El miedo, la estrategia con la que Álvaro Uribe le remontó a Serpa y arrasó en el 2002

Este domingo 30 de diciembre la encuestadora INVAMER sacó los resultados de la encuesta de cara a las elecciones presidenciales del 2026. Iván Cepeda pica en punta con un solo 31,9% de la preferencia de los encuestados. Cepeda tiene aire en la camiseta después que la consulta del Pacto realizada en octubre rozara los tres millones de votos. Le saca trece puntos al outsider Abelardo de la Espriella quien está tocando las puertas de sus posibles rivales dentro del mismo uribismo. Su llamado es a la unidad, algo que, hasta este momento no ha pensado hacer quien aspiraba a ser la gran rival del progresismo, Vicky Dávila. En esta encuesta se muestra la desinflada de Vicky quien apenas tiene un 3.7%. Su campaña se ha quedado sin ideas y la confrontación que estableció con De la Espriella puede explicar que haya sido relegada.

Dentro del progresismo no se puede cantar victoria. Las comparaciones históricas son difíciles, casi imposibles, porque cada época tiene su contexto. Pero en las elecciones del 2002 pasó algo inédito. En la gran encuesta publicada por semana en octubre del 2001 Horacio Serpa tenía un 41.2%, en ese momento el partido Liberal tenía un peso propio e históricamente el país había oscilado desde la caída del dictador Rojas Pinilla en un péndulo entre conservadores y liberales. Uribe en ese año no era tan conocido en el país. Tenía una alta popularidad en Antioquia pero empezó a sumar puntos primero gracias a su publicista, Carlos Duque, quien se inventó una de las campañas políticas más efectivas en nuestra historia, la de la mano firme y el corazón grande y dos el poder vender el miedo fue fundamental.

La verdad es que los diálogos de paz del presidente Pastrana con las FARC fueron un desastre político y social, una especie de rendición silenciosa ante Manuel Marulanda Vélez y sus tropas. El país, desde los años noventa, estaba acosado por las guerrillas, hay que recordar que alias “Romaña” hacía pescas milagrosas en Sumapaz y existía un miedo generalizado de una posible toma del poder por parte de las FARC.

A un mes de elecciones, el 14 de abril del 2002, mientras se encontraba de gira en Barranquilla, un carro bomba estalló cerca a donde pasaba su caravana. El blindaje del vehículo lo salvó pero la explosión del artefacto, atribuido a la columna Móvil Teófilo Forero causó cuatro muertes y dejó a veintisiete personas heridas. En el momento del atentado Uribe se bajó del vehículo y él mismo calmó a las personas que lo seguían. Esas imágenes, difundidas en medios de comunicación, lo transformaron en una especie de héroe, de mito viviente. Ahí empezó la remontada que lo llevó directamente a ganar en primera vuelta.

El progresismo sabe que hay encuestas de encuestas y que algunas sirven para disparar las alarmas en un sector de la población. Cada vez está más cercana la posibilidad que Uribe convoque una gran reunión para pactar una alianza en los sectores ajenos al progresismo. Esto ya ocurrió con la reunión que tuvo con César Gaviria. Incluso se viene manejando la posibilidad que su nombre aparezca en el tarjetón como fórmula vicepresidencial, algo sobre lo que no se ha pronunciado el expresidente. En esa posible unión contra el progresismo es donde se espera por parte de Sergio Fajardo y Claudia López criterio e independencia porque sus votos serán determinantes a la hora de escoger al próximo presidente del país.

Uribe es experto en remontadas históricas. Es un error darlo por muerto.

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