Después de la violencia desatada por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, luego de la caída del gobierno de Laureano, la aparición del general Rojas Pinilla imponiendo su gobierno y sus excesos, llegando a masacrar incluso a estudiantes de la Universidad Nacional que protestaban en contra de su dictadura, el país parecía estar condenado al Frente Nacional, una entelequia en donde los liberales y conservadores se repartirían el gobierno cada cuatro años.
Las elecciones de 1970 tuvieron una particularidad y fue la organización de la ANAPO “Acción Nacional Popular”, que tenía como candidato a Rojas Pinilla. En Colombia la memoria es frágil y 15 años después de los hechos de violencia que caracterizaron su dictadura, él ya estaba listo para regresar al ruedo.
Desde antes de las elecciones el clima estaba viciado. Basta con pasarse con los comentarios de periódicos como El Espectador en esa época para darse cuenta de la dimensión en la que estaba la contienda política. El 4 de marzo de 1970 este periódico dice lo siguiente: “En esta campaña electoral hubo una fuerte intervención del gobierno con el apoyo al candidato oficialista, Misael Pastrana. Tanto el presidente Carlos Lleras Restrepo, como el alcalde de Bogotá Virgilio Barco, inauguraron permanentemente obras públicas, instituciones e hicieron alusión a las obras realizadas durante el gobierno del Frente Nacional desde 1958. Con estas alusiones, se pretendió hacer ver que el país había logrado desarrollo y modernización durante este periodo, lo que justificaba su continuidad”.
Las elecciones se llevarían a cabo el 19 de abril. Había tensión, incertidumbre.
El 19 de abril en la noche, Rojas Pinilla le ganaba las elecciones al candidato conservador Misael Pastrana por una diferencia de 113.000 votos. El presidente de ese momento era Carlos Lleras Restrepo, quien, de un momento a otro, ordenó que se siguieran transmitiendo los boletines radiales. Así pasó la noche en el país, entre la alegría y el temor de que la oligarquía volviera a meter sus manos en un proceso popular legítimo. El miedo se volvió realidad. En el boletín final, la diferencia de votos que le llevaba Rojas a Pastrana había desaparecido y, al contrario, este último le llevaba 9.000 votos a favor. La diferencia al final fue de 63.000 votos con los que ganó Pastrana.
Las calles se llenaron de gente y de gritos que señalaban el fraude. Jóvenes seguidores de la Anapo, como Jaime Bateman, que rumió su inconformidad, primero abrazando la causa de las guerrillas campesinas, como las FARC y luego, desengañado por su dogmatismo, decidió formar un grupo aparte, el M-19. Una de las razones por las que el M-19 tuvo tanto arraigo popular, tuvo que ver con que nació con una causa justa. Los cientos de miles de colombianos que se sintieron burlados por el fraude- un fraude que el propio ministro del Interior, Carlos Augusto Noriega, conocido como “el tigrillo”, reconoció que, si bien no hubo un fraude perpetrado por el estado central, sí existieron fraudes en algunos departamentos como Nariño. Noriega lo hizo en 1998, a través de un libro, 28 años después.
Producto de este fraude se levantaron en armas los del M-19. Las siglas tenían que ver con el 19 de abril, una fecha terrible para el país. El tema vuelve a agitarse, debido a los señalamientos que ha hecho el presidente, de manera reiterada, advirtiendo sobre un posible fraude. La MOE, en cabeza de Alejandra Barrios, ha desestimado estas acusaciones y esta es una voz de peso. Pero no se puede olvidar jamás que, en este país, ya, al menos, una vez, se robaron las elecciones.



