Este es el panorama electoral. Colombia a pocos días de las elecciones del 8 de marzo

Con el calendario electoral marcando el 8 de marzo como fecha definitoria, el panorama político colombiano de cara a las presidenciales de 2026 empieza a mostrar con mayor nitidez sus contornos, sus fracturas y sus apuestas de fondo. Las encuestas de las últimas semanas (realizadas por Invamer, GAD3, Atlas Intel, Guarumo-Ecoanalítica y el CNC) permiten trazar un mapa que, más allá de los números, revela tres grandes dinámicas que van a marcar el ritmo de este ciclo electoral: (1) la consolidación de una disputa bipolar entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella como los únicos jugadores del primer lote, (2) la fragmentación de los centros y las derechas en su carrera por ocupar la tercería, y (3) la lógica de acumulación política que subyace a las tres consultas interpartidistas que se medirán este domingo, pues lo que está en juego no es solo quién gana, sino quién llega en mejor posición de negociación a la primera vuelta de mayo.

—¿Qué dicen las tendencias?

Para clasificar las encuestas y sondeos que se han realizado en la última semana, hay que dividir el panorama electoral en tres grandes lotes. El primero de ellos será el lote que contendrá a Iván Cepeda y a Abelardo de la Espriella, pues son hoy por hoy (y durante los últimos tres meses) los punteros más importantes de la carrera hacia la presidencia. En un segundo lote estarán los candidatos de las tres consultas interpartidistas que se medirán en la jornada del próximo domingo 8 de marzo, y en el último lote estará la medición del voto de opinión frente a las listas a Senado de la República.

Frente al primer lote, está claro que los únicos jugadores son Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, y Abelardo de la Espriella, candidato del Movimiento de Salvación Nacional. Las tendencias no han cambiado desde hace más de tres meses, pues ambos candidatos siguen punteando muy lejos del grueso del pelotón que los escolta, y aunque ha habido situaciones coyunturales que han generado ruido en este ciclo electoral (aumento del salario mínimo, decretos de emergencia, cuestionamientos al sistema electoral, acusaciones a ciertos candidatos de pertenecer a la insurgencia, aumento de la violencia política, como lo señalamos en nuestro quinto informe), no han habido muchas variaciones en la intención de voto para ambos.

De hecho, en las últimas cinco mediciones (realizadas por Invamer, GAD3, Atlas Intel, Guarumo-Ecoanalítica y el CNC) Iván Cepeda cruzó el umbral del 30 % de la intención de voto y se ubica en un margen que va entre el 34 % y el 37 %. Según Atlas Intel, entre el 67 % y el 69 % de los encuestados había votado por Gustavo Petro en 2022 y votarían por Iván Cepeda en la primera vuelta de 2026, lo que implica que, de alguna u otra forma, la base más fuerte del progresismo, con la que Gustavo Petro logró pasar a segunda vuelta en mayo de 2022 se inclinaría a votar por el candidato del Pacto Histórico.

Caso distinto a lo que ocurre con Abelardo de la Espriella, que ha tenido una alta variabilidad en las últimas cinco mediciones, con un margen muy amplio cuyo piso inferior es del 16,7 % (en la encuesta del CNC), frente al 31,9 % que logra en su medición más alta de Atlas Intel. Esta variabilidad se explica, en parte, por la presencia de Paloma Valencia en los escenarios electorales como potencial tercería, lo que ha llevado a la división del voto de derecha y a la contención de Abelardo como única opción viable desde la extrema derecha.

De ahí hacia abajo, la mayoría de los candidatos varía entre el 2 % y el 12 %, y son los candidatos que se están disputando la tercería. Esta es importante porque va a definir el capital político de negociación frente a la segunda vuelta, los apoyos políticos y los límites en la concertación entre sectores para conformar gobiernos de coalición hacia el futuro.

En este bloque está punteando Paloma Valencia, cuyo margen va del 4 % al 10 % y quien se perfila tanto como ganadora de la Consulta por Colombia (la de partidos y movimientos de la centroderecha a derecha) como potencial tercería, seguida de Claudia López, que tiene un margen que va entre el 3% y el 11,7 %, y que ha venido repuntando en estas mediciones, luego de que Sergio Fajardo declinara participar en la Consulta de la Soluciones y se atrincherara en su propia candidatura.

Detrás de estos dos candidatos se encuentra Victoria Dávila, quien tiene un margen mucho menor de entre el 1,9 % y el 2,7 %, y Juan Manuel Galán, que tiene un margen de entre el 0,7 % y el 2,5 %. Sin mayores posibilidades de crecimiento en general, tienen la ventaja de que han estado en los primeros lugares de medición de la Consulta por Colombia, por lo que pueden dar la sorpresa en caso dado de que Paloma Valencia llegue a descolgarse en los últimos días, aunque es poco probable que suceda a menos de una semana de la jornada electoral.

Los demás candidatos tienen intenciones de voto muy por debajo del margen de error, o no terminan de romper el techo del 2,0 % en la intención de voto a corte del 1 de marzo de 2026. Es probable que muchos de ellos, tras los resultados de las consultas, decidan retirarse para apoyar a un candidato con mayores posibilidades, especialmente si las cifras de votación en esas consultas son lo suficientemente altos como para que puedan llegar con mucha fuerza a la primera vuelta.

—Así van las consultas

Brevemente, las tres consultas interpartidistas que se presentarán el próximo 8 de marzo también fueron medidas por las encuestadoras en las últimas semanas. De ellas, la que mayor intención de voto ha tenido ha sido la Consulta por Colombia, conformada por varios candidatos en el espectro de la centroderecha a la derecha, y en la que Paloma Valencia va punteando, en su mayoría, con un porcentaje entre el 17 % y el 41,6 %. Luego le sigue Juan Manuel Galán, que tiene un margen de apoyo entre el 3 % y el 13 %. Detrás de él está Vicky Dávila, quien tiene una intención de entre el 7 % y el 11,9 %, y finalmente cierra Juan Daniel Oviedo, con porcentajes entre el 2,0 % y el 12,9 %.

La intención de voto de esta consulta en general está entre el 26 % y el 37 %.

Le sigue la consulta del Frente Amplio por la Vida, en la que se esperaba que se unieran todos los bloques de los progresismos y las izquierdas, pero que tras el impedimento del Consejo Nacional Electoral para que Iván Cepeda participara en ella, la mayor parte de los candidatos decidió retirarse. Los pocos que quedaron en ella son candidatos de los movimientos sociales en su mayoría desconocidos para la opinión pública, Daniel Quintero y Roy Barreras.

De esa, la sorpresa la ha dado Daniel Quintero, quien ha tenido un margen de entre el 4 % y el 68,1 % de intención de voto para esta consulta. Este crecimiento ha sido meteórico, pues Roy Barreras esperaba capitalizar los votos de esta misma para lograr imponerse ante Cepeda, a quien ha convertido en su principal contendor. Quintero, quien va con el aval de AICO, se perfila como el candidato que, de ganar esta consulta, entraría a disputar con Cepeda las riendas del progresismo en la primera vuelta presidencial.

En la última consulta, la Consulta de las Soluciones, Claudia López se lleva más del 90 % de la intención de voto frente a otro candidato que también ha sido desconocido para la ciudadanía.

—¿Cómo interpretar estas tendencias?

Como lo hemos señalado en momentos anteriores, las explicaciones que podemos encontrar para este panorama electoral están en tres puntos.

  1. Los altos porcentajes de Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella en las encuestas durante los últimos tres meses responde más a la disputa por el proyecto político del país a futuro, en el marco de una transición política que viene desde la firma de los Acuerdos de Paz en 2016, y que desde la Línea de Democracia y Gobernabilidad hemos rastreado desde mediados de 2025 como tesis para explicar el panorama político en este último año. Es una disputa existencial, porque son dos proyectos antagónicos de país, que buscan transformar el panorama estructural de las instituciones (vía Constituyente desde el progresismo, vía cambiar agenda de derechos y bloque de constitucionalidad de La Habana en el caso de las nuevas derechas) pero también quieren convertirse en los nuevos horizontes de sentido común, tras la debacle del uribismo como proyecto político (que tiene en Paloma Valencia su esperanza de sobrevivir y reinventarse) y la disgregación de las centroizquierdas y centroderechas ante la falta de narrativas y mitos propios que movilicen a la gente en general hacia el futuro.

Ante un escenario de vacío hegemónico en el que las élites no están unidas para resolver los grandes problemas del país, y en el que han surgido actores nuevos que han entrado al poder (Petro en 2022, pero la candidatura de Rodolfo Hernández también), estas dos propuestas se han convertido en opciones para llenar ese vacío y redistribuir las lógicas internas de representación política en Colombia.

  1. La verdadera competencia electoral del próximo 8 de marzo será por definir quienes son los candidatos llamados a ocupar la tercería tras Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. Allí es donde se definen las opciones electorales de los centros y donde compiten por ocupar un lugar privilegiado que les dé posibilidad de derrotar al segundo, o de llegar en una muy buena posición de negociación a la segunda vuelta. En caso de que Paloma logre romper la barrera de los tres millones de votos, es seguro que se vuelve la opción para derrotar a Abelardo de la Espriella en primera vuelta, con el riesgo de que se divida el voto de la derecha y no pueda capitalizar la fuerza con la que gane la consulta. No obstante, es claro que por cercanía ideológica es posible que estos sectores de derecha terminen convergiendo.

 

Frente a Claudia López, también depende de la cantidad de votos que saque en su consulta el 8 de marzo para reclamar un escenario de negociación con Fajardo para lanzar una candidatura unida hacia 2026. López parte de la ventaja que le da medirse en un escenario inicial y del lugar que ha venido recogiendo en las encuestas para poder eventualmente negociar con Fajardo sobre quién se queda con la nominación de su bloque. Igual, de no lograr esa negociación, queda en riesgo de que se divida los votos con Fajardo y termine repitiéndose un escenario electoral similar al de 2022, donde las opciones de Centro quedaron lejos de los tres primeros candidatos.

Finalmente, la elección entre Daniel Quintero y Roy Barreras en la consulta del Frente por la Vida no tiene la misma relevancia electoral que la consulta del centro o la centroderecha, en tanto tienen un escenario mucho más complicado que superar frente a sus contendores, que es superar la barrera de los dos millones de votos, más de los que sacó Iván Cepeda en la consulta del Pacto Histórico de 2025. De igual modo, Cepeda está obligado a ir a la primera vuelta por que no puede renunciar al haber obtenido su nominación por medio de una consulta interpartidista, pero tampoco lo puede hacer el ganador de la consulta del Frente Amplio. Existe la posibilidad de hacerlo pagando una multa, pero es claro que, en el grado de antagonismo existente entre los bloques del progresismo, es poco probable que las candidaturas se bajen.

De hecho, la estrategia de Roy Barreras ha girado sobre convertir a Iván en su contrincante político directo, al hablar de una campaña política “con hechos” y de acusar a sectores de izquierda del progresismo como “sectarios” y “oposición de izquierda”, ocupando estos términos que el presidente Petro señaló en su famosa alocución del 5 de febrero de 2025.

  1. Estas elecciones son un proceso de capitalización política con el objetivo de llegar en posiciones ventajosas a las negociaciones electorales del futuro. Gran parte (si no toda la mayoría de estas consultas) van a terminar respaldando a su candidato ganador, lo que implica que a la primera vuelta no solamente llega quien gane, sino detrás de él los candidatos perdedores, su capital político-electoral y sus propuestas para sumarse a una campaña muchísimo más grande. Es claro que parte de estas negociaciones girará sobre redistribución de la burocracia (gabinete ministerial y direcciones del Ejecutivo) pero también sobre la construcción de coaliciones en el Congreso y movilización de estructuras electorales.

 

—A modo de cierre: ¿Qué esperar entonces del próximo 8 de marzo?

Con el escenario de las encuestas divisado, queda solo observar cómo se comportan estas tres variables en la jornada del próximo domingo, que definirá un nuevo Legislativo para los próximos cuatro años.

  • Hay que observar si la participación en las consultas es igual o mayor que en 2022. Para ese año, una cantidad de 12,1 millones de personas votaron en alguna de las tres consultas que hubo, teniendo en cuenta que en ese ciclo se presentaron Petro, Federico Gutiérrez y Sergio Fajardo como los grandes candidatos en cada consulta. No obstante, para este ciclo ni Cepeda, ni De la Espriella, ni Fajardo están en el tarjetón, por lo que se espera que la cantidad de votantes sea menor, y que el efecto arrastre que se esperaba a nivel de votaciones de Senado y Cámara se vea disminuido.
  • Hay que estar atentos a si la Ley de Encuestas y las modificaciones técnicas para encuestas y sondeos termina reflejando de manera mucho más real las dinámicas electorales de la población colombiana, o si es posible que sigan teniendo grandes desfases frente a las cifras finales.
  • Hay que vigilar si las intenciones de voto a los partidos en el Congreso también son coherentes con lo que han medido las encuestas. Aunque la mayoría pone a la lista del Pacto Histórico a Senado como la más votada, con un rango entre el 28,2 % y el 28,7 %, seguida de la lista del Centro Democrático con un 17,6 % al 21,7 %, sí que es verdad que estas mediciones no tienen en cuenta el peso de movilización de maquinarias clientelares, estructuras políticas territoriales y sectores de la burocracia local, regional y nacional que van a contrarrestar el voto de opinión (que es el que mide estas encuestas).

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Óscar A. Chala

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, con interés en el análisis de coyuntura, la teoría política aplicada y la construcción de marcos de interpretación alternativos desde la ciencia política para las ciudadanías y los movimientos sociales