No, no vayan a creer que Fidel Castro, el 9 de abril de 1948, era ya un connotado político cubano. No, en ese momento tenía 21 años y no vestía verde oliva, pero ya tenía inquietudes marcadas. Era uno de los líderes estudiantiles más importantes de Cuba. Había llegado a Colombia, como tantas otras personas, por la IX Conferencia Panamericana que se tenía previsto realizar en Bogotá entre el 30 de marzo y el 2 de mayo de 1948. Fue Arturo Alape, en su excepcional libro sobre el Bogotazo, quien lo entrevistó en La Habana. El comandante, entonces, desbloqueó sus recuerdos. Afirmó que todo lo que supo sobre movimiento y control de las masas lo aprendió ese 9 de abril.
Dotado de una memoria eidética, Fidel nos da un retrato único de Gaitán, quien en ese momento se encontraba no solo alistando la campaña a la precandidatura presidencial, sino que tenía que defender a los cientos de miles de liberales que en Colombia eran acosados por el régimen conservador de Mariano Ospina Pérez. Pero un caso ocupaba buena parte de su agenda, la defensa del teniente Jesús María Cortés Poveda. Aun así, el 7 de abril de 1948, Gaitán recibió a Fidel y a la delegación cubana. De esta manera lo recuerda quien fuera el líder la revolución una década después: “Nos recibió en su oficina el día 7 de abril, nos entrevistamos con él; nos trató con gran amabilidad, nos habló con simpatía de lo que estábamos haciendo. Nos entregó distintos folletos contentivos de sus discursos, entre ellos una preciosa pieza oratoria: ‘Oración por la paz’, que pronunciara en semanas pasadas recientes, después de un gigantesco desfile de masas, en protesta contra los asesinatos que se venían cometiendo en todo el país contra sus partidarios”
El impacto que tuvo Gaitán en Fidel jamás abandonó al líder cubano. Afirmaba siempre que se le preguntaba, que era una fuerza de la naturaleza, que se notaba que iba a arrasar en las elecciones presidenciales que se realizarían dos años después, que era realmente progresista. Lo más impactante para Fidel es que supo que le había caído bien al caudillo, tanto que fue citado para hablar con él a las tres de la tarde del 9 de abril de 1948. Vale la pena recordar que Gaitán sería asesinado dos horas antes, mientras salía de su despacho.
Como un río caudaloso, la masa se movió ese día por la carrera Séptima. Fidel afirma que intentó darle algún tipo de identidad y objetivo a esa multitud porque los dirigentes liberales brillaron por su ausencia. Ahí supo que, si no se le da un fin claro a una manifestación, esta puede implosionar. Y así sucedió el 9 de abril de 1948, cuando el ejército le falló al pueblo y también lo hizo el Partido Liberal, y sobrevino un aguacero, lo que vino después fue el caos total, la anarquía y la pérdida de una oportunidad histórica.
Fidel, sobre la madrugada del 10 de abril, ya sabía que el pueblo había perdido. Todo lo que aprendió ese 9 de abril le serviría para implementarlo unos años después en la confrontación que le ganó a Batista.



