Un año después de que el ELN iniciara una ofensiva que ha dejado más de 90.000 víctimas, entre las que se cuentan personas confinadas, desplazadas, desaparecidas y asesinadas, la fundación Vivamos Humanos convocó un foro para pensar esta crisis, poniendo el foco en datos como que más de mil niños no hayan podido ir a la escuela. Pasaron de escuchar clases a no dormir por el ruido de los cilindros bombas, de las balas, que están siendo cercados por una guerra que ha dejado de importarle el país. Hay que recordar que en muchas de estas veredas viven indígenas pertenecientes a la etnia Barí. En el foro también se mencionó la respuesta desproporcionada del Frente 33 de las FARC, a quienes tampoco se les puede quitar ningún tipo de responsabilidad por esta atrocidad.
La líder Carmen García recordó que esta cifra de niños sin estudiar puede aumentar para 2026 por culpa no solo del olvido, sino por los campos llenos de minas, por los drones de guerra y por el reclutamiento forzado que les arranca a las madres a sus hijos. “Las madres ya estamos muertas por dentro -dijo García mientras se le quebraba la voz- por eso hay que pedirle al Gobierno nacional que haya paz. En esa guerra son nuestros hijos los que se están matando, por eso hay que buscar una solución”. García viene del corregimiento de La Gabarra, Norte de Santander y habló de las noches de angustia que tienen desde hace un año, el ruido que los aterra, como el zumbar de abejorro gigante y metálico de un dron. “La ausencia del gobierno en territorio es bastante fuerte”, enfatizó al comienzo del foro.
Las escuelas se están convirtiendo en campos de batalla. Los profesores están renunciando. La desescolarización es un fantasma que vuelve a rondar.
El uso de drones con explosivos es algo inédito, incluso para una tierra tan martirizada como esta. Solo en 2026 se presentaron 84 ataques derivados de esta arma. La utilización de drones provocó el asesinato de un niño de 12 años, pero el total de víctimas es de 121 personas muertas, la mitad de ellas pertenecientes a la población civil.
Los líderes del Catatumbo son tajantes: esta es una historia de una tragedia anunciada. Nadie escuchó las alertas tempranas. Pero, lo que ha impresionado en este nuevo episodio de la guerra es el uso de los drones de manera desmedida. “Es que el dron vuela, intimida y destruye la vida”. Olga Quintero recordó que los catatumberos han resistido las arremetidas del paramilitarismo y ahora deben aguantar este nuevo embate por parte de un grupo armado. “esto implica nuevamente la ruptura del tejido social, además de las alteraciones a nuestra cotidianidad”. Los drones son solo una parte de la degradación de la guerra, las minas, los tatucos, las armas irregulares son parte del paisaje.
Y está el silencio y el olvido. Hace un año el tema en los noticieros era el Catatumbo, hoy nadie habla de horrores tales como que, desde el 16 de diciembre, en la vereda Versalles, su población está completamente confinada, o que Filo Gringo fuera incendiado el pasado 30 de diciembre. En el Foro se denuncia que los grupos armados están matando a la población civil, cobrando venganzas, o tomando decisiones de manera arbitraria. En el Catatumbo tampoco se está respetando ni a las misiones humanitarias, ni las iglesias, ni las funerarias, ni los puestos de salud. “Hay una especie de transgresión del derecho internacional humanitario”. La líder volvió a cuestionar el control de la fuerza pública. “En las noticias dicen que ya está controlado todo, pero es mentira”.
Se estima que desde 2024 empezó a utilizarse el dron como método de vigilancia en la guerra. La ventaja de los drones para los grupos armados es su eficacia y lo barato que son, no valen más de cuatrocientos dólares, lo que reduce los costos operativos, pero traslada el riesgo a las comunidades. La comisión de verificación que estuvo presente en el foro dio algunas recomendaciones más allá de reforzar mensajes claros sobre la prohibición de artefactos explosivos improvisados, sino que se debe aumentar los espacios aéreos seguros durante las hostilidades.
La delegada del Ministerio de Defensa, Diana Sánchez, acusó al frente 33 de las ex Farc y el ELN de haber empujado al gobierno a armarse más nuevamente, “a sacar presupuestos billonarios para enfrentar esta situación”, cuando lo que pretendía Petro, desde su posesión, era rebajar el dinero para la guerra. “Ese dinero debería estar invirtiéndose en el Pacto por el Catatumbo”. Hay que recordar que el primer viaje que hizo el presidente fue a El Tarra. Según Sánchez, el Estado y “este gobierno sí se ha movilizado”, contradiciendo lo que dijo la líder de Ascamcat, Olga Quintero, reconociendo que hay falencias y debilidades: “El problema es que la guerra no permite avanzar porque llegar a los territorios es muy difícil para funcionarios públicos”.
Los drones tienen diferentes usos, desde comunicaciones, espionaje, y directamente bombardeo. Son manejados por personas, ya que cada uno de los drones tiene una cámara, pero de muy baja calidad, esto complica para el operador distinguir entre civiles y combatientes. El derecho internacional humanitario obliga a distinguir estos objetivos.
Aunque el Ministerio de Defensa crea que se ha metido el hombre, el Catatumbo necesita más.



