El 6 de noviembre se vivió en la capital santandereana uno de los episodios políticos más vergonzosos de los últimos tiempos por cuenta de la inminente elección atípica para escoger al sucesor del destituido alcalde, Jaime Andrés Beltrán.
Por ahora, el panorama no deja de ser un “bochorno” nacional. Con un “Pastor” Beltrán aferrándose a los contratos y los cargos de la alcaldía, mientras se debate por mantenerse vivo políticamente. Con los “clanes” intentando acabar con Beltrán. Y con el gobernador (miembro de otro Clan) moviendo los hilos para decirle a los santandereanos que aquí volvieron los Díaz Mateus a dominar la política del oriente colombiano.
Cronología de la vergüenza
El caso comenzó el 29 de octubre con la inscripción de los candidatos a las elecciones atípicas. Como era de esperarse y más en año prelectoral, los clanes y grupos políticos se movieron con sus fichas para buscar el capital burocrático que representa la primera magistratura de la ciudad.
Ahí se inscribieron a la elección Juan Manuel González, un reconocido narrador de futbol; Carlos Fernando Pérez, cuestionado personaje de la burocracia regional; Jhan Carlos Alvernia, como ficha del “nuevo dueño” del liberalismo en Santander, el poderoso Richard Aguilar; Fabian Oviedo, un ex concejal que se caracteriza por los ríos de plata que acompañan sus campañas; Carlos Bueno, ex director de tránsito durante el gobierno de Juan Carlos Cárdenas y en esta oportunidad, el ungido por el clan Díaz Mateus; Rubén Morales por el Partido Unitarios; Humberto Salazar por el Pacto Histórico y Cristián Portilla, por una coalición conformada por el Centro Democrático, el Partido de la U y Cambio Radical, pero además, con la venia “bendita” del “Pastor”, Jaime Andrés Beltrán.
A partir de ese momento empezaron los vaivenes sobre las posibles inhabilidades en las que caería Portilla debido a los cargos que había ejercido previamente en la administración de Beltrán. Ruidos y más ruidos, y por detrás de cuerda, el “Pastor” alegando la afrenta contra su mandato y Juvenal moviendo hilos e hilos de poder para tomar el control del municipio.
La presión obligó a Portilla a renunciar en una escueta carta donde argumentó que por motivos personales que requerían su tiempo, atención y compromiso no podría dedicarse al 100 % a cumplir con el mandato de dos años en la capital santandereana. Ruidos y más ruidos que desembocaron en que el “Pastor” perdiera los estribos y comenzara a buscar y rebuscar entre su paupérrimo equipo el sucesor idóneo, el cual tendría tiempo de inscribirse hasta el 6 de noviembre, tiempo en el cual, la registraduría recibiría cambios en las inscripciones por los movimientos previamente avalados.
El “Circo” del 6 noviembre
Ahí llegamos al día 6 de noviembre, en donde los políticos demostraron una vez más que el ultimo de sus intereses es el bien de la ciudad y de la ciudadanía. Por un lado, mientras Beltrán pensaba quien sería el sucesor de Portilla dentro de la coalición, Juvenal ordenó al alcalde encargado, que ordenara al secretario del interior encargado declarar insubsistente a todo miembro del gabinete que no hubiese presentado la renuncia protocolaria que les habían solicitado desde el martes 4.
Pese a que la directiva 05 – 2025 de la Procuraduría General de la Nación indicaba que la nómina no podía modificarse cuatro meses antes de la elección. Argumento que parecería suficiente, sin embargo, la ley 996 de 2005 que regula la ley de garantías no regula expresamente lo que sucede en los contextos de elecciones atípicas.
Con todo ese debate jurídico en el medio, hasta el momento de este artículo, se han declarado insubsistentes a más de 15 funcionarios, entre secretarios y asesores de despacho y se rumorea que vienen otras tantas destituciones.
El ruido jurídico y político asoló la ciudad durante el día, los secretarios defendiéndose en redes sociales, los expertos jurídicos argumentando que el alcalde encargado no tiene facultades de declarar insubsistente a funcionarios, porque no tiene potestad de modificar las nóminas de la entidad y los políticos atrincherados para intentar entender el movimiento de Juvenal.
Fue hasta las 5 de la tarde que se comenzó a clarificar la situación cuando Beltrán llegó a la registraduría con Arturo Zambrano, un exconcejal de poca monta muy fiel a su proyecto, para sustituir el nombre del candidato por la coalición. En medio de la algarabía y la expectativa se produjo lo que, hasta el momento, es una vergüenza para una ciudad como Bucaramanga.
El Partido Cambio Radical, en un comunicado que circula desde sus propias redes, informa que no acompaña el nombre de Arturo Zambrano, ratificando que ellos habían avalado al candidato Cristian Portilla. Ese golpe dejaba sin sustento la coalición, lo que provocaría que el candidato que se inscribiera no fuese tenido en cuenta por el Consejo Nacional Electoral.
En medio del desespero, Beltrán convocó las fuerzas políticas que lo acompañan. Al poco tiempo llegó Oscar Villamizar, el amo y señor del “uribismo” en Santander a ratificar que por petición expresa del expresidente Uribe se acompañaría el candidato que Beltrán determinara. Por otro lado, las directivas de la U respaldaron el cambio y aliados políticos como el exdiputado liberal, Alfonso Pinto hacía presencia para respaldar al alcalde destituido.
Afuera de la registraduría el circo completo, los fieles creyentes de la burla religiosa de Beltrán manifestándole su apoyo y los “moteros”, críticos y demás grupos señalando con supuestas presiones indebidas, al grupo de Beltrán. Una vergüenza absoluta lo que se vivía en Bucaramanga, porque el circo político solo dejaba en ridículo a la ciudad, dejaba tambaleando la elección y mostraba el panorama que se viene para los dos años que quedan, la desidia y la guerra total sin importarle a nadie el verdadero destino de la capital del departamento.
Al final, Beltrán no logró convencer a la cúpula bogotana de Cambio Radical, según dicen, porque la oferta que hay del otro lado es mucho más atractiva para los Lleras. Razón por la cual el “pastor” se jugó la última carta de su baraja a sabiendas de que es una carta perdida pero que le garantiza el mantenerse vivo en el espectro político.
Es ahí cuando vuelve a convocar a Cristian Portilla, lo hace desistir de su renuncia y lo ratifica como el candidato de la coalición. Los tres partidos decidieron avalarlo y continuar con el proceso, pese a que todo el mundo sabe que Portilla está inhabilitado. El pan y el circo completo en una ciudad sin garantías de futuro y progreso bajo los mandos políticos actuales.
El costo político de las promesas
Al final a Beltrán lo golpeó su ego y su omnipotencia. Llegó a la alcaldía con el discurso “anti Rodolfo” y se vendió a todos los “clanes” del departamento para que ellos movilizaran sus maquinarias y así poder garantizar el triunfo en 2023. A partir de ahí fue un cumulo de traiciones e intrigas, le incumplió a todos sus padrinos políticos y, sobre todo, le incumplió la ciudadanía.
No supo gobernar y se dedicó, como lo hacen todos los políticos, a usar el “espejo retrovisor”, siempre culpando al que estuvo antes, siempre argumentando que todo lo que ellos hacen es perfecto y que si los avances no se ven es porque el que estaba antes lo había hecho de la peor manera posible. La política de lo absurdo, la misma que campea en el ámbito nacional y en todos los territorios del país.
El “pastor” gobernó con el discurso de Dios, un Dios que no le sirvió para protegerse de los clanes políticos, quienes decidieron darle la espalda y comenzar a darle sepultura a su carrera política.
Y ahí, detrás de todo, el General Juvenal Díaz Mateus, demostrando el absolutismo de un clan político que resucitó después de años y años en el ostracismo, ese en el que cayeron cuando al país todavía le avergonzaba la “Yidispolítica” por la cual condenaron al jefe del clan, Iván Díaz Mateus.
Sin embargo, la política es dinámica y la ciudadanía olvidó o perdonó al clan, el cual ahora domina, manda y destruye a su antojo. Van por todo, van por tres Cámaras y dos Senados. Van por un nuevo gobierno en el “Palacio Amarillo” y por el último vestigio de libertad que le quedaba al departamento, golpeado y asolado por los tres clanes que se consumen la política departamental sin importar el tiempo y el momento.
Adenda: al cierre de este artículo Bucaramanga se encuentra entre las ciudades con mayor inflación y con mayores cifras de inseguridad de todo el país. Situaciones que apremiarán al nuevo alcalde, el cual llega en medio de la baja credibilidad y del desgaste de la politiquería tradicional.



