Desde 1982, la Casa de la Mujer se ha constituido en un apoyo constante al feminismo. Desde sus inicios, su lucha se ha cimentado en visibilizar casos de violencia contra mujeres que no eran registrados ni reconocidos como violación a sus derechos. Su papel en la búsqueda de una salida negociada al conflicto está marcado desde su fundación. Son las herederas de las mujeres sufragistas, y su compromiso es hacer que las mujeres “seamos sujetos políticos pactantes, una democracia radical, y una vida libre de violencia para las mujeres”.
Pues bien, la Casa de la Mujer acaba de ser robada. Esto sucedió el lunes 16 de febrero en la sede ubicada en el barrio Teusaquillo de Bogotá. Olga Amparo Sánchez, su directora, hizo la siguiente denuncia en un comunicado: “Se llevaron los computadores, el sistema de comunicaciones, la central de información de la oficina, revisaron el archivo impreso de la organización, discos duros portátiles con back up. Además, cortaron el sistema eléctrico”. Este robo es de extrema gravedad por la información que reposaban en estos archivos.
La Defensoría del Pueblo, a través de Iris Marín Ortiz, advirtió en otro comunicado que este es un mensaje de intimidación contra las mujeres y contra quienes defienden sus derechos: “Este ataque no solo vulnera a una organización feminista, sino que envía un mensaje intimidatorio contra quienes trabajan por la igualdad y la eliminación de todas las formas de violencia y discriminación, incluidas las basadas en género”.
Por ahora la Casa de la Mujer mantiene sus comunicaciones a través del teléfono y redes sociales. La Fundación Pares rechaza este tipo de intimidaciones contra uno de los referentes del feminismo en Colombia. La Casa de la Mujer ha sido clave en la lucha por los derechos de las mujeres en Colombia, en su protección y la de sus organizaciones. Tememos que esto no sea solo una situación de delincuencia organizada, sino que implique un ataque directo a su labor como organización feminista.



