La democracia también exige dejar gobernar

La campaña a la Presidencia terminó, los ciudadanos hablaron en las urnas y Colombia se prepara para un nuevo gobierno. Después de la competencia electoral comienza una etapa igualmente importante para la democracia: que quienes fueron derrotados acepten el resultado, reconozca la legitimidad del nuevo gobierno y asuman la oposición dentro de las reglas constitucionales. Este comportamiento constituye un acto de responsabilidad política y una condición que las teorías de la democracia consideran indispensable para la alternancia en el poder.

Desde hace varias décadas, las teorías de la democracia coinciden en que las elecciones, por sí solas, no garantizan la existencia de un régimen democrático. Tan importante como organizar elecciones libres y competitivas es que todos los participantes acepten la posibilidad de perder y reconozcan el derecho de quienes obtuvieron la mayoría a ejercer el gobierno. De esa aceptación depende la estabilidad de cualquier democracia.

Joseph Schumpeter definió la democracia como un método competitivo para seleccionar gobernantes. Esa competencia supone que todos los participantes aceptan las reglas electorales y reconocen los resultados cuando favorecen a sus adversarios. Si quienes pierden desconocen la decisión de los ciudadanos, las elecciones dejan de cumplir su función de resolver pacíficamente la disputa por el poder y se debilita la democracia.

Robert Dahl sostuvo que la democracia requiere elecciones libres, competitivas y periódicas, pero también una posibilidad real de alternancia en el poder. Ningún partido puede considerarse propietario permanente del poder, pues el mandato que recibe de los ciudadanos es siempre temporal. Precisamente por ello, quienes pierden una elección deben reconocer el derecho del vencedor a ejercer el gobierno hasta que los ciudadanos vuelvan a pronunciarse en las urnas.

Giovanni Sartori sostuvo que la democracia no descansa únicamente en el principio de la mayoría, sino también en el reconocimiento de la legitimidad del adversario. La oposición no constituye un enemigo que deba ser eliminado, sino un actor indispensable para el funcionamiento del sistema. Por ello, quien pierde una elección conserva el derecho de hacer oposición, pero debe reconocer el derecho del vencedor a ejercer el gobierno.

Quizá ninguna definición resume mejor este principio que la formulada por Adam Przeworski al afirmar que «la democracia es un sistema en el que los partidos pierden elecciones». Esta definición expresa uno de los rasgos esenciales de la democracia: todos participan sabiendo que el resultado es incierto, pero aceptan esa incertidumbre porque confían en que las reglas serán respetadas y que, si hoy pierden una elección, mañana podrán volver a competir en igualdad de condiciones.

Juan Linz y Alfred Stepan sostuvieron que la aceptación de estas reglas constituye uno de los principales indicadores de una democracia consolidada. Cuando los actores políticos consideran legítimo únicamente su propio acceso al poder y desconocen la legitimidad de sus adversarios, comienzan a debilitarse las instituciones democráticas. La alternancia deja de asumirse como una regla del sistema y pasa a convertirse en motivo de confrontación política.

Colombia iniciará el próximo 7 de agosto una nueva transición presidencial. Si el proyecto político encabezado por el presidente Gustavo Petro e Iván Cepeda fue derrotado en las urnas, las teorías de la democracia son claras: corresponde reconocer el resultado electoral, reconocer la legitimidad del nuevo gobierno y ejercer una oposición firme, vigilante y propositiva dentro del marco constitucional. La oposición constituye un componente esencial de la democracia; su papel no es impedir el gobierno del vencedor, sino controlarlo y ofrecer una alternativa para las siguientes elecciones.

Este principio también obliga al nuevo gobierno. Gobernar democráticamente implica respetar a las minorías, garantizar los derechos de la oposición y preservar las condiciones para que dentro de cuatro años existan nuevamente elecciones libres y competitivas. La alternancia funciona cuando quienes ganan reconocen los límites de su mandato y quienes pierden aceptan que el poder corresponde temporalmente al vencedor.

Las democracias no se debilitan únicamente por los golpes de Estado o los fraudes electorales. También lo hacen cuando los actores políticos desconocen la legitimidad de quienes obtuvieron el respaldo mayoritario de los ciudadanos. En democracia, la oposición tiene el derecho y el deber de ejercer control político, cuestionar al gobierno y preparar una alternativa para las siguientes elecciones. Lo que no puede hacer es desconocer el mandato que los ciudadanos otorgaron al vencedor.

Esa responsabilidad también compromete al nuevo gobierno. La alternancia democrática solo se consolida cuando quienes llegan al poder respetan los derechos de la oposición, garantizan el pluralismo político y preservan las condiciones para que en las siguientes elecciones exista una competencia libre y equitativa. Las urnas deciden quién gobierna; la democracia exige que vencedores y vencidos respeten esa decisión y las reglas que la hacen posible.

Dahl, R. (1992). La democracia y sus críticos. Paidós.

Dahl, R. (1993). La poliarquía: Participación y oposición. Tecnos.

Downs, A. (1973). Teoría económica de la democracia. Aguilar.

Linz, J., & Stepan, A. (1996). Problemas de la transición y consolidación democrática: Europa del Sur, América del Sur y la Europa poscomunista. Alianza Editorial.

Przeworski, A. (1998). Democracia y mercado: Reformas políticas y económicas en la Europa del Este y América Latina. Cambridge University Press.

Przeworski, A. (2010). ¿Qué esperar de la democracia? Límites y posibilidades del autogobierno. Siglo XXI Editores.

Sartori, G. (2007). ¿Qué es la democracia? Taurus.

Schumpeter, J. (1984). Capitalismo, socialismo y democracia. Orbis.

 

* Esta columna es resultado de las dinámicas académicas del Grupo de Investigación Hegemonía, Guerras y Conflicto del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

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