La rebelión de los artistas frente al Museo Nacional

La mano derecha de la ministra de Cultura, Paola Holguín, es alguien que no es precisamente experto en cuadros, cine, literatura o teatro. Es un abogado especialista en derecho administrativo probadamente eficiente y que se llama Julián Sterling. Él fue el encargado el pasado jueves de ordenar bajar más de treinta obras que estaban en el Museo Nacional desde hace décadas y que reivindicaban luchas sociales probadas como la de los derechos de la comunidad LGBTI, la masacre de dirigentes de la Unión Patriótica, encarnada en cuadros que mostraban la campaña que hizo a la presidencia Bernardo Jaramillo Ossa antes de que lo asesinaran. Las paredes quedaron vacías y la preocupación entre la comunidad artística aumentó, sobre todo cuando el presidente afirmó que el wokismo vendría siendo una de las siete plagas de Egipto y por eso establecería contra este movimiento: una lucha abierta, decidida y patriótica que busca transformar los fundamentos morales, culturales y sociales de Occidente, pervirtiendo los valores, la tradición familiar y la identidad nacional.

Ante la decisión de retirar estas obras, el Museo Nacional y otros cinco museos más decidieron hacer un comunicado expresando su rechazo ante esta decisión: “Ningún gobierno debería decidir qué podemos ver de nuestra historia según sus afinidades políticas, ni imponer una versión que suprima las demás”.

Por orden de Sterling bajaron treinta obras entre las que se destacaban la bandera del orgullo gay que perteneció a las activistas Elizabeth Carrillo y algunos artículos referentes a la fundación Sí Mujer. Ante esta decisión el sábado, y de manera espontánea, un grupo de defensores del arte empezó a hacer presencia frente al Museo Nacional. En medio de la semana se había presentado la primera movilización contra este gobierno programada con antelación por líderes de la oposición como Gustavo Petro. Lo curioso de esta concentración frente al Museo Nacional es que se dio sin que nadie convocara, solo la reacción de personas al ver a figuras de la cultura como los exministros Juan David Correa o Patricia Ariza-símbolo del teatro nacional- movió las fibras de jóvenes que inmediatamente se armaron de instrumentos musicales y formaron batucadas y algunos incluso con imaginación hicieron performance sobre lo que ocurre en Palestina. Sin duda, las protestas en Francia, muchas de ellas cargadas de imaginación, inspiraron a los que se pararon frente al museo.

La protesta frente al museo crecía y se extendió durante toda la tarde. Aunque fue pacífica, el UNDMO Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden -antiguo ESMAD- apareció antes de que cayera la noche. Algunos manifestantes decidieron hacer un cordón humanitario para impedir que la tanqueta de la policía llegara al frente del museo. En las fotografías se ve que este cordón estaba compuesto, en su mayoría, por mujeres. Según reportó la secretaría de seguridad de Bogotá, buena parte de los manifestantes se dispersó antes de que fuera de noche. Hay imágenes de tanquetas de la policía dispersando a los manifestantes con chorros de agua, lo que fue interpretado por algunos de ellos como un exceso de fuerza.

Para esta semana se han convocado nuevas protestas frente al Museo Nacional, manteniendo el mismo tono en lo que piden: que las obras regresen a las paredes de las que fueron quitadas.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.