser la más famosa de todas. En su entrada advierte que no hablará de las grandes gestas militares (“No es mi labor sino la de los expertos en batallas”) pero sí intenta buscar las claves de su vida personal , sus mujeres, su impulso vital. Jhon Lynch se centra más en su exitosa campaña por todo el continente -es el hombre que más anduvo a caballo en toda la historia, no sé de dónde salió el conteo de kilometraje- pero tal vez la biografía más determinante del Libertador la hizo Gabriel García Márquez.

Sepultado por la gloria de Cien años de soledad y el Amor en los tiempos del cólera, será muy difícil que en algún conteo de los mejores libros sobre Gabo aparezca El general en su laberinto pero impresiona que en tan pocas páginas pueda estar condensada las semanas finales de una vida tan agitada. El retrato es tan perfecto que puede ser milagroso: podemos ver a Bolívar meditar en su bañera, flotando boca arriba, desnudo y con los ojos abiertos. Su sirviente de confianza, Jesús Palacios, muchas veces lo encontraba así y pensaba, casi siempre, que Simón Bolívar había muerto. Gracias a García Márquez sabemos lo que desayunaba en sus últimos días un mancillado Libertador: una infusión de amapolas que era lo único que le quitaba la fiebre por unos días.

Su historia con Santa Fé de Bogotá es la de un amor no correspondido. La amó con intensidad pero acá sólo encontró traiciones. Incluso, en 1828, cuando era presidente, tuvo que soportar un atentado contra su vida. La habilidad de Manuela Sáenz le dio los minutos suficientes para salvarse. Se escondió debajo de un puente, con los pies metidos en una quebrada, recibiendo la lluvia perpetua que cae en la sabana. Lo peor fue tener que constatar que entre los que conjuraban contra él estaba gente que adoraba. Uno de ellos era “Casandro” apodo con el que llamaba a Francisco de Paula Santander, un militar que coqueteaba peligrosamente con la crueldad y que, a punta de leyes, ordenó el país después de la revolución pero le quitó la posibilidad de que se uniera con otras naciones formando una gran liga. Sólo la unión haría la fuerza. Pero en 1830 su destitución era inminente. “Acá no nos quieren” le dijo a Palacios y con un par de baúles llenos de algunos libros y cubiertos de plata, se fue de la sabana de Bogotá, entre la fiebre y el ardor constante de los pulmones. Allí fue donde, al ver su exiguo trasteo, le dijo a Palacios “La gloria cabe en un zapato”. El Libertador nació en una de las familias más acaudaladas de América y se iba a su viaje final con un puñado de objetos.

Cuenta García Márquez que su salida de Bogotá fue miserable. A las penas derivadas de las enfermedades estaba el desprecio general. Bolívar tuvo que recibir mientras se iba de esta tierra bolas de bosta de vaca tiradas por la gente mientras le gritaban “Longanizo” un apodo que le habían dado en sus últimos años. Además veía en las paredes letreros pintados con sangre de vaca dedicados a él.

Viajar en 1830 era tortuoso, a lomo de mula, de caballo, lento y expuesto a las inclemencias del clima. Así llegaron hasta el puerto de Honda, en donde, a pesar de la enfermedad, Bolívar tuvo los arrestos para bailar por última vez en una fiesta organizada en su honor. Llegó a Mompox en donde se vio con una antigua amante. La idea era irse a Londres, retomar fuerzas, renacer una vez más. Pero la muerte lo encontró en Santa Marta, mientras esperaba en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Tenía 46 años. Sólo la muerte pudo redimir su imagen. Nadie sabía que había muerto el personaje más importante de nuestra historia. Pero en Bogotá nadie sabía. Doscientos años después de su muerte la polémica sigue viva como si él jamás hubiera muerto.

Noticias al Minuto

* Las opiniones, análisis, interpretaciones y posturas expresadas en los informes, artículos y contenidos publicados en este espacio son responsabilidad exclusiva de sus autores e investigadores.

La Fundación Paz y Reconciliación (PARES) no necesariamente comparte, adopta ni se compromete institucionalmente con dichas posiciones.

Estos contenidos se presentan en el marco del ejercicio de investigación, reflexión académica y debate público, con el propósito de aportar a la comprensión de las realidades sociales y políticas del país.

Picture of Redacción Pares

Redacción Pares