El ego de Andrés Pastrana le impidió pedir perdón por los descuidos de su gobierno que permitieron la masacre de El Salado

Andrés Pastrana era el presidente cuando los paramilitares mataron a más de cien personas en el Salado. Un año antes de recibir la banda presidencial, en 1997, se crearon las AUC, una confederación de grupos paramilitares que venían funcionando desde 1994. El cabecilla máximo era Carlos Castaño. La principal bandera y excusa de estos grupos era defender a ganaderos, finqueros, dueños de plantaciones del acoso constante de las guerrillas. Esto no es preciso. Esta también fue la excusa para adueñarse de tierras, para secuestrar y traquetear y también para matar. En el Salado impusieron su máxima fuerza y crueldad. Duraron cuatro días matando a diestra y siniestra. A batazo limpio acabaron con la vida de decenas de personas.

Fue durante su gobierno cuando los paramilitares se expandieron por todo el territorio.

Veinticinco años después, a Pastrana lo llamó la Comisión de la Verdad para que entregara su versión de estos hechos. Se necesitaba saber qué pensaba sobre los hechos ocurridos, por ejemplo, en El Salado. En esa comparecencia de Pastrana ante la Comisión de la Verdad, la autocrítica brilló por su ausencia. Incluso sacó pecho con unos datos, 350 paramilitares muertos, 850 capturados.

Pero la realidad contrastaba con el discurso de Pastrana. Entre el 7 de agosto de 1998 y el 25 de febrero del 2000, cuando se expide un decreto para combatir a los paras, estos perpetraron esta cantidad de masacres: 182 que dejaron 1301 muertos. Entre ellas, la peor de todas fue la de El Salado. Según datos de la Comisión de la Verdad de las 1.732 masacres que ocurrieron entre el 7 de agosto de 1994 y el 7 de agosto del 2006, el 58 % de ellas se cometieron durante el gobierno de Pastrana.

 Pastrana, según lo explicó ante la Comisión de la Verdad, las masacres bajaron ostensiblemente fue gracias a su trabajo. Pero eso no se refleja en la realidad. En el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos explica la razón por la que bajaron esas masacres: “Cabe resaltar que, en el período cubierto por el presente informe, los grupos paramilitares adoptaron también, al atacar la población civil, una modalidad de actuación menos impactante que la de las masacres, realizando numerosas ejecuciones individuales. La Oficina tuvo conocimiento de casos en que los paramilitares, después de escoger a sus víctimas entre un conjunto numeroso de personas aprehendidas, las mataron dejando sus cadáveres esparcidos en diferentes lugares”.

Pastrana, con su ego infatigable, afirmó que, gracias a una triangulación con su Fiscalía, lograron desarticular buena parte de la operación de los paramilitares. La versión de Pastrana fue altiva y en ningún momento pidió perdón por los pecados cometidos, por las fallas por omisión, incluso por pura torpeza.

El gobierno Pastrana fue incapaz de descubrir quienes hacían parte de la red del paramilitarismo, y eso que tenían todo para hacerlo cuando Iván Velásquez y su equipo descubrieron las cuentas en el parqueadero Padilla. Pasó de agache un personaje nefasto de su gobierno, Luis Camilo Osorio, su fiscal, ya que, como dice la misma Comisión de la Verdad: “A este exfuncionario se le cuestionan varias de sus actuaciones a favor del paramilitarismo, entre ellas haber incidido para que la investigación sobre su financiación fuera precluida y quedara en total impunidad”.

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