El uribismo saca de contexto a Iván Cepeda con sus señalamientos sobre el paramilitarismo en Antioquia

A unas cuantas semanas de que arranquen la primera vuelta presidencial, la desinformación está a la orden del día. El pasado 12 de febrero el candidato del Pacto Histórico estuvo en Medellín y dio un discurso que aún resuena. Una de las frases que más impacto causó fue la de que “Antioquia ha sido la cuna del paramilitarismo, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado”. Completamente sacado de contexto, el uribismo y algunos medios de comunicación afirmaban que Cepeda “odiaba a Antioquia”. Esta es una conclusión que asombra por lo malintencionada.

Lo que Cepeda quiso decir es que en la historia del país se ve muy claro cómo, desde los años ochenta, el clan Ochoa armó a hombres al margen de la ley para conseguir la liberación de Martha Nieves Ochoa, una de sus hermanas que fue secuestrada por el M-19. La respuesta de esto fue el MAS, movimiento Muerte a Secuestrados que constituyó un claro intento de creación de grupos paramilitares. Años después llegarían los mercenarios israelitas como Yahir Klein para entrenar a muchachos del Magdalena Medio y perfeccionar esta máquina de guerra que se estrenó en masacres en Segovia, Antioquia, un pueblo en donde fueron asesinadas más de sesenta personas por haber cometido el “error” de votar por una alcaldesa de la Unión Patriótica. A todo esto hay que sumarle el horror que generó Pablo Escobar con su  obsesión por pervertir jóvenes de las comunas, sus atentados contra civiles y su plan para matar policías.

Producto de esto quedaron dos cosas tras de su muerte. La supervivencia de la Oficina de Envigado, una estructura creada por el Cartel de Medellín y tenía como fin cobrar las deudas de los capos. Sobrevivió como un grupo armado independiente que fue alimentado primero por paramilitares como Don Berna y después por algunos de sus pistoleros, como alias Tom.

Pero lo que más ofendió a algunos políticos antioqueños fueron las menciones que hizo Cepeda a Uribe. Se mantiene la narrativa que quieren implantar y es que Iván Cepeda está obsesionado con el expresidente. La verdad es que se necesita conocer el panorama completo. Iván Cepeda, desde 2010, empezó a recopilar información que comprobaría que Uribe creó en su finca familiar, Las Guacharacas, el Bloque Metro de las AUC. Uribe demandó en 2014 a Cepeda por manipulación de testigos. La Corte se tomó cuatro años para emitir un fallo y lo que pasó fue que volteó la acusación: ellos determinaron que fue Uribe el que estaba manipulando a los testigos.

La investigación de Cepeda apuntaba a dos masacres, la de El Aro y La Granja en la región de Ituango. Estas sucedieron entre 1996 y 1997, mientras el gobernador de Antioquia era Uribe. Estas masacres ocurrieron a pesar de las advertencias que hicieron defensores de derechos humanos como Jesús Maria Valle quien, en vez de ser escuchado terminó siendo estigmatizado por el entonces gobernador y luego asesinado por la banda La Terraza.

No, el discurso de Iván Cepeda está lleno de amor a Antioquia. Amar a los antioqueños es exigir que exista verdad y justicia, que se reconozcan las muertes, las masacres, la corrupción. Antioquia no es Uribe. Antioquia es mucho más que eso. Por eso, al candidato del Pacto Histórico lo sacaron de contexto.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.