A pesar de todas las muertes y la depravación que arrastró su padre, el hijo del Sha espera mandar en Irán

“Quiero instaurar una soberanía popular” dice el hijo del hombre que trajo la mayor devastación moral y económica para Irán. Es que la memoria es frágil, y las atrocidades que ha cometido una teocracia en Irán ha hecho olvidar todo el mal que hizo que se levantara una revolución islámica en ese país. El hombre se llamaba Mohammad Reza Pahleví y fue puesto allí con la ayuda de Estados Unidos y de Gran Bretaña. En 1966 fue proclamado Sha, que significa literalmente rey de reyes. Coincidió con la crisis del petróleo que disparó el precio del crudo. En esa bonanza, el Sha fue el rey del despilfarro. Quiso modernizar a la brava a su país. Si bien las mujeres no tenían velo, iban a las universidades y podían escuchar rock -tal y como se ve en la novela gráfica Persépolis– existía una represión agobiante, una policía secreta que era experta en buscar cualquier conato de rebeldía. Se compraron camiones sin tener carreteras, se traían cargamentos de productos de tecnología en barcos, pero el Sha olvidó que no había puertos donde atracar. Cuando se dio cuenta de que no podía modernizar a Irán simplemente se hincó de hombros y dijo, bueno, entonces gastemos la plata en nosotros. Y así lo hicieron. Él y su corte, si así lo querían, podían tomar un concorde en Teherán e ir a comer a París y regresar la misma tarde.

En 1979 se acabó la fiesta. El Sha y su familia se exiliaron. Alcanzaron a vivir muy cerca de acá, en Panamá, pero la muerte lo sorprendió en Egipto. Ahora, uno de sus hijos quiere volver a reinar en Irán. Se llama Reza Pahlavi y fue una de las personas que instigó un ataque salvaje de Donald Trump a Irán, que ya deja más de quinientos muertos. Cuando empezaron los ataques desde Israel el hijo del Sha dijo: “Esta es una intervención humanitaria y su objetivo es la república islámica”. Este hombre lleva casi medio siglo sobándose las manos, esperando el momento en el que pueda recuperar lo que él considera suyo.

En Irán, esta intervención que arrancó el viernes ha sido todo menos quirúrgica, como había prometido Trump. No solo se incendió Irán, sino todo Oriente Medio. Mientras tanto Europa, como ha sucedido en el último año, tan solo mira expectante y casi impotente. La verdad es que es difícil defender un régimen que sale a matar cualquier manifestación, pero pocos creían que el remedio, una vez más en Irán, podría ser peor que la enfermedad. Y de todo esto el hijo del Sha tiene, como su padre, las manos untadas de sangre.

La ofensiva de Estados Unidos e Israel se lanzó sin el consentimiento de nadie, como en Venezuela, pero no esperaban esta reacción. Reza Pahlavi fue uno de sus instigadores. Criado en Estados Unidos, es un avezado piloto de guerra. Hasta hace unas horas este hombre decía arrogante que “Mi objetivo es la restauración de la soberanía popular en Irán”. Trump, a quien le gusta tanto lo dorado, aprendió a amar los excesos del Sha. En una de sus últimas declaraciones, Pahlavi afirmó: “Cualquier intento, por parte de los remanentes del régimen de nombrar un sucesor de Jameneí, está condenado al fracaso desde el inicio. A quienquiera que coloquen en su lugar no tendrá ni legitimidad ni longevidad, y, sin duda, será también cómplice de los crímenes de este régimen”.

Con el paso de las horas, dimensionamos el horror que constituyó este ataque desmedido, que sólo puede ser apoyado por alguien tan radical como Giorgia Meloni. Todos condenan y nadie le pone freno a Trump. Esa parece ser la posición oficial.

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