Despedazada y humillada: así murió la primera mujer matemática de la humanidad

El mundo estaba a punto de entrar en una noche de oscuridad espesa. A mediados del siglo V la Biblioteca de Alejandría ya había sido tomada, saqueada y quemada por las hordas de cristianos que terminaron por ser mayoría dentro del Imperio Romano. En algún momento se cansaron de la humillación constante, de la ceguera moral indeclinable de los romanos. No había forma de que los viera como seres respetables. Entonces, escupieron sobre todos los dioses de los romanos y empezaron a adorar a una figura en cruz. Y ganaron. En ese momento había verdades inobjetables. Una de ellas era que la tierra era redonda. Pero con la llegada de los cristianos, esto se torcería para siempre. Y retrocedimos casi a la edad de hierro.

Una de las científicas más prestigiosas de esa época era la que es considerada la primera matemática en este mundo. Sabemos muy poco de ella. Se llamaba Hipatia. La ciudad ya venía siendo controlada por los cristianos. Un obispo, llamado Cirilo, regía con mano de hierro sobre la población. Los romanos cada vez más perdían privilegios. Debían bautizarse al cristianismo o si no morirían. Pero había gente que no se arrodillaba. Hipatia, que además era filósofa y profesora, estaba centrada en la idea de descubrir qué somos, qué tipo de astro era la tierra, qué complejidades tenía. Si era el centro o no del universo. Y sus estudios la estaban llevando inevitablemente a la verdad. Pero la intolerancia cristiana hacia la mujer, su miedo, su fobia, empezó a cerrarle los caminos.

Hipatia era una mujer excepcional. El cargo de su padre le permitió estudiar. No es que los romanos fueran también muy tolerantes con las mujeres. Su papá, según recuerda la BBC, se llamaba Teón, astrónomo del que no sobrevivieron sino algunos comentarios. Lo que sí es una verdad de a puño es que su hija lo superó en las fronteras del conocimiento. La ciudad, orgullosa, le otorgó homenajes, la cuidaba y se sentía orgullosa de ella, hasta que los cristianos se apoderaron de Alejandría.

Los registros que quedan de ella están a cargo del historiador griego Sócrates, el escolástico afirmaban que Hipatia solía aparecer en la asamblea donde solo los hombres discutían, a veces ella intervenía e incluso llegó a formar a muchos de los hombres que después regirían por sobre Alejandría.

Ante la decisión de los cristianos de destruir la biblioteca, Hipatia se encargó de conservar y salvar de las llamas inquisidoras lo que pudiera conseguir. Gracias a ella, muchos textos de la antigüedad se salvaron para siempre. De lo poco que se sabe de ella, se puede asegurar que fue una de las creadoras del astrolabio y del hidroscopio, un aparato que servía para medir líquidos. La filosofía que profesaba era el neoplatonismo y, muy seguramente, era célibe. El prefecto de la ciudad de Alejandría era Orestes, quien a pesar de ser cristiano estaba de acuerdo con que convivieran otros grupos de la sociedad que no compartieran esas creencias. Cirilo, el obispo, le bajó el pulgar a cualquier manifestación de libertad por parte de las mujeres. Aunque no hay un registro real de las razones por las que lo hicieron, lo único cierto es que Hipatia, a pesar de su pacifismo, de su sabiduría, murió despedazada, lapidada y desnuda en Alejandría. Es muy probable que este linchamiento se debiera a la sabiduría y rebeldía que profesaba una mujer contra la mezquindad moral de los primeros cristianos.

Su obra perdura en algunos fragmentos de otros autores. En 2009, el director español Alejandro Almenábar hizo una película sublime sobre ella. Gracias a esto, es posible que su legado perdure en este mundo áspero y profundamente cristiano.

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