Rumbo al primer mes de la guerra en Medio Oriente, desde Estados Unidos ya hay incomodidad por lo larga que empieza a tornarse la confrontación. Los ataques empezaron a finales de febrero y tuvieron como resultado el asesinato del líder máximo de la revolución islámica, el Ayatola Jamenei. En Washington ya se temen algunas derrotas políticas debido a que la operación en Irán estuvo lejos de tener la eficacia que caracterizó la operación que sacó a Maduro del poder en Venezuela. En la región, el gobierno Trump ha encontrado un aliado incondicional, se trata de Pakistán que fue el encargado de enviar un plan de 15 puntos que busca ponerle fin a la guerra.
Ningún medio norteamericano tuvo acceso al borrador del plan pero es seguro que aborda el tema de bombas nucleares y misiles balísticos de Irán. La cruzada de Estados Unidos en Irán arrancó el pasado 28 de febrero al bombardear lugares estratégicos para el armamento iraní, como lanzadores de cohetes y laboratorios químicos. Los ataques se han realizado en conjunto con Israel. Irán ha respondido atacando países árabes vecinos y aún tiene 440 kilogramos de uranio. Pero lo más grave para occidente es el bloque por el estrecho de Ormuz, que es la única entrada y salida del Golfo Pérsico a los barcos que transportan petróleo.
Eso sí, la guerra no para en Oriente Medio. Así lo afirman portavoces de la Casa Blanca: “Mientras el presidente Trump y sus negociadores exploran esta nueva posibilidad diplomática, la Operación Furia Épica continúa sin cesar para lograr los objetivos militares establecidos por el Comandante en Jefe y el Pentágono”.
Un personaje clave en esta negociación es el jefe del ejército pakistaní, Syed, Asim Munir quien se convirtió en un elemento clave para mantener la conversación entre Estados e Irán, Egipto y Turquía, y se ha mostrado muy complacido de prestarle este servicio a alguien con el que espera siempre quedar muy bien, el presidente norteamericano. Están lejos los días en los que Pakistán era reconocido por ser una amenaza contra el mundo debido a su programa nuclear.
“Con el consentimiento de Estados Unidos e Irán, Pakistán está dispuesto y se siente honrado de ser anfitrión para facilitar conversaciones significativas y concluyentes que permitan una solución integral al conflicto actual”.
El optimismo en Oriente Medio y, sobre todo en Washington, debe ser moderado, porque desde Irán el silencio es la respuesta. La muerte de figuras clave como el último Ayatola ha abierto heridas que difícilmente se cerrarán en ese país.



