El hacha, símbolo de Antioquia

Esta raza pujante también ha sido devastadora de bosques. Todo emprendimiento conlleva una acción violenta. Al negociar se estafa. Son relaciones de poder en donde siempre hay alguien que gana y alguien que pierde. Mi abuelo era paisa e hizo una pequeña fortuna en Venezuela, en los años cincuenta. Nunca fui su nieto favorito porque no se me daban bien los negocios. Era más bien lento. Aún lo soy. En Cúcuta hay muchos paisas. En Pasto también, en La Guajira y el Amazonas. Donde exista una frontera -y selvas para quemar- ahí estarán. Conozco antioqueños que aborrecen ese espíritu ventajoso del paisa. A Fernando Vallejo le aterra esa oda a la desforestación que es el himno de Antioquia, Barba Jacob odiaba lo camanduleros y agazapados que eran, Débora Arango luchó toda la vida para zafarse de esos demonios. Hay grandes poetas de Medellín como Helí Ramírez o Víctor Gaviria que se aferraron a su ingenuidad, a su ternura y la ciudad misma igual les dio la espalda. Y ellos no se dieron cuenta.

Era necesaria una sacudida como la que pegó Iván Cepeda desde la política, hay que hacer un debate sobre el fascismo en Antioquia. No pueden pasar de agache las matanzas a los sindicatos del banano en Urabá, la codicia de los ricos de El Poblado cuando se asociaron con Pablo Escobar y lo legitimaron, no puede ser que en Amalfi tres hermanos usen la muerte de su padre para despojar, asesinar, violar, desaparecer, descuartizar, es inaceptable que un defensor de derechos humanos como Jesús María Valle, quien advirtió sobre las masacres en Amalfi, termine siendo señalado por un gobernador como guerrillero y luego sea asesinado en su oficina por miembros de La Terraza, que me expliquen cómo, en un barrio, se use una escombrera para ocultar cuerpos de muchachos asesinados en la misma comuna, cómo se inventan oficinas donde se cobra a punta de metralla, cómo un concejal hace de un bate su símbolo político y le funciona, ¿Cómo un hacha puede ser el símbolo de un pueblo?

Le hace falta mucha autocrítica al gobernador Rendón, al alcalde Gutiérrez, a toda la godarria paisa de no reconocer la violencia que ha generado su mezquindad, su falta de generosidad, la incapacidad de repartir, de no explotar, de aguantar la tentación de no ganar. De dejar de ser tan ventajosos.

Este cuadro se llama Horizontes y, desde que lo pintó Francisco Antonio Cano en 1912 ha sido uno de los símbolos de la antioqueñidad. En él se ve a un campesino, junto a su familia señalando un punto en lontananza, ¿acaso un bosque?, y tiene el hacha en la mano, símbolo de la colonización del occidente de este departamento. El hacha es el trabajo, la pujanza, está en el himno, pero también es la masacre, la desforestación, el Gury y Pablo. El todo se vale con tal de emprender.

Es muy bueno que esa parte de la sociedad paisa incapaz de algún tipo de autocrítica pueda hacer su introspección y reconocer las consecuencias nefastas que trae aspirar siempre a la victoria, a ganar. A veces la mejor hacha es la que está enterrada.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.