El próximo año se viene el centenario de Gabriel García Márquez. Ni siquiera los que afirmaron que Gabo tenía que irse al infierno junto a su amigo Fidel Castro, van a ser indiferentes a esta cita. En Aracataca nació el escritor más importante del siglo XX. Bueno, al menos uno de los cinco. Latinoamérica existe gracias a sus letras, así como Europa del este se entiende a partir de la prosa de Kafka. El reciente estreno de la temporada final de Cien años de soledad en Netflix demuestra lo vigente que está García Márquez. Uno de los capítulos que más impactó fue el séptimo, donde se habló precisamente de la masacre de las bananeras cuyo centenario se conmemorará en 2028, son dos fechas que están unidas. Durante varios años, Gabo afirmó que había nacido en 1928 para que su año coincidiera con un hecho que gracias al lugar que le da en su obra máxima jamás será olvidado en el mundo. Pero en Colombia puede que sí.
Desde la fundación Pares se empezó a hacer, de cara a este centenario, un festival que, a diferencia del resto de festividades que tienen en torno al creador de La hojarasca, se realiza en su pueblo, en Aracataca. Más allá de que en cada esquina exista un taller llamado Mauricio Babilonia, una tienda con el nombre de Pilar Ternera, que estén abiertas la casa del telegrafista como un museo o que el lugar donde nació sea el punto focal de los encuentros más importantes de la cultura magdalenense, Aracataca podría ser arrasada por el huracán del olvido. Desde 2025, Catalina Valencia, artista, gestora cultural y una entusiasta seguidora de la obra de Gabo, se ha puesto la diez y ha decidido trabajar con las uñas para lograr que el Festival Macondo se celebre cada año en Aracataca. Hace poco leí justamente que Gonzalo Mallarino, escritor que tuvo el gusto histórico de acompañar a recibir a García Márquez el Nobel en Estocolmo en 1982, se quejaba sobre los infortunios a los que el establecimiento condenó a Aracataca: ni siquiera tuvo la oportunidad de ser el centro del rodaje de la exitosa serie de Netflix. Se tuvieron que ir al Tolima a crear una ciudad de utilería.
El epicentro de esta celebración mundial debe ocurrir en Aracataca. Poco a poco sus habitantes se van sintiendo cada vez más reconocidos por esta celebración de la cultura, de las artes, de la literatura, la fotografía -de allá también es el maestro Leo Matiz, y del vallenato. No hay que olvidar que Gabo siempre consideró que Cien años de soledad también era un vallenato y que una de sus influencias más notorias, artísticas y de vida, fue su amigo Rafael Escalona.
Celebrar los cien años de Gabo y los sesenta de su novela más reconocida es la oportunidad también de redescubrir Aracataca. Será la tercera edición de un festival que tiene el suficiente vigor para extenderse en el tiempo. Acaba de terminar su segunda edición y todo está listo para la conmemoración mayor. El siglo de Gabo es también el siglo de Aracataca, el Macondo verdadero, la ciudad que fue representada para mostrar no solo cómo era un país, sino una cultura de 673 millones de personas. Todo latinoamericano es un cataquero. Si tienen dudas, vayan al festival el próximo 2027. El fantasma de Melquiades todavía se puede ver.



