María Margarita Guerra resultó electa como la nueva gobernadora del Magdalena. Luego de la remoción e inhabilidad del hoy exgobernador Rafael Martínez, proferida por el Consejo de Estado por doble militancia, la elección, que estuvo marcada por la disputa entre el caicedismo y el Pacto Histórico, terminó siendo favorable para el partido político de Carlos Caicedo, que venía de capa caída por las últimas derrotas electorales que había tenido en 2022 y 2023.
Aun así, el triunfo de Guerra demostró que las tendencias políticas al interior del Magdalena están cambiando, y que, aunque la intentona de su contrincante y excompañero de partido, Rafael Emilio Noya, por fragmentar y romper el voto del partido naranja no se dio, sí mostró algunas fisuras a nivel territorial. Este es el análisis de la jornada electoral y lo que deja hacia 2026 en el Magdalena.
—Los datos electorales de la jornada en Magdalena
En términos de proporciones electorales desde 2019 hasta esta elección atípica en 2025, Fuerza Ciudadana logró mantener su caudal electoral totalmente indemne. Conserva el mismo margen de porcentaje que obtuvo Carlos Caicedo en 2019 (58,78 %) y Rafael Martínez en 2023 (50,75 %), lo que implica que su base electoral se mantiene intacta en la mayoría del departamento.
Esto, aunque Margarita Guerra obtuvo menos votos (188.722) que Martínez en 2023 (306.057 en preconteo) y Carlos Caicedo en 2019 (343.786 en preconteo). No obstante, hay que recordar que estas elecciones fueron atípicas, en las que solamente votaron 341.782 personas, el 49 % de las que votaron en 2023.
También la proporción electoral entre Fuerza Ciudadana y el resto de los partidos políticos en Magdalena se mantiene prácticamente sin cambios desde 2019. Para aquella oportunidad, la diferencia que Carlos Caicedo le sacó al entonces candidato de los partidos tradicionales, Luis Miguel Cotes, fue del 25,35 %. Una diferencia cercana a la que tuvo Rafael Martínez frente a Mallath Martínez y Franklin del Cristo Lozano, que en sumatoria obtuvieron el 30 % de los votos, y a los que Rafael Martínez les sacó una ventaja del 20,75 %.
Para estas atípicas de 2025, Guerra le sacó a Rafael Noya una ventaja del 19,14 %, muy cercana al 20 % de diferencia entre Martínez y los dos candidatos tradicionales en 2023.
El que se mantenga esta diferencia significa, de una u otra forma, que la alianza entre los partidos tradicionales en el departamento no se ha traducido de manera efectiva en mayor incidencia electoral en el departamento. Aunque ha logrado mover suficientes votos a nivel municipal-local y disputarle a Fuerza Ciudadana la presencia en la Asamblea Departamental, es claro que esa diferencia del 20 %-25 % entre ambos bloques implica que el techo de los tradicionales se ubica entre los 120.000 y los 200.000 votos en todo el departamento, lo cual no es menor.
Frente al censo electoral, eso significa que al menos una quinta parte del departamento del Magdalena sigue moviéndose por las estructuras políticas de partidos como Cambio Radical, el Centro Democrático y el Partido Liberal (aun cuando los liberales de Kelyn González, la esposa del excongresista parapolítico Rodrigo Roncallo, acompañaron en esta campaña a Guerra).
—Margarita Guerra ganó en el Magdalena rural, pero no convenció en las grandes ciudades y municipios del departamento
Aun cuando el triunfo de Margarita Guerra fue arrollador a nivel departamental, está claro que el mapa de Magdalena se reconfiguró para estas elecciones, y que los apoyos fijos que tenía Fuerza Ciudadana en algunos municipios se diluyeron en estas elecciones atípicas. Hay lugares importantes del departamento donde Guerra no logró ganar con contundencia, que tienen suficiente relevancia y valor para las elecciones al Congreso en 2026 y las regionales de 2027.
La primera de ellas es Santa Marta, donde Noya ganó con un estrechísimo margen sobre Guerra. En la capital departamental, Noya obtuvo 44.804 votos (42,47 %) mientras que Guerra se llevó 43.296 votos (41,04 %). La diferencia fue de 1508 votos, el 1,43 %.
Este escenario fue muy similar al de la elección de 2023 a la Alcaldía de Santa Marta, donde Jorge Agudelo, el candidato de Fuerza Ciudadana, se impuso sobre Carlos Pinedo Cuello por solo 246 votos, y en el que Agudelo ganó con 85.370, frente a los 85.161 que obtuvo Pinedo Cuello, menos del 0,1 %.
No obstante, está muy lejos del escenario a la gobernación en 2023, donde Rafael Martínez le ganó a Mallath Martínez por más del 34,17 %, más de 71.957 votos de diferencia entre ambos candidatos. En este caso, la disputa por la ciudad de Santa Marta, otrora bastión del caicedismo y su cuna originaria, sigue siendo álgida, especialmente frente a los cuestionamientos contra la administración de Pinedo Cuello, que Fuerza Ciudadana no está logrando canalizar como opción política, más ahora que se acerca la mitad de mandato de la mayoría de los alcaldes en el país.
Otro municipio que Guerra perdió fue Ciénaga, donde Noya la derrotó con una amplia ventaja de más de 10 puntos porcentuales. En este municipio, el segundo más grande del departamento luego de la capital, Noya obtuvo el 51,87 % de los votos (16.175) frente al 43,75 % de Guerra (13.643 votos). Allí, en 2019, Caicedo logró ganarle con holgada diferencia a Luis Miguel Cotes (50,92 % vs. 38,11 % de los votos, 26.457 vs. 19.802), pero en 2023, Rafael Martínez (33,36 %, 18.083) perdió por menos de 1700 votos contra Edgardo de Jesús ‘el Nene’ Pérez, que se llevó 19.731 votos (36,40 %).
Que Fuerza Ciudadana no haya logrado ganar contundentemente en estas grandes ciudades, habla de que, de todos modos, sí ha perdido cierta movilización y caudal electoral a causa tanto de los escándalos de los últimos años con el partido, pero así mismo por la construcción de una fuerza anticaicedista, como lo hizo Noya, quien, como decíamos en este partidor electoral el fin de semana, viene de las mismas toldas del partido naranja.
En ese sentido, los cuestionamientos frente al caicedismo, las disputas judiciales y el agotamiento de más de 13 años en el radar político departamental pueden estar pasando factura a un partido que no logró poner lista al Senado en 2022, y que perdió su bastión, la Alcaldía de Santa Marta, en 2023.
—Caicedo ganó el pulso y el Pacto Histórico quedó dividido
Reseñábamos en nuestro partido electoral del fin de semana frente a este proceso atípico, que la movida política detrás de esta disputa entre Rafael Noya y Margarita Guerra era la disputa por el caudal electoral de Fuerza Ciudadana, que, con las últimas derrotas electorales que ha tenido, flaqueaba y se encontraba en un estado crítico. En cierto sentido, la capacidad del caicedismo por conservar su caudal electoral se puso a prueba en estas elecciones.
El primer resultado que resalta a la vista es que Caicedo logra mantener su fuerza político-electoral, aunque con signos de cierta erosión territorial, por lo que le acaba de ganar el pulso político a la Dirección Nacional del Pacto Histórico, a los partidos tradicionales y a los partidos de derecha del Magdalena, quienes habían apostado por Noya para reventar por dentro al caicedismo y crecer electoralmente en medio de la dispersión de apoyos y votos que traería esta disgregación.
La segunda tesis que emerge en la coyuntura regional del Magdalena es que, como lo señalábamos en nuestro partidor ya referenciado, el riesgo de la estrategia de la Dirección Nacional del Pacto Histórico en apostar por Noya estaba en la posibilidad de que las fuerzas progresistas en el departamento que no acompañan a Caicedo terminaran mucho más divididas de lo que han estado.
Ya en 2023, el progresismo se había dividido luego de que un sector, el del candidato a la Gobernación Avismel Padilla, terminara llegando a las toldas de Mallath Martínez, mientras que otras bases terminaron apoyando al exgobernador Rafael Martínez.
Ahora, esa división queda mucho más clara luego de que Patricia Caicedo, otra de las grandes figuras de Fuerza Ciudadana que terminó rompiendo con el partido y quedándose con el aval a Senado por el Pacto Histórico, terminara apoyando a Guerra, en un movimiento donde también estuvo el Frente Amplio por el Caribe y el Partido Comunes.
Según La Silla Vacía, María José Pizarro y Gabriel Becerra aparecieron en la foto con Noya, por lo que el movimiento de apoyo hacia el mismo habría venido desde Bogotá. Noya había aprovechado el discurso del “Acuerdo Nacional” que transformó en “la Paz Política”, para cazar votos por fuera del Pacto. Así fue como se cocinaron eventualmente los apoyos del Centro Democrático, de Cambio Radical y de otros políticos tradicionales, como el mismo grupo político de Carlos Pinedo Cuello.
Que varios congresistas y altas figuras del Pacto a nivel nacional se hayan enfilado en un bando u otro habla de que esa división en Magdalena puede ser un reflejo de las tensiones y divisiones internas entre grupos políticos al interior del bloque de unidad, como ya la Consulta Interpartidista del 26 de octubre había manifestado. Con este movimiento, es posible que Patricia Caicedo pueda comenzar a aglutinar detrás de sí a las fuerzas del Pacto Histórico en Magdalena pues, aunque apoyó a Guerra, sigue en disputas abiertas con Carlos Caicedo.
Con la conservación de su fuerza electoral, Caicedo no solo logra sobrevivir a la andanada del Pacto Histórico y los partidos tradicionales por romper su proyecto político, sino que sigue manteniendo fuerza político-electoral para mantener su independencia y elevar los costos de su apoyo en un potencial Frente Amplio en marzo de 2026. Como lo señalamos en el partidor electoral, Caicedo y el gobierno Petro se han ido distanciando, tanto así que Caicedo es ahora mismo precandidato presidencial y está buscando llegar a las consultas interpartidistas de marzo por medio de firmas. Este triunfo le permite seguir manteniendo Magdalena como su potencial bastión electoral en sus intenciones políticas.
Aun así, la gran duda que queda en el aire es si este triunfo, a dos años de las elecciones regionales y locales, le basta para recomponer la fuerza electoral que había logrado en 2019, conservar la Gobernación y recuperar la Alcaldía de Santa Marta, que sigue siendo uno de los epicentros de su proyecto político.
—A modo de cierre
Un elemento adicional por considerar es que estas elecciones atípicas funcionan, en buena medida, como un laboratorio electoral que revela comportamientos diferenciados frente a las jornadas ordinarias. La participación reducida, que en este caso no alcanzó ni la mitad del volumen de votantes de 2023, tiende a castigar con mayor fuerza a los electorados urbanos más móviles y menos anclados a estructuras políticas fijas, mientras que favorece a aquellas campañas que conservan un voto duro más disciplinado y menos dependiente de la activación coyuntural.
Esto implica que, aunque las proporciones de Fuerza Ciudadana se mantengan estables en el escenario departamental, la extrapolación directa de estos resultados hacia las elecciones de 2026 o 2027 debe hacerse con cautela, pues en un contexto de participación plena podrían reemerger dinámicas de competencia donde la volatilidad urbana, especialmente en Santa Marta y Ciénaga, recupere un peso decisivo en la configuración final de las fuerzas políticas del departamento.
Por lo tanto, de fondo, lo que termina emergiendo de esta elección atípica es un doble fenómeno que ayuda a explicar la paradoja política del Magdalena en los últimos años. Mientras que, en el plano departamental, Fuerza Ciudadana preserva un margen proporcional que se ha mantenido prácticamente inalterado desde 2019, en el nivel municipal-urbano comienza a evidenciarse una erosión sostenida de sus anclajes políticos, particularmente en aquellas ciudades donde históricamente definió agenda, opinión pública y proyección nacional.
También quedó claro que las encuestadoras se equivocaron, de nuevo, en los sondeos frente a esta contienda electoral. En su mayoría, daban el triunfo de Guerra por un margen de porcentaje menor al 35 %, aunque hubo varias que indicaban que Noya ganaría la carrera por la Gobernación con más del 30 %. En ningún caso, ninguna logró dar con los datos más cercanamente posibles al resultado real.



