A las diez de la mañana el sol brillaba en Bogotá. A esa hora, el expresidente Petro, las centrales obreras y algunos sindicatos se habían dado cita en el Parque Nacional. Allí empezaría una concentración que después se convertiría en movilización. Fueron cerca de veinte mil colombianos que empezaron a caminar con alegría, sin ningún tipo de violencia, algunos incluso haciendo manifestaciones artísticas. Sobre las 12 del día, cuando los principales manifestantes empezaban a llegar a la plaza de Bolívar, comenzó a diluviar. A la lluvia se le juntó granizo. La manifestación empezó a perder fuerza y a dispersarse. Algunas personas pertenecientes al Pacto Histórico, como Gustavo Bolívar, han sostenido que es mucho mejor la concentración a la movilización porque se puede dar una mayor manifestación de fuerza. Por eso, al llegar a la plaza de Bolívar, fue difícil hacer una gran toma que reflejara el poderío de la manifestación popular.
En una esquina de la plaza estaba la tarima. Los manifestantes querían ver al máximo líder de la oposición, Gustavo Petro. El expresidente salió en los últimos días a través de sus redes sociales a pedirles a sus seguidores que salieran a marchar para defender el salario vital que, según él, estaba en peligro en manos del nuevo gobierno. Los manifestantes que, según el propio gobierno, fueron más de sesenta mil en todo el país, al ser entrevistados afirmaron que habían ido a la manifestación impulsados por la indignación que generaba, según ellos, la poca claridad que había tenido el gobierno con la asignación de las ayudas a los damnificados del terremoto, aglutinados en lo que se conoce como el Fondo Milagro, también hablaron de un supuesto regreso de los falsos positivos y directamente del decreto antiterrorista que, para ellos, pondría en riesgo la protesta social misma. Pocos hablaron de las razones de Petro.
El expresidente ordenó apostar francotiradores en el edificio del Congreso para ser protegido de un posible atentado. A pesar de la lluvia, Petro llegó sobre las dos de la tarde, saludó a algunos manifestantes y se subió a una camioneta sin dar mayores explicaciones. No habló. En Bogotá se quedaron en algunos puntos manifestantes, quienes denunciarían horas después algún tipo de fuerza excesiva por parte de la UNDMO. Cuando se pensaba que el ambiente se podría crispar aún más, el actual presidente de los colombianos, Abelardo de la Espriella, salió ante las cámaras y afirmó que las manifestaciones se habían llevado en completa calma. Incluso hizo un comentario que nadie esperaba “Así podrán salir a manifestarse todos los días si quieren”. Eso sí, desestimó el poder de convocatoria que podrían tener Petro y la oposición afirmando que “Es una pequeña minoría la que quiere paralizar a Colombia”.
El presidente destacó que la UNDMO solo tuvo que intervenir en seis puntos: “dos en Bogotá, dos en Ibagué, uno en Popayán y uno en Medellín”, referentes a pequeñas revueltas que fueron rápidamente disueltas por la Unidad.
La calle ha sido fundamental para la expresión del progresismo. Aún no se hace un balance por parte de ese lado del espectro político sobre qué tan importante o no fue la movilización. Lo que sí hay seguridad es que habrá más convocatorias en estos cuatro años. ¿Se podrán realizar en armonía, sin represión por parte de la fuerza pública y sin provocación por parte de los manifestantes? Solo el tiempo lo dirá.



