El papel que jugó Abelardo de la Espriella en el entramado de DMG

En septiembre de 2008 empezaba a estallar la controversia por la captadora de recursos DMG. El dueño y creador de una estafa que perjudicó a más de doscientos mil colombianos, David Murcia Guzmán, contrató al abogado Abelardo de la Espriella para que lo defendiera. El ascenso de Murcia había sido más que meteórico: insospechado. Pasó de ser el jefe de comunicaciones del alcalde de La Hormiga, un pueblito del Putumayo, a convertirse en uno de los hombres más ricos del país. Y tenía apenas 27 años. En Bogotá, en el año 2007, abrió un centro comercial que se consideraba el centro de operaciones de DMG. Allí la gente iba cualquier viernes y podía encontrarse en tarima a Pastor López. De vez en cuando, hacía su aparición David Murcia y le daba la bienvenida a lo que él consideraba “la gran familia de DMG”.

Los que lo conocieron en sus inicios como extra de televisión —uno de ellos fue el reconocido periodista Santiago Moure— afirman que era un tipo que se la pasaba en las nubes, al que no le incomodaba su moña completamente desacompasada con la moda y que a todo contestaba con un breve “cool”. En solo tres años, de 2003 a 2006, David se transformó en uno de los hombres más poderosos del país. Y también más amado. Captó dineros de la gente a la que le prometió volverla millonaria, pidiéndole solo una cosa: sus ahorros, plata que él multiplicaría con una varita mágica.

Cuando las sospechas ya lo rodeaban, en el año 2008, Carlos Huertas, de la revista Semana, lo abordó en sus oficinas en Bogotá y le preguntó cuál era el secreto de DMG. Murcia respondió sin ningún atisbo de ironía: “Yo no puedo revelarle esto porque es como si el inventor de Coca-Cola revelara su fórmula”. En ese momento, estallaba en Colombia el fenómeno de las pirámides. Había empresas captadoras de dinero que prometían dividendos de hasta 200 %. Es decir, ahora si usted abre un CDT le podrán dar, a lo sumo, un 10 % de intereses. Lo de las pirámides, lideradas por DMG, era una locura.

En 2008, Murcia, acaso sospechando que su trama podría caerse en cualquier momento, se fue a vivir a Panamá. Ya había creado un canal de modas y contratado a las modelos más importantes del país para que fueran sus presentadoras. Vivía en un apartamento en Panamá por el que pagaba 12.000 dólares mensuales de arriendo. En Colombia le había confiado su defensa reputacional a Abelardo de la Espriella.

Para entonces, el cordobés era una estrella en ascenso del derecho colombiano, que no había ganado sus casos más publicitados. Defendió, sin éxito, a la parapolítica de El Bagre, Antioquia, Rocío Arias; tampoco le fue bien defendiendo a Jorge Visbal Martelo, expresidente de Fedegán y quien fuera embajador de Uribe en Canadá, vinculado al paramilitarismo. Pero De la Espriella se vendía como un lobbista de peso.

En ese momento, De la Espriella era conocido por su participación en la mesa de negociación de Santa Fe de Ralito, que sostenían las AUC con los paramilitares. Él hacía parte de la comisión civil acompañante. Mancuso, muchos años después, afirmaría que el abogado —con quien se conoce desde que eran niños— fue un puente entre las AUC y el gobierno Uribe.

El caso es que aceptó la defensa de DMG. Ya en septiembre de 2008 el escándalo explotaba. Murcia incluso fue portada de la Revista Semana. En ese mes Néstor Morales, quien hoy lidera las noticias en Blu Radio, tenía un programa que se llamaba Controversia, era una especie de juicio televisivo. En una ocasión, invitó a De la Espriella para que defendiera a DMG. El fiscal que lo atacaría en el programa sería el hoy senador Germán Navas Talero. De la Espriella no solo defendió a Murcia Guzmán, sino que, poco después de que se acabara el programa, alentó a que más colombianos invirtieran sus recursos en DMG. Incluso avisó que, una vez se apagaran las cámaras, iría al centro comercial de David Murcia a usar las tarjetas prepago que distribuía la captadora.

Hay que recordar que, en los tres meses en los que Abelardo fue defensor oficial de Murcia, este le dio 760 millones de pesos para favorecer un proyecto de ley que beneficiaría la venta de tarjetas prepago de esa captadora. Los audios fueron usados como pruebas en el juicio contra DMG.

En noviembre de 2008, Abelardo renunció a la defensa de Murcia. Nunca se supo qué pasó con esa plata entregada para hacer lobby, algo que ha recordado de manera valiente Ana Bejarano a comienzos de este año. Lo que es peor es que jamás se supo qué pasó con los 711 millones de dólares que captó la firma, justo en el momento en el que el gobierno Uribe la intervino. ¿Por qué solo se le devolvieron 21 millones de dólares a los más de doscientos mil colombianos que cayeron en la estafa? ¿Quién se quedó con ese billete?

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