En Tasajera, corregimiento del municipio de Pueblo viejo, Magdalena, las interrupciones del servicio de energía eléctrica han dejado de ser un problema exclusivamente relacionado con la prestación de un servicio público y se han convertido, durante años, en uno de los principales detonantes de la protesta social. La situación se caracteriza por una dinámica que se repite: una falla o interrupción prolongada del servicio genera inconformidad entre los habitantes; ante la percepción de que las soluciones no llegan con suficiente rapidez, la comunidad recurre al bloqueo de la Troncal del Caribe como mecanismo de presión para exigir la presencia de la empresa prestadora y de las autoridades. Los antecedentes muestran que esta problemática tiene varios años, en 2016 una interrupción del servicio en el barrio El Silencio provocó que los habitantes ocuparan la Troncal del Caribe para exigir el envío de una cuadrilla de Electricaribe. En aquella oportunidad, El Heraldo señaló que los bloqueos por problemas de energía se habían convertido en una situación recurrente en Tasajera y que la comunidad utilizaba el cierre de la vía como mecanismo para lograr que la empresa atendiera los daños. Ese mismo año, otra falla eléctrica volvió a generar un bloqueo en el sector, y las autoridades tuvieron que mediar para conseguir la reparación del servicio.
La situación volvió a repetirse en 2018, en septiembre de ese año, habitantes de Tasajera bloquearon nuevamente la Troncal del Caribe después de una falla que dejó al corregimiento sin energía. La comunidad reclamaba que, además de enfrentar problemas de acceso al agua potable y las altas temperaturas de la región, debía soportar la falta de electricidad. La intervención de las autoridades estuvo dirigida a mediar con los habitantes y gestionar con Electricaribe el envío de una cuadrilla para reparar el daño. Apenas unos meses después, en noviembre de 2018, habitantes del barrio La Cuarenta bloquearon nuevamente la carretera luego de permanecer cinco días sin electricidad debido a un transformador averiado. Los residentes manifestaron entonces que habían esperado durante varios días una respuesta de la empresa y que, ante la ausencia de soluciones, decidieron cerrar la carretera porque consideraban que era la única manera de conseguir atención.
En junio de 2019, el patrón volvió a aparecer. En esa ocasión, los habitantes esperaban la llegada de un transformador que debía reemplazar el equipo averiado. Al no cumplirse el horario anunciado para su entrega, la comunidad decidió tomarse la Troncal del Caribe durante varias horas. La protesta generó largas filas de vehículos y requirió la intervención de las autoridades y del personero municipal para intentar evitar una confrontación y conseguir el levantamiento del bloqueo. La problemática no desapareció durante los años siguientes. En mayo de 2020, la falta de energía, sumada a la escasez de agua potable y las altas temperaturas, volvió a provocar el bloqueo de la Troncal del Caribe en Tasajera. Según el reporte de El Heraldo, los habitantes habían permanecido buena parte del día anterior sin electricidad y, después de una breve recuperación del servicio, la energía volvió a fallar durante la madrugada. La comunidad terminó trasladando su inconformidad a la carretera, afectando uno de los principales corredores de conexión entre Santa Marta y Barranquilla.
La persistencia de estos episodios permite identificar un problema que trasciende la reparación puntual de una falla eléctrica. En Tasajera se ha construido, con el paso del tiempo, una relación conflictiva alrededor de la prestación del servicio: la comunidad reclama continuidad y soluciones oportunas; la empresa debe responder frente a daños e infraestructura; y las autoridades territoriales terminan interviniendo cuando la inconformidad se transforma en protesta y afecta la movilidad regional.Esta dinámica volvió a hacerse evidente en septiembre de 2025, cuando decenas de habitantes bloquearon durante más de tres horas la vía que comunica Santa Marta con Barranquilla para exigir soluciones a las constantes fallas en el suministro de energía. Los manifestantes afirmaron que las interrupciones eran recurrentes y afectaban tanto a los hogares como a las actividades comerciales. El episodio fue particularmente significativo porque, según El Informador, la misma carretera había sido bloqueada el día anterior por una protesta de la comunidad relacionada con el servicio eléctrico. El cierre generó represamientos vehiculares que se extendieron desde la Y de Ciénaga hasta Tasajera.
Incluso, durante 2026, la situación continuó siendo un factor de conflictividad en el territorio, En agosto de 2026, habitantes de Pueblo viejo protagonizaron un nuevo bloqueo en la vía Santa Marta-Barranquilla después de denunciar que llevaban cuatro días sin servicio de energía. El episodio provocó afectaciones en la movilidad de este importante corredor del Caribe y llevó a las autoridades a reforzar posteriormente los controles de seguridad y movilidad en la zona. La importancia del caso de Tasajera radica precisamente en que permite observar cómo una problemática de servicios públicos puede transformarse en un conflicto social recurrente. El apagón constituye el detonante inmediato, pero detrás de la protesta existe una acumulación de inconformidades relacionadas con la calidad y continuidad del servicio, la respuesta frente a las fallas, las condiciones de infraestructura y la percepción de que las vías institucionales no siempre producen resultados suficientemente rápidos. Por eso, la Troncal del Caribe termina convirtiéndose en el escenario de presión: al bloquear una vía estratégica para la conexión entre Santa Marta y Barranquilla, la comunidad consigue visibilizar su reclamo y generar una respuesta inmediata de las autoridades y del operador.
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