Parece un titular engañoso. Pocos artículos han hablado de este tema. La revelación la dio Jesús Ignacio Roldán, mejor conocido como “Monoleche”, el hombre que asesinó a Carlos Castaño y uno de los paramilitares más confiables para la Casa Castaño. Ocurrió el 10 de abril de 2012, en la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín. Allí afirmó que, a finales de 1992, empezó Fidel Castaño, líder absoluto de los paras, a tener contacto con la cúpula de las FARC. Así como lo leen, el mayor de los Castaño quería integrarse a las fuerzas subversivas que juró atacar.
Fidel Castaño hizo de la muerte de su padre su causa sangrienta. Siempre se vendió como una víctima de las FARC, que, según su versión, secuestró y asesinó a su padre después de cobrar y robarse la plata del rescate. Esto nunca se pudo comprobar. Lo que dicen investigadoras como María Teresa Ronderos es que Fidel odiaba a su padre, quien, a su vez, tenía resistencia por la manera vertiginosa como su hijo mayor atesoró fortuna después de un viaje a Venezuela. Fidel fue el creador y líder de los Amalfitanos, un grupo paramilitar que no solo incluyó a sus hermanos Carlos y Vicente, sino también a los hermanos Rendón Herrera.
La estructura militar de Fidel Castaño se alimentó del narcotráfico, no hay que olvidar que fue uno de los hombres de confianza de Pablo Escobar hasta que, cansado de las arbitrariedades de quien era conocido como el Patrón, se unió con el Cartel de Cali y una parte del Bloque de Búsqueda, además de exsocios de Escobar, quienes decidieron traicionarlo y crearon el grupo los PEPES, Perseguidos por Pablo Escobar, quienes terminaron asesinándolo en el tejado de un barrio en Medellín el 2 de diciembre de 1993. Pero, un año antes, Fidel ya estaría negociando su inclusión con las FARC.
Según declaraciones de Monoleche, Fidel enviaba a su hermano, Héctor, a quien le decían el Negro y a su cuñada, Sor Teresa Gómez, a hablar con gente cercana a Manuel Marulanda, máximo líder de las FARC, en un lugar en Nueva Antioquia, Urabá. Según el libro Guerras recicladas, de María Teresa Ronderos, Jesús Emiro Pereira, alias Huevo e’pisca, otro de los señores del paramilitarismo, confirmó esta versión. Incluso este paramilitar afirma que le escuchó decir al propio Carlos Castaño que su hermano “Ya era un comandante guerrillero”.
La razón por la que pudo haber dado ese bandazo se debe al desprecio que sentía por la oligarquía colombiana. Intentó hacer, a su modo, una especie de reforma agraria que terminó por arruinar a más de un campesino en Córdoba. En realidad, Fidel estaba desengañado porque nunca sintió respaldo del Estado colombiano, él creía que, al hacer las masacres que hizo, al llenar de sangre el suelo de este país, se le debía tratar como un héroe.
Carlos Castaño afirma que su hermano le contó cómo pensaba financiarse: empezar a secuestrar a gente adinerada, algunas que incluso habían sido socias suyas, como los hermanos Ochoa Vásquez.
Nunca podremos saber qué hubiera pasado, pero tal vez sería devastador para el país que Fidel Castaño se aliara con las FARC, con las rutas del narcotráfico que él poseía, con los hombres que tenía en Córdoba, con su fuerza destructora. En enero de 1994, cuando era un hecho que se pasaría al otro bando, un francotirador lo mató de un disparo en el pecho. Empezaría otro capítulo de una guerra que, treinta y dos años después, está lejos de haber parado.



