El Pacto Histórico y la reconfiguración de la izquierda colombiana

Previo a la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia, la izquierda colombiana había ejercido un rol de oposición a los distintos gobiernos de turno. Solo hasta 2022 el escenario cambió, pues la izquierda se convirtió en partido de gobierno. Sin embargo, esta situación no duró mucho; la reciente victoria de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda reconfiguró el panorama político, obligando a Cepeda —candidato avalado por el Pacto Histórico, partido de izquierda— a asumir la curul de la oposición en el Senado de la República.

El Pacto Histórico ha afirmado que encarnará una oposición “democrática, firme, responsable y alternativa”. Si bien es cierto que Cepeda ostenta la curul asignada por el Estatuto de la Oposición, y pareciera representar tal posición desde el legislativo; de fondo, quien pareciera establecer los lineamientos políticos del partido es el expresidente Gustavo Petro.

La salida de Petro de la Casa de Nariño y los más de 12 millones de personas que votaron por Cepeda no se traducen en el surgimiento de una “izquierda post Petro”, o de un relevo en el liderazgo de esta fuerza política; contrario a ello, representan un atrincheramiento del partido en la figura del expresidente. Una situación esperable, teniendo en cuenta la capacidad de Petro para negociar en política, aglutinar las bases del progresismo y monopolizar los temas de la agenda nacional.

De hecho, la réplica a la alocución presidencial fue protagonizada por Cepeda y Petro. El primero utilizó textos de apoyo para su intervención, mantuvo su carácter sereno y pausado, mencionó la preocupación por la próxima temporada del fenómeno del Niño y, con ello, la necesidad de generar planes de contingencia y reacción. Adicionalmente, solicitó al Consejo de Estado mantener en firme la derogatoria del gobierno Petro a la prima especial de servicios a congresistas, correspondiente a 18 millones de pesos; esto con el propósito de emplear dichos recursos para la atención de la emergencia.

Mientras tanto, Petro tuvo un tono más confrontativo y cuestionó de manera directa la atención del gobierno de De la Espriella, a la tragedia ocurrida por el terremoto el pasado 10 de agosto; así como la presencia de fuerzas militares israelíes en el territorio colombiano, quienes habrían sido convocados por el gobierno nacional para adelantar labores de rescate. Cabe resaltar que, esta última medida ha sido objeto de críticas en la opinión pública, señalando el debilitamiento de la soberanía nacional.

El expresidente también se refirió a la “incapacidad de empalme del gobierno”, situación que ha quedado en evidencia por cuenta de la tragedia del terremoto que se vivió en el país el 10 de agosto. De igual manera, propuso aprobar la reforma tributaria que dejó radicada su administración, que buscaba recaudar 20 billones de pesos a través de impuestos a los más ricos, para así disponer de recursos para la reconstrucción del país tras el terremoto.

De fondo, la réplica de la oposición se basó en cuestionar las acciones emprendidas por el gobierno nacional, socializar planes de acción que el progresismo hubiera ejecutado de haber ostentado el poder ejecutivo, y proponer medidas a futuro para afrontar la tragedia.

Las rupturas internas del progresismo

Y aunque la intervención pretendió mostrar cohesión y unidad al interior de la fuerza política lo cierto es que, la derrota del Pacto Histórico en las recientes elecciones dejó en evidencia diferencias y tensiones políticas al interior del partido.

Tensiones políticas que van dadas por los conflictos internos que se exacerbaron después de la campaña, cuando sectores del progresismo cuestionaron abiertamente el papel desempeñado por Iván Cepeda como cabeza de la campaña.

Los ruidos de que la campaña se “cerró” en torno a unas pocas figuras que “le hablaban al oído” a Iván, la falta de tacto con la ciudadanía indecisa y los rechazos a algunas ideas del presidente Petro, terminaron generando unas rupturas internas en el proyecto político de la izquierda.

Y aunque la oposición pareciera “ordenarse” alrededor de Petro y de Cepeda, el desorden interno puede ser el “derrotero” final del proyecto político.

Porque al final, la oposición debe organizarse al interior y estructurarse como partido y movimiento que pueda mantenerse como una alternativa de poder real dentro del panorama nacional.

El Pacto Histórico es la fuerza política más grande del Congreso, tiene un caudal electoral muy grande, pero es evidente que es un partido desconectado al interior. Muchas agendas propias, pocas agendas comunes, muchos políticos queriendo figurar, pero muy pocos con una idea de figuración conjunta del proyecto.

Y esto se vio con la creación de la escuela política, una escuela que nace en medio de la tragedia que vivía Colombia por el terremoto y que nace sin rumbos claros para el devenir de la colectividad.

Qué pertinencia puede tener crear una escuela política en medio de la tragedia nacional, con un partido que lleva dos meses en disputas internas, sin un rumbo claro en el devenir político y con figuras que se oponen a la democracia interna que requiere el movimiento.

Y es que el proceso de democracia interna del partido es algo que se lleva pidiendo meses en el seno del progresismo, pero no ha sido posible porque figuras relevantes de la colectividad se oponen a abrir el partido y abrir las burocracias que eso pueda traer.

El Pacto debe reaccionar, con ideas claras, democracia interna y con un orden interno que le permita ser opción de poder en las elecciones regionales para Alcaldías y Gobernaciones en 2027. Pero para poder llegar a ese punto, debe debatir al interior del partido, que garanticen una entrega de avales limpia, sin preferencias y sin “lapiceros” amarrados que decidan el devenir de la colectividad a partir de los intereses personales.

La idea de asumir una oposición “técnica y cualificada”, orientada al control político mediante estrategias como el “gabinete alternativo” y la misma Escuela Internacional de Formación Política, van a quedar en estrategias vacías si el partido no asume su rol como verdadera alternativa de poder en las dinámicas democráticas de Colombia.

La necesidad perenne de construir un proyecto político que sea colectivo y no individual será el reto más grande del progresismo, porque, mientras el Pacto siga siendo un proyecto que priorice los proyectos políticos personales de unos pocos, la alternativa de poder será una imposibilidad absoluta.

Noticias al Minuto

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Natalia Reina y Diego Pedraza

Investigadores de la Línea de Democracia y Gobernabilidad