Las voces del territorio reclaman acompañamiento, organización y oportunidades para avanzar hacia una minería artesanal formalizada y con mejores condiciones para las familias.
Desde la vereda San José, en el Alto Tapaje, municipio de El Charco, Nariño, Yuli Oleisa Ruiz comparte una mirada sobre el significado que tiene la minería artesanal para las comunidades de este territorio. Su testimonio refleja una realidad que viven numerosas familias del municipio: la búsqueda de alternativas económicas que permitan mejorar sus condiciones de vida y brindar mayores oportunidades a las nuevas generaciones.
El Charco cuenta con aproximadamente 84 veredas, muchas de ellas dispersas territorialmente, donde las familias tradicionalmente han encontrado en actividades como la agricultura de subsistencia o el denominado pan coger una de sus principales fuentes de sustento. Sin embargo, la minería artesanal se ha convertido también en una alternativa económica para numerosas familias.
“Nuestras familias y nuestras comunidades viven del pan coger, pero en el momento en que llegó la posibilidad de trabajar las minas artesanal, la gente ha podido mejorar su calidad de vida.”
Para Yuli, la minería no representa necesariamente una posibilidad de enriquecimiento, sino una fuente adicional de ingresos que permite atender necesidades básicas de las familias. Educación, alimentación, sostenimiento de los hogares y apoyo a padres, esposas e hijos hacen parte de las motivaciones que llevan a muchas personas, especialmente jóvenes, a incorporarse a esta actividad.
UNA OPORTUNIDAD PARA LAS FAMILIAS
El testimonio evidencia que, para las comunidades mineras de El Charco, la actividad no puede analizarse únicamente desde una perspectiva económica. Detrás de cada trabajador existen familias que dependen de los ingresos obtenidos para construir proyectos de vida.
La posibilidad de generar recursos a través de la minería representa para muchos padres una oportunidad de brindar mejores condiciones educativas a sus hijos y contribuir al bienestar de sus familias.
“Con esto yo puedo darle un estudio mejor a mis hijos, le puedo dar una calidad mejor a mis padres”, expresa Julio, al explicar las expectativas que existen alrededor de esta actividad.
Esta dimensión social permite comprender por qué las comunidades reclaman mayores oportunidades de capacitación, acompañamiento institucional y orientación para quienes actualmente desarrollan minería artesanal.
EL LLAMADO A LA FORMALIZACIÓN
Uno de los principales mensajes que surge de la entrevista es la necesidad de avanzar hacia la formalización de la minería artesanal.
Para los mineros del territorio, la informalidad genera incertidumbre frente al futuro de su actividad y de los ingresos que reciben sus familias. Por ello, uno de los principales reclamos es contar con acompañamiento institucional que les permita organizarse y desarrollar su actividad dentro del marco legal.
señala la necesidad de que El Charco sea visibilizado y atendido por las autoridades del sector minero, especialmente para que las comunidades puedan acceder a procesos de organización y formalización.
“Necesitamos organizar organizaciones mineras dentro del municipio de El Charco, legales, para que puedan trabajar sin ningún problema, sin ningún susto.”
Esta solicitud refleja una preocupación fundamental: la necesidad de transformar una actividad económica existente en una actividad organizada, acompañada y jurídicamente reconocida.
UNA MINERÍA CON OPORTUNIDADES PARA EL TERRITORIO
El caso de El Charco demuestra que cualquier discusión sobre minería debe considerar las particularidades sociales y económicas de los territorios donde esta actividad se desarrolla.
Para comunidades dispersas, con limitadas alternativas económicas y con familias que buscan mejorar sus condiciones de vida, la minería artesanal puede representar una fuente importante de ingresos. Sin embargo, el desafío está en lograr que esta actividad avance hacia mayores niveles de formalización, organización, capacitación, seguridad y responsabilidad ambiental.
Si bien es cierto, estas oportunidades deben estar enmarcadas en el marco de la legalidad, aceptar los lineamientos para poder ejercer una actividad extractiva de acuerdo a la normativa Colombiana, por eso es importante acceder a la formalización minera y cumplir con lo estipulado en la Ley, licenciamientos ambientales, PTO y los demás elementos requeridos.
El testimonio de Yuli Oleisa Ruiz plantea, en últimas, una petición concreta: que las instituciones acompañen a las comunidades y reconozcan sus capacidades para construir alternativas desde el territorio.
La minería artesanal, desde esta perspectiva, no es solamente una actividad extractiva. Es también una actividad alrededor de la cual se construyen expectativas familiares, oportunidades para los jóvenes y proyectos de vida.
Por eso, el mensaje que surge desde el Alto Tapaje es claro: las comunidades no están pidiendo únicamente trabajar; están pidiendo oportunidades para organizarse, formalizarse y trabajar con tranquilidad.
Y quizás esa sea la idea que mejor resume su testimonio:
“Hay una esperanza, hay una posibilidad.”
BIBLIOGRAFIA:
- youtube.com/watch?v=9UfNe4IREpg



