A José Luis Pérez le decían Cholo, aunque también le decían Comando 25. Cerca de Buritaca, zona rural del Magdalena, en un operativo del ejército cayó uno de los líderes más reconocidos de los Pachenca. Durante tres noches con sus días, la comunidad y los familiares de Pérez esperaban que les entregaran el cuerpo, que fue entregado hasta el jueves pasado y enterrado con la pompa típica de la Costa. En el operativo no solo fue asesinado alias Cholo. Allí también cayó el joven Ricardo Andrés Martínez Rodríguez, quien apenas había llegado a la vereda llamada Quebrada del sol, en donde trabajaba inyectando ganado. Tenía 18 años, y su madre tuvo que ver cómo al muchacho lo metían en una bolsa blanca y el presidente lucía imperial mostrando a los “criminales” reducidos a nada. Pero Ricardo Andrés no era ningún criminal.
La reacción de Marelvis, la madre del muchacho, fue grabarse un video con un letrero donde decía: “Mi hijo fue asesinado inocentemente. Él era una persona civil, una persona bien, no pertenecía a ningún grupo armado”. Marelvis, como tantas otras campesinas, no tenía un peso para desplazarse a Barranquilla, así que los amigos, que siempre serán el refugio de los que no tienen nada, le armaron una vaca y así viajó a la capital del Atlántico y pudo llevarse lo único que le quedaba de su hijo, su cuerpo acribillado.
En internet todo lo que se viraliza, hasta lo sagrado, está expuesto al escarnio público, a la mentira, a la calumnia. A Marelvis le dijeron de todo, al hijo no lo bajaban de terrorista, incluso ahora, cuando, debido a la presión, el Ministerio de Defensa tuvo que reconocer el error, pululan páginas malintencionadas donde se ve al muchacho Ricardo Andrés señalado de pertenecer a un grupo armado.
Según el diario El País de España, Ricardo Andrés Martínez estaba demasiado cansado para ser un joven de 18 años. Por lo general, en las ciudades, cuando las oportunidades brillan, un pelado de 18 años apenas se está abriendo a la rumba. En el campo todo esto cambia. Él tenía que ser unos días albañil, otros jornalero, aunque su gran sueño era ser un soldado de la patria. Quería prestar el servicio militar pero el año pasado le bajaron el pulgar.
Para Marelvis Rodríguez, la muerte de su hijo es apenas un episodio más en la espiral de violencia en la que ha estado desde hace décadas, como cuando se tuvo que ir de su finca en Valledupar por culpa de grupos armados que querían quedarse con su finca.
Lo que le contaron a Marelvis es que su hijo había buscado refugio y lo que hizo el ejército fue levantarlo y dispararle a mansalva, una versión que no ha podido ser confirmada oficialmente. El gobierno aún no ha aclarado con contundencia lo que se trataría de un error por parte de la fuerza pública. Eso sí, existe una molestia enorme y es que tardaron tres días para permitirle a la familia identificar el cuerpo del muchacho.
Hay que recordar que este país, entre los años 2002 y 2010, vivió una oleada de ejecuciones extrajudiciales llamados los falsos positivos y que fueron más de 6000 los jóvenes pasados por guerrilleros para que una parte del ejército pudiera recibir bonificaciones. El actual gobierno colombiano debe garantizar que estos hechos no se vuelvan a repetir jamás.



